En política, la gran premisa del acto de gobierno se llama legitimidad. Es la fuente del poder, el derecho a gobernar y la obligación que los individuos sienten para obedecer. ¿Clara Brugada, jefa de gobierno de la Ciudad de México, está agotando ese principio? Estamos en su segundo año de gobierno y, al interior de Morena y de la 4T, enciende las luces rojas por los efectos y consecuencias político-electorales de este desgaste prematuro, tanto para Claudia Sheinbaum, presidenta de la República, en su calidad de líder política, como para Andrés Manuel López Obrador como líder moral e impulsor de Clara Brugada.
Hace unos días, el economista Gerardo Esquivel, cercano a un sector de la 4T, publicó en Milenio un artículo titulado “Tenemos que hablar de la CDMX” (https://www.milenio.com/opinion/gerardo-esquivel/otros-angulos/tenemos-que-hablar-de-la-cdmx) en donde dice que “es evidente que hay un importante deterioro en la percepción de los capitalinos sobre la ciudad y su gobierno. También es cierto que recientemente ha habido una amplia campaña mediática en contra de la jefa de Gobierno que ha tenido un tufo de raciclasismo. Sin embargo, no puede dejar de reconocerse que ha habido cosas que se han hecho muy mal en la ciudad”.
Coincido plenamente con el párrafo citado. Hoy, Brugada representa una señal de alerta que se refleja en encuestas y sondeos de percepción de la ciudadanía en la capital del país. Es evidente que en la élite de ese movimiento ya conocen de esas y otras tantas encuestas que llegan al extremo de necesitar contrarrestar la inercia presumiblemente descendente mediante la ejecución de una estrategia inicial para imponerle a todos y cada uno de los actores políticos de la Ciudad de México –locales y federales– la obligación de “cargarla” nuevamente. Construcción de estructuras, recorridos en calles, opiniones favorables en todas las redes, inversión en tiempo y dinero, y evitar la crítica, propia y ajena.
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Esto genera la obligación de considerar cómo llegó a este punto Brugada, más allá de lo que circula en redes sociales respecto del gazapo de la pintura morada en infraestructura urbana y de movilidad, la ajolotiza, el segundo piso de Calzada de Tlalpan hoy convertido en una especie de piscina de altura, o las marchas que colapsaron la ciudad a días del inicio de la copa del mundo (por cierto, la conversión de pólvora a pólvora mojada de la CNTE es consecuencia de la decisión firme de Sheinbaum de no ceder ante los amagos).
También va más allá del incumplimiento de la construcción de Utopías, que apenas lleva un par de las 100 prometidas; la crisis de baches; las luminarias o “velitas” moradas que representan un negocio (¿de quién?); las constantes fallas en el metro; el abandono de los ciudadanos de ese transporte colectivo y en cambio la adquisición de motocicletas; o cualquiera de esos ineficaces servicios urbanos convertidos en negocios operados por su secretario de Finanzas, Juan Pablo de Botton, cercano a Andy López Beltrán, con la consecuente alza de impuestos (y multas) que ha acontecido en la capital.
El golpe inicial se lo dio ella misma hace un par de años por ahí de los meses octubre y noviembre del 2023 cuando Omar García Harfuch ya la rebasaba alrededor de dos a uno en las encuestas con un despliegue territorial a través de 5 actores políticos en la capital del país, a quienes Sheinbaum les encargó la operación y despliegue de la imagen del secretario de Seguridad capitalino, en ese entonces y hoy federal (historia contada en estos Recovecos en su momento y años después https://lasillarota.com/opinion/columnas/2026/1/18/omar-garcia-harfuch-historias-de-politicos-policias-580477.html). Ella recurrió a AMLO para preparar su asunción, apoyada en estrategias mediáticas con la dirección de Jesús Ramírez Cuevas.
¿Hoy podemos hablar de la más baja gobernabilidad desde el periodo de Óscar Espinosa Villarreal en la capital del país? Porque es un gobierno central con muchos flancos criticables. Su apuesta por el marketing, como la ajolotización, el casa por casa, los conciertos en el zócalo, festivales y la atención a la ciudadanía en el zócalo; la repartición de programas sociales 17 mil millones de pesos para 2025 y 13 mil millones para 2026 incluyendo desde la cuna, beca de transporte, apoyo al desempleo, autonomía para las mujeres e ingreso ciudadano universal, eso sin contar la relación con las alcaldías y lo que se vive en ellas, como son la extorsión y el cobro de piso por parte de manos criminales.
¿Se busca una obligación política de lealtad y sumisión de otros actores, cuándo no sólo no ha cumplido, sino que los ha atacado? El incentivo es justamente lo contrario, que se organicen para hacerla perder.
La Ciudad de México es gobernada por la izquierda desde 1997, a pesar de la división en la misma izquierda. De ella depende si es impulso al segundo piso de la 4T o abre las grietas en los planes que inició López Obrador y que ha dado continuidad Claudia Sheinbaum.
Punto y aparte
¿México se hará cargo de “sus” narcos para calmar a la fiera del norte?
Punto final
Sin duda la decisión de la presidenta Claudia Sheinbaum de no ceder a la extorsión de la CNTE surtió efecto positivo: se desinfló la movilización y el arranque del mundial de futbol terminó por mojar la pólvora que, literalmente, traían en las alforjas. Ahora lo que se esperaría es que se acabe con esa forma de movilización que extorsionó lo mismo a panistas, priistas que a morenistas.
