La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) resolvió que la Cédula profesional puede ser válido incluso sin fotografía ni firma.
El caso surgió a partir de criterios contradictorios entre tribunales sobre la reforma de 2018 al reglamento relativo al ejercicio de las profesiones en la Ciudad de México. Dicha modificación eliminó la obligación de que la cédula incluyera el retrato y la firma del profesionista. La duda que surgió era: ¿podía un reglamento hacer ese cambio sin contradecir la ley?
La SCJN respondió que sí. La ley nunca estableció que la cédula profesional debiera contener esos elementos. Su función es acreditar que una persona está habilitada para ejercer una profesión, no servir como medio de identificación oficial.
Te podría interesar
Durante décadas, en la práctica, la cédula fue tratada como si fuera una credencial de identidad. Sin embargo, jurídicamente nunca lo ha sido, y la SCJN decidió volver a esa distinción básica.
La resolución refleja un cambio de fondo, la digitalización de los documentos. En un entorno donde la información ya no depende del papel, la fotografía o la firma dejan de ser garantías suficientes. Hoy, la autenticidad descansa en bases de datos, registros electrónicos y sistemas de validación que operan, muchas veces, sin ser visibles para el usuario.
La decisión delimita el alcance de la regulación administrativa. El reglamento no invadió facultades del legislador porque no añadió requisitos nuevos ni modificó el contenido de la ley; se limitó a precisar la forma en que debe operar un documento cuya estructura no está definida en la norma.
Sin embargo, el cambio abre nuevas preguntas. Si la cédula ya no depende de elementos visibles, la confianza se traslada por completo a los sistemas digitales. ¿Son suficientemente seguros? ¿Existen mecanismos accesibles y confiables para verificar su autenticidad en todos los contextos? El reto ya no es únicamente jurídico, sino también tecnológico.
Lo cierto es que la Corte envía un mensaje claro: el derecho no puede aferrarse a formatos del pasado cuando la realidad ya cambió. La eliminación de la fotografía y la firma no debilita la cédula profesional; simplemente la redefine.
En un país donde la transformación digital avanza, decisiones como esta obligan a replantear cómo entendemos la validez de los documentos.
