Bienvenido al Mundial 2026. Durante las próximas semanas México le mostrará al mundo exactamente lo que es: un país capaz de organizar un torneo planetario mientras simultáneamente se cae a pedazos por dentro. No es pesimismo, es turismo real. La versión FIFA de México tiene estadios renovados, carteles en inglés y policías con chaleco reflectante; la versión cotidiana tiene baches olímpicos, obras inconclusas y una burocracia que pintó toda una ciudad de morado sin preguntarle a nadie si era buena idea. Ambas versiones coexisten. Ambas son igual de mexicanas.
Para que su visita sea lo más llevadera posible —y para que no regrese a su país con un trauma que requiera terapia— le ofrecemos este manual no oficial, no patrocinado por ninguna Secretaría de Turismo y, precisamente por eso, confiable.
- Si ve la ciudad teñida de amarillo brillante no es que así esté siempre; es que hace apenas unos días todo estaba morado. La jefa de gobierno Clara Brugada decidió "ajolotizar" la Ciudad de México para el Mundial: puentes, vallas, vialidades y mobiliario urbano pintados de morado a un costo de contratos por hasta 55 millones de pesos sólo en aplicación (la pintura debió costar 10 veces más porque no es cualquier tipo de pintura). El problema es que nadie —ni la jefa de gobierno, ni sus más de 90 mil empleados— pareció saber que el morado en vialidades viola las normas de seguridad vial. Lo tuvieron que repintar de amarillo. Así nomás. Si alguna vez se preguntó cómo se tiran millones a la basura en tiempo récord, ya tiene la respuesta pintada en cada puente que cruza.
- Si llega al aeropuerto y toma un Uber o un DiDi, súbase al asiento de adelante y finja ser pariente del conductor. México es el único país sede del Mundial 2026 donde las aplicaciones de transporte siguen siendo perseguidas en aeropuertos: hay operativos, redadas y taxistas que consideran que tener app equivale a una declaración de guerra. Con 120 mil pasajeros diarios en el AICM y apenas 1,500 taxis autorizados, la matemática ya le dice cómo va a terminar eso. La solución informal que el mexicano promedio encontró desde hace años es la que aquí le recomendamos: súbase adelante, con cara de familia, saludo de beso o de mano.
- Si vio vacía la silla de la presidenta de México en la inauguración y creyó que era “porque era muy caro” (como ella dijo) y no logra entender qué hacía un día antes en la convivencia más ostentosa del mudo, no se apure, no tienen nada que ver con los precios ni con los lujos, la razón es muy simple: no quería ser abucheada y aún en ausencia, en el minuto 74, la abuchearon.
- Si llega a Nuevo León y ve lo que parece ser un segundo piso en obra negra flotando sobre la vialidad que sale del aeropuerto, no es una instalación de arte moderno: es una obra mundialista que no pudo terminarse. El gobierno de Samuel García comprometió inversiones superiores a 30 mil millones de pesos en infraestructura para el torneo, incluyendo las Líneas 4 y 6 del Metro y megapuentes sobre el río Santa Catarina. El detalle es que la mayoría de esos proyectos no estarán listos pronto, no creo que ni para la elección del 2027. El problema es que el Mundial ya empezó… ahora, si su pregunta es por qué hay estaciones de una línea 4 y una 6, pero no existe la línea 5… eso nos llevaría más tiempo, el punto es que no hay.
- Si escucha que "todo está listo" para recibir al mundo, sepa que "todo" es un concepto bastante flexible en México… como el “ahorita” que no habla de ahora. “Todo listo” significa que el estadio tiene cancha nueva pero la calle que lleva al estadio tiene un bache capaz de tragarse una maleta con ruedas e incluso hasta a su dueño con ella. “Todo listo” puede querer decir que hay carteles en inglés, pero el transporte público sigue siendo una negociación diaria entre la sardina enlatada y la esperanza de no ser asaltado. Venga con expectativas razonables y le irá bien; venga con las del folleto oficial y lo espera una decepción de clase mundial.
- Si le ofrecen "precio especial por ser del Mundial", ese precio especial no es un descuento. El turista mundialista es, para ciertos sectores del comercio informal y formal mexicano, la oportunidad que no se repite en veinte años. Negocie, pregunte dos veces el precio antes de ordenar y recuerde que en México preguntar cuánto cuesta no es de mala educación: es supervivencia básica.
- Si en algún momento siente que el país está hecho de contradicciones irreconciliables, tiene razón, y también eso se notará si sale y camina cerca de los estadios. México lleva décadas siendo simultáneamente el país más cálido y el más caótico, el más creativo y el más disfuncional, el que mejor recibe al extranjero y el que menos se ha preparado para recibirlo. Usted va a ver un estadio resguardado por grandes grupos de seguridad públicos y privados, pero no es casualidad que estén intentando detener a las madres que buscan a sus hijos… también somos uno de los países más inseguros y violentos del mundo. No en vano seguramente escuchará la palabra “narcoestado”… si no la conoce quiere decir que es un país donde el crimen organizado gobierna y aunque es una expresión algo radical, vea a la presidenta defendiendo criminales y acusando a quienes buscan combatirlos… la realidad y la tensión permanente es, en el fondo, lo que hace que este lugar sea imposible de olvidar.
Dicho todo esto —y dicho con el cariño que merece un país que organiza un Mundial mientras debate si el morado o el amarillo es más visible para los conductores— hay que reconocer que México tiene algo que pocos países sede pueden presumir: una capacidad infinita para improvisar salidas donde no hay entradas. Los partidos se jugarán, los goles se celebrarán y los extranjeros saldrán de aquí con historias que no cabrán en ningún itinerario turístico.
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La diferencia entre el México que quiso venderle al mundo y el México que van a encontrar los turistas no es un problema de imagen: es un problema de casi nueve años de gobiernos que prefieren pintar de morado (o guinda) antes que poner en orden lo que ya tienen. El extranjero que entienda eso no sólo disfrutará el torneo; entenderá por qué a los mexicanos nos cuesta tanto trabajo estar orgullosos de lo que somos sin estar al mismo tiempo avergonzados de lo que no somos y podríamos ser.
