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El norte también existe

Resulta tentadora la esperanza de que desde el norte, nuestro norte mexicano, se venga una oleada para que a nivel nacional no sea una sola fuerza política la que tenga todo el poder. | Jorge Ramos Pérez

Escrito en OPINIÓN el

El entrañable Mario Benedetti nos regaló un gran poema: “El sur también existe”. En él, el poeta uruguayo nos enseña que desde la poesía se puede hablar de resistencia, dignidad e identidad, frente a la hegemonía, visión y hasta violencia del “norte”, para decirlo claro, Estados Unidos.

¿A poco nos causa alegría que el régimen de Donald Trump secuestre a un sátrapa como Nicolás Maduro? ¿O sus amagos a un dictador como Miguel Díaz-Canel? La lista es interminable. Como ha sido a lo largo de siglos, por parte de Estados Unidos, sea quien sea que esté en la Casa Blanca.

Por eso, El sur también existe:

“Con su ritual de acero 

con sus grandes banderas 

con sus ocho estilos de engullir el mundo 

el norte es el que ordena 

pero aquí abajo 

a casi un millón de kilómetros de las fronteras 

el sur también existe."

Hace ya algunos años que a mis alumnas y alumnos de maestría en periodismo les he dicho que vivimos tiempos convulsos en los que estamos en medio de la oscuridad. No sabemos a dónde vamos a salir, puede que estemos cayendo en un tobogán o quizá estamos escalando a estadios superiores, no en un sentido marxista, sino en un contexto moderno, de desarrollo democrático.

Levitsky, en “Cómo mueren las democracias”, y Michael J. Sandel, en “El descontento democrático”, pero también está el libro de Martin Wolf, “La crisis del capitalismo democrático”, entre muchos otros autores, que han alertado sobre las amenazas a la democracia en el mundo entero.

México presenció una crisis política hace algunos meses. La madrugada del 19 de abril dos agentes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA por sus siglas en inglés) murieron en un accidente automovilístico en la sierra de Chihuahua, cerca de Batopilas, en una población llamada Polanco. Las investigaciones siguen su curso, e incluso la presidenta Claudia Sheinbaum ha declarado ya que fue la Fiscalía General de la República, y no el estado de Chihuahua, quien desmanteló el narcolaboratorio.

El jaloneo por el asunto sacó del marasmo al Partido Acción Nacional (PAN), que desde la gestión de Marko Cortés, desde 2018, hasta la actual de Jorge Romero, no han dado pie con bola. Carecen de liderazgo, de ideas atractivas, pero el caso Chihuahua puso en la óptica nacional a Maru Campos, la gobernadora, e hizo recordar las épocas de los llamados “bárbaros del norte”, en particular personajes como Luis H. Álvarez, oriundo de Chihuahua, o Francisco Barrio Terrazas, recientemente fallecido, quienes desde los años 90 encabezaron luchas por la democracia, sufrieron el manotazo oficial del PRI, pero lograron que la balanza y el abuso del partido de Estado cediera para que al final de cuentas los mexicanos tuvieran gobiernos de distinto signo. Eso se pensaba que era la democracia, imperfecta, pero eso se pensaba.

Acaba de ocurrir la elección en Coahuila. De las 16 diputaciones del Congreso, todas se las llevó el PRI. Morena y sus voceros salieron a clamar fraude. Al mago le aplicaron los mismos trucos. Y ahora resulta que el estado que no permitió una sola diputación a Morena es ejemplar. ¿El carro completo es “democrático”? Tengo mis dudas.

Sin embargo, resulta tentadora la esperanza de que desde el norte, nuestro norte mexicano, se venga una oleada para que a nivel nacional no sea una sola fuerza política la que tenga todo el poder. 

En 1977 el régimen del PRI supo que tenía una crisis política enorme. El riesgo de que por la vía de las armas pudiera detonarse un conflicto mayor. Tanto los movimientos ferrocarrileros, magisteriales y de médicos de los años 50, 60 y 70 los tenían con los cabellos de punta. La guerrilla activa, con secuestros y enfrentamientos con el Ejército, eran cotidianos. Jesús Reyes Heroles convence a José López Portillo de hacer una reforma que incluyera, de manera un poco más real, a la oposición en el Congreso. Desde entonces el país tardó justo 20 años para que el PRI perdiera la mayoría en la Cámara de Diputados y luego la presidencia de México en el 2000.

Esa democracia electoral no fue suficiente. Martin Wolf lo explica en el mundo, pero en nuestro país algunos expertos han comenzado a analizar el impacto social y económico en detrimento de la democracia.

En los 90 fue la Ciudad de México la que echó al PRI. Y en el caso de la ciudad el PRI no volvió. Y tampoco le dio el poder al PAN.

Si ahora la oleada ciudadana viene del norte, de nuestro norte, bienvenida. Ojalá no tarde mucho, porque el otro norte, el de Donald Trump lo hará atropellando, abusando, aunque en el fondo tenga razón de ir por narcopolíticos.

Punto y aparte

Durante algunas semanas me fue imposible escribir. Siento una desazón terrible. Pero hagamos la crónica de estos días, de estos años. Gracias a quienes me impulsan a no dejar de contar.

Punto final

¿Hasta dónde será verdad que el general en retiro que se entregó a Estados Unidos, primero pasó con sus altos mandos en el Ejército?

Jorge Ramos Pérez

@jorgeramos7773