Así como en meteorología se pueden prever ciertos eventos que pueden causar daños como lluvias excesivas e inundaciones, tormentas eléctricas, huracanes y vientos destructores, también el análisis de indicadores económicos, políticos y sociales son instrumentos que permiten visualizar las tendencias de nuestro estado y sociedad.
La tozudez de la presidenta Claudia Sheinbaum de colocarse del lado de los narco-políticos y no de la ley, que además contrasta con lo exigido a la gobernadora chihuahuense Maru Campos acusada de presuntamente permitir la presencia de agentes de la CIA en el operativo para desmantelar un narco laboratorio en la Sierra Tarahumara, constituye un factor que acelera la descomposición de Morena, la 4T y toda su narrativa. Al no ser un caso único, pues están también presuntos vínculos de otros morenistas con el crimen organizado (se presume de Adán Augusto López en Tabasco, Rafael Ojeda en el caso del huachicol fiscal, media docena de gobernadores y hasta un hijo de López Obrador), el hedor de corrupción y ligas apuntalan la hipótesis de que el mexicano es un narco-gobierno y ya se hace notar en las encuestas, como la de Lorena Becerra publicada recientemente.
Llamadas de advertencia de una tormenta económica que se avecina están llegando también por diversos frentes. La pérdida de inversión pública y privada augura que el PIB apenas crecerá lo mismo que la población en 2025 y en 2026. El estancamiento económico de más de 7 años ya cobra factura. El déficit público está aumentando y el saldo de la deuda podría llegar a 60% del PIB en 2026. Ese es un umbral peligroso, pues varios países han perdido su grado de inversión cuando se llega a esos niveles en medio del estancamiento de la economía, el exceso de gasto corriente y la falta de inversión. Por eso las calificadoras crediticias ya han vuelto a sonar las alertas y han puesto al gobierno, a Pemex y la CFE en perspectiva negativa. Pedro Aspe presentó estos y otros argumentos en el MIT, su alma mater, y coincidió con muchos otros analistas que presagian una tormenta económica que se avecina.
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Al mismo tiempo, diversos grupos inconformes con el gobierno por no atender sus demandas, como las madres buscadoras, los controladores aéreos, los transportistas, los maestros de la CNTE y otros colectivos que se siente agraviados, amenazan con boicotear o al menos manifestarse durante el próximo mundial en México. El descontento social comienza a mostrarse en su crudeza.
Y mientras tanto, el gobierno se encierra en su visión sin prestar oídos a quienes auguran vientos huracanados. Se mantiene en su posición de defender a los narco-políticos, de mantener la captura del Poder Judicial y de los órganos electorales, de no respetar el estado de derecho, de subsidiar a Pemex endeudándonos a todos, de aplicar la “cláusula de exclusión” (todos menos los de Morena) de M.A. Casar que entraña la impunidad institucionalizada. Y al mantenerse en esa posición, los vientos golpearán más duro, con más consecuencias dañinas para el gobierno y para el país.
