La presidenta Sheinbaum ya tomó su decisión de proteger a sus compañeros narcos de Morena y rehusarse, de momento, a colaborar con Estados Unidos en la procuración de Justicia de aquel país. La denuncia contra Rubén Rocha y otros funcionarios y exfuncionarios sinaloenses por el Departamento de Justicia norteamericano y la solicitud de extradición no ha sido atendida por el gobierno mexicano. Más bien, la presidenta se ha enrollado en la bandera para “defender” nuestra soberanía de las invasiones extranjeras, tal como lo relató este 5 de mayo.
¿Qué sigue? ¿Qué podemos esperar? Las implicaciones y consecuencias son variadas y muy graves. Ya sabemos algunos de los impactos qué van a ocurrir, aunque no sabemos aún qué tan fuertes serán, hasta dónde llegará el gobierno de Trump. Pero no hay duda de que tendremos, al menos, las siguientes consecuencias.
UNO. Las negociaciones del TMEC ya en curso, de por sí difíciles, se verán contaminadas por la agenda política de seguridad. Trump no ha dudado en mezclar lo comercial con lo político, lo económico con la seguridad nacional. Lo ha hecho en todo el mundo. Así es que, con su decisión, Sheinbaum empeora las condiciones comerciales que exigirá EU en la negociación del TMEC. No hay duda de que lo hará. Todavía no sabemos hasta dónde llegará.
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DOS. El apetito de Trump por perseguir a los narcos se hizo presente de inmediato. Y en esa canasta no sólo están los narcos profesionales sino también la pléyade de políticos claramente ligados con el narco: desde al menos los gobernadores de Tamaulipas, Baja California, Guerrero y Michoacán, hasta las cabezas de Morena a nivel nacional y estatal en muchas entidades, ex secretarios de las fuerzas armadas en el gobierno anterior y, desde luego, el expresidente. Van por ellos, no hay duda, pero no sabemos hasta dónde van a llegar.
TRES. La propia presidenta se colocó en el mismo saco que sus compañeros de partido ligados al crimen y a sus triunfos electorales fraudulentos apoyados por el narco y por su dinero. Se sabe que también en la elección presidencial de 2024 corrió el dinero como nunca. Mucho fue dinero público “legal” (desviado de sus fines legítimos), como queda evidenciado en las cuentas públicas y el déficit fiscal de ese año, pero también hubo mucho dinero ilegal como lo corrobora la trama del huachicol fiscal, el exceso de efectivo permitido por el Banco de México, y el número récord de asesinatos de personajes ligados a la política, como candidatos y líderes partidistas. Ella misma y su triunfo electoral están presuntamente manchados por el crimen y la ilegalidad. Y también lo está Morena como partido. El efecto en su legitimidad es indudable, aunque no sabemos hasta dónde llegará.
Sheinbaum ya tomó su decisión, la de proteger a los criminales en lugar de defender la Constitución y el estado de derecho. Al hacerlo, perjudica gravemente al país y a los mexicanos.
