La presidenta Claudia Sheinbaum anunció que la senadora Laura Itzel Castillo, actual presidenta de la Mesa Directiva del Senado y de la Comisión Permanente, ocupará la titularidad de la Secretaría de las Mujeres en sustitución de Citlali Hernández, quien renunció desde el 15 de abril para asumir la dirección de la Comisión de Elecciones de Morena.
Sin embargo, el problema es el calendario: la designación ya se anunció, pero el encargo de Laura Itzel en el Senado se extiende hasta finales de agosto. La nueva titular no llegará hasta septiembre. Cinco meses con la secretaría acéfala.
La paradoja es difícil de ignorar: la primera presidenta de México no ha tenido inconveniente alguno en dejar sin titular, durante casi medio año, la dependencia creada específicamente para atender los derechos de las mujeres. Si una secretaría puede estar vacante ese tiempo sin que nadie en el gobierno active una alarma, la pregunta que se impone es qué tan prioritaria es realmente la agenda que se dice encabezar.
Te podría interesar
En cuanto a Laura Itzel Castillo, hija del histórico opositor Heberto Castillo, el nombramiento confirma la paradoja que ya era visible desde su gestión en la Cámara Alta. Al frente de la Mesa Directiva no sólo limita sistemáticamente las participaciones de la oposición en el debate, incluso se anunció la creación de un grupo de trabajo para redactar un nuevo reglamento de la Comisión Permanente y trascendió que el propósito central de esa norma es restringir aún más las discusiones.
La heredera de uno de los opositores más combativos de la historia reciente mexicana, construyendo reglamentos para acallar voces críticas.
La CNTE, Talón de Aquiles del gobierno
El gobierno federal abandonó la negociación con la dirigencia nacional de la CNTE y anunció que buscará acuerdos directamente con las secciones, en mesas tripartitas por estado. La estrategia tiene un antecedente claro: ya lo intentaron los gobiernos del PAN y del PRI. No funcionó.
La CNTE no es un sindicato con reconocimiento oficial propio sino una disidencia formalmente aceptada del SNTE con presencia en algunas de las secciones que lo conforman y en las que ha logrado un arraigo especial.
La Coordinadora tiene actividad principalmente en los estados del sur del país, a través de la Sección 22 en Oaxaca, la más numerosa y combativa, la Sección 7 y la Sección 40 en Chiapas, la Sección 14 en Guerrero, la Sección 18 en Michoacán y la Sección 9 en Ciudad de México.
En consecuencia, ir a negociar ante esas bases pretendiendo que ignoren a sus dirigencias es, hay que decirlo, una medida audaz. Pero la audacia no es lo mismo que el realismo. En esos estados, los maestros no solo conocen a sus líderes seccionales: los eligieron, los respaldan y, en muchos casos, los siguen porque comparten una historia de movilización que precede por décadas a cualquier mesa tripartita que el gobierno federal pueda convocar.
La razón es simple. La Coordinadora no es una estructura burocrática que se desarma por decreto. Tiene arraigo real en sus bases y una disciplina interna que sus secciones no están en condiciones de ignorar.
Un representante seccional que firme acuerdos por encima de la dirigencia nacional no regresa a su sección: regresa a un conflicto interno.
El segundo problema es la fragmentación del propio gobierno: en esas mesas tripartitas, la Federación tendrá que repartir su interlocución entre delegados de la SEP, representantes de la SEGOB y funcionarios de gobiernos estatales, cada uno con márgenes distintos y presiones políticas propias donde nadie tendrá la autoridad completa para comprometer acuerdos y ante ello, el resultado más probable no es la solución del conflicto sino su multiplicación geográfica.
La CNTE puede perder una mesa y ganar cinco. Y el gobierno, que busca recuperar el control de la agenda, puede encontrarse administrando simultáneamente varias crisis locales sin haber resuelto el problema original.
La reflexión que queda es paradójica. Las secciones más combativas de la CNTE, aquellas que han desafiado históricamente con movilizaciones, paros y bloqueos, terminan siendo precisamente las que las autoridades buscan consultar de forma directa.
En cambio, las secciones leales al SNTE, las que han mantenido una relación institucional y ordenada, quedarán atrapadas en la lógica vertical y cupular de su propia dirigencia, sin que nadie en el gobierno federal sienta la necesidad de ir a consultarlas.
Para la CNTE, la indisciplina, al final, resultó, como siempre, mejor negocio que la institucionalidad.
Así las cosas…
