El ataque norteamericano – israelita del 28 de febrero contra Irán se acompaña de una guerra mediática. Trump, especialista en poner apodos, bautizó el conflicto como Furia Épica para expresar la magnitud y violencia del ataque.
El ataque logró decapitar a la élite dirigente de Irán, incluido el Ayatola Jamenei, el supremo líder religioso y político del país. Pero para sorpresa de los atacantes el gobierno no entró en caos y no se derrumbó; la población no se alzó contra el gobierno y, lo más extraordinario, Irán mostró una gran capacidad anteriormente escondida para lanzar represalias.
La furia de Trump se expresó a su máximo el 7 de abril con dos mensajes. En el primero dijo que atacaría instalaciones eléctricas y puentes acompañado de la frase “abran el maldito estrecho (de Ormuz) bastardos locos, o vivirán en el infierno”. Y pocas horas después “Toda una civilización morirá esta noche para no volver más; todo el país puede ser eliminado en una noche”.
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Irán no cedió, sino que se mostró impasible advirtiendo que respondería con fuerza ante cualquier ataque, así fuera mínimo. Algo creíble a pesar de la fuerte destrucción de instalaciones civiles (viviendas, hospitales, escuelas, estructuras históricas), miles de muertos y más de un millón de desplazados. Pero su capacidad militar dispersa en instalaciones subterráneas no había sido mermada.
Más tarde el mismo 7 de abril Trump anunció, a instancias de Pakistán, un cese al fuego de dos semanas para iniciar un diálogo en Islamabad señalando que la propuesta iraní de diez puntos era una base viable sobre la cual negociar.
El 11 y 12 de abril hubo conversaciones presenciales entre las dos partes. Del lado norteamericano participaron el vicepresidente Vance, el yerno de Trump, Jared Kushner y Steve Witkoff, su compañero de golf. Del lado iraní llegaron decenas de políticos, científicos y técnicos dispuestos a una negociación detallada.
Estados Unidos repitió sus demandas maximalistas (no al desarrollo nuclear pacífico y apertura inmediata del estrecho), y tras 20 horas de diálogo infructuoso el vicepresidente Vance se retiró.
Después se ha repetido el patrón de amenazas afortunadamente no cumplidas. Cerca del límite de las dos semanas de cese al fuego Trump dijo que el tiempo se agotaba y que la pausa terminaría en cuestión de horas, y se reanudarían los ataques. No obstante, a pocas horas del límite Trump volvió a girar y anunció que prolongaba el cese al fuego por tiempo indefinido.
El 13 de abril Trump ordenó bloquear la salida de buques que hubieran atracado en puertos iraníes. El 17 de abril tras el anuncio del cese del bombardeo israelita a la capital de Líbano, Irán anunció la reapertura del estrecho, bajo su control y con un esquema de cobro por el derecho de paso. Al día siguiente volvió a cerrar el estrecho debido a que Estados Unidos no levantó su propio bloqueo. Desde entonces cada una de las partes espera que la otra ceda primero.
Estados Unidos considera que Irán agotará su capacidad de almacenamiento y tendrá que desmantelar sus pozos petroleros, lo que los dañaría permanentemente. Irán piensa que la presión política dentro de los Estados Unidos, su fuerte caída en popularidad, y las presiones internacionales obligarán a Trump a retirar el cerco naval.
El domingo 3 de mayo Trump anunció el Proyecto Libertad; según él una operación humanitaria para escoltar la salida de los cerca de 2 mil buques y unos 25 mil tripulantes, inmovilizados en el golfo pérsico que empiezan a sufrir escasez de avituallamiento.
El 4 de mayo Trump advirtió que las fuerzas de Irán serían borradas de la faz de la tierra si atacaban buques estadounidenses. Ese mismo día Irán publicó un mapa que amplió su zona de control e incluyó al puerto de Fujairah, con salida al océano Índico que le permitía a los Emiratos Árabes Unidos evadir el bloqueo iraní. Ese mismo día atacó el puerto como una respuesta a la amenaza norteamericana que implicaba el Proyecto Libertad.
El 5 de mayo el secretario de guerra de los Estados Unidos, Hegseth, señaló que los incidentes bélicos se mantenían debajo del umbral que justificaría reanudar los combates.
Hay dos importantes motivos para que Estados Unidos no termine el cese al fuego. Uno es la capacidad iraní para responder de manera devastadora sobre la infraestructura petrolera de los países del golfo aliados de Estados Unidos e Israel. Destruir las desalinizadoras y las instalaciones eléctricas, además de la infraestructura petrolera crearía una enorme tragedia humanitaria irreversible para toda la región y para todo el mundo.
Lo segundo es que el presidente de los Estados Unidos, por norma constitucional, solo puede iniciar una guerra ante un ataque recibido o inminente y mantenerla durante 60 días. En ese tiempo tiene que pedir autorización al congreso para continuarla o retirarse.
El 30 de abril, un día antes del límite constitucional Hegseth declaró que el conflicto había concluido, o se había pausado y por lo tanto no se tenía que pedir la autorización del congreso. Una interpretación jurídicamente muy controvertida que amplía en mucho las facultades presidenciales. El Senado norteamericano, controlado por los republicanos, lo aceptó.
El fin de Epic Fury y su transformación el 3 de mayo en Proyecto Libertad es una forma de abonar al argumento de la Casa Blanca de que la guerra cesó y no rige el plazo de 60 días. En ese sentido el Proyecto Libertad tuvo cierta razón de ser, pero fracasó en sus objetivos declarados: no abrió paso a los buques comerciales inmovilizados. Proseguir en el intento de escoltar esas naves implicaría reanudar el conflicto.
Irán propone una negociación en tres etapas. Primero convertir el cese al fuego negociando una paz permanente en unos 30 días. Aquí la dificultad es que Israel no es parte de la negociación pero sí es parte del problema. Israel no negocia con Irán, negocia con Estados Unidos y se opone al fin de la guerra. Su influencia política en el congreso norteamericano es determinante dado el poder económico – electoral de sus aliados. Que el cese al fuego se convierta en paz permanente requiere del visto bueno de Netanyahu, el primer ministro de Israel, o su contención mediante el abandono del apoyo militar y financiero que le brinda Estados Unidos. ¿Puede hacerlo Trump? ¿Quiere intentarlo Trump?
La negociación inicial incluiría levantar las sanciones sobre Irán y el descongelamiento gradual de sus fondos en dólares. Un punto políticamente muy delicado que requiere la aprobación del congreso norteamericano.
Lo segundo, tal vez en paralelo, sería acordar la apertura del estrecho de Ormuz por ambas partes. Irán no está dispuesto a ceder su control y quiere mantener el cobro de derechos de paso como forma de resarcirse de los fuertes daños recibidos.
Lo tercero es negociar el tema nuclear. En Estados Unidos se discute la posibilidad de liberar los fondos iraníes a cambio de la entrega del uranio enriquecido.
En suma, es probable que se reanude el diálogo entre ambas partes; por distintas razones los dos lados están urgidos de que se acabe el conflicto. Pero sus posiciones siguen siendo en buena medida irreconciliables.
