CHIHUAHUA

Los cambios inician en Chihuahua

Los cambios inician en Chihuahua, así ha sido históricamente y todo indica que así seguirá siendo; la marchita fallida de Morena no es el fin de nada: es el principio del fin de la ilusión de que ese estado puede ser dominado desde el centro. | Julio Castillo

Escrito en OPINIÓN el

La marcha que Morena organizó en Chihuahua contra la gobernadora Maru Campos fue, en el mejor de los casos, un ejercicio de voluntarismo político; en el peor, una demostración pública de que el partido gobernante sigue sin entender qué ocurre en ese estado y por qué. La convocatoria cayó en el vacío. No porque los chihuahuenses sean indiferentes a la política —todo lo contrario—, sino porque conocen a su gobernadora, reconocen su trabajo y no están dispuestos a dejarse instrumentalizar por una maquinaria que llega desde el centro a decirles cómo deberían sentirse.

Chihuahua no es un estado cualquiera en la historia democrática de México. Es el estado que puso a prueba, antes que nadie, la resistencia cívica organizada frente al fraude y al autoritarismo; el que vio nacer batallas que parecían perdidas y que terminaron cambiando la política del país entero. Lo que ocurrió con la marchita de Morena no es una anécdota menor o una historia de un fracaso pasajero, es el termómetro de la pérdida de credibilidad que tiene el bloque Morena-gobierno-narcotráfico. Y para entenderlo bien vale la pena hacer memoria.

Algunos apuntes sobre lo que ocurrió y lo que significa:

- La marcha fue un fracaso sin maquillaje posible. En un estado con más de millón y medio de votantes registrados, Morena apenas logró reunir a un contingente de acarreados que no llenó la explanada, ni la calle, ni la glorieta donde fueron citados. No hubo espontaneidad, no hubo convicción, no hubo ciudadanía. Hubo operación política fallida. Y eso, en política, dice más que cualquier declaración.

- La gente no fue porque sabe que Maru está del lado de Chihuahua. La gobernadora Maru Campos ha gobernado con resultados concretos: inversión en infraestructura, combate real al crimen organizado —incluyendo la histórica operación que desmanteló el laboratorio de metanfetaminas más grande del continente—, y una postura de frente ante el gobierno federal cuando éste ha amenazado los intereses del estado. La ciudadanía chihuahuense no salió a marchar contra ella porque no tiene razones para hacerlo; al contrario, tiene razones para defenderla.

- Chihuahua tiene una memoria democrática que pocos estados pueden igualar. En los ochenta tempranos, el PAN ganó las principales ciudades del estado —Chihuahua y Ciudad Juárez— en elecciones municipales. El PRI, que no estaba acostumbrado a perder, primero resistió y luego maniobró. Fue el inicio de una larga batalla que marcaría la política nacional de las décadas siguientes y que convirtió a Chihuahua en la cuna de la democracia mexicana.

- En 1986, el PRI le robó la gubernatura a Francisco “Pancho” Barrio Terrazas. La jornada electoral fue uno de los episodios de fraude más documentados y más descarados de la historia de México. El partido oficial no sólo no reconoció el triunfo panista: organizó sus propias marchas para exigir que así fuera (¿suena la canción?). En aquellos mítines priistas se acuñó un término que quedó grabado en la memoria política del país: el “fraude patriótico”, el argumento de que robarle la elección a la oposición era, en realidad, un acto de servicio a la nación. En uno de esos actos habló Graco Ramírez, entonces militante de izquierda que no tuvo empacho en sumarse a la defensa del fraude. El cinismo, como siempre, tenía muchas caras.

- Don Luis H. Álvarez se convirtió en el símbolo de esa resistencia. El histórico dirigente, senador, presidente nacional del partido y figura moral del panismo, inició una huelga de hambre que duró 40 días para exigir el reconocimiento de los triunfos electorales en Chihuahua. No cedió. No se rindió. Aquella huelga de hambre fue uno de los actos de dignidad política más relevantes del siglo XX mexicano, y contribuyó a poner en el centro del debate nacional la ilegitimidad del sistema de partido único. Chihuahua no sólo peleaba por sus votos: peleaba por la democracia de todo el país. Por cierto don Luis el lunes pasado cumplió 10 años de fallecido. 

- Pancho Barrio terminó ganando. En 1992, después de años de lucha y de una ciudadanía que no olvidó lo que le habían robado, Francisco Barrio Terrazas fue electo gobernador de Chihuahua. Fue el segundo gobernador de oposición en la historia (post-Revolución) de México. Chihuahua no sólo cambió su historia: le mostró al país entero que el partido-gobierno era derrotable, que el fraude no era eterno y que los cambios, cuando hay convicción y ciudadanía, terminan llegando.

- El ridículo de Ariadna Montiel merece capítulo aparte. La ex secretaria de Bienestar acusada desde Morena de corrupción y hoy presidenta de Morena, encabezó y acompañó la convocatoria a esta marcha que nadie atendió. Es el mismo perfil de funcionaria que durante años administró programas sociales con lógica electoral, que usó los recursos del gobierno federal como palanca de movilización, y que ahora descubre que en Chihuahua esa maquinaria simplemente no funciona. No funcionó porque la gente ya sabe distinguir entre quién gobierna para ellos y quién los quiere usar. Esa distinción, en Chihuahua, se aprendió hace mucho tiempo.

- Lo que Morena hace hoy es estructuralmente lo mismo que hacía el PRI entonces: movilizar desde arriba para fabricar legitimidad, usar el aparato del Estado para presionar gobernantes incómodos, y construir narrativas de agravio donde lo que existe, en realidad, es gobierno que funciona. El nombre del partido cambió. El manual es el mismo. Y Chihuahua, que ya pasó por esto, lo reconoce de inmediato.

Chihuahua tiene memoria larga. Es el estado que soportó el fraude, que aguantó el despojo, que mantuvo encendida la resistencia democrática cuando el resto del país todavía dudaba de que fuera posible ganarle al PRI. Pocos lo deben recordar pero el argumento de la izquierda cuando se sumó al PRI para pedir un “fraude patriótico” era que si dejaban al PAN, le venderían Chihuahua a Estados Unidos… reverenda estupidez pero la historia, no será idéntica pero se parece mucho. 

No es casualidad que haya sido ahí donde se libró la primera gran batalla de la transición democrática mexicana. Tampoco es casualidad que hoy, frente a un gobierno que reproduce los vicios de aquel partido único —clientelismo, presión institucional, movilización fabricada—, Chihuahua vuelva a plantarse. Maru Campos no está sola; tiene detrás a una ciudadanía que ya pasó por esto antes y sabe muy bien cómo termina la historia.

Los cambios inician en Chihuahua. Así ha sido históricamente, y todo indica que así seguirá siendo. La marchita fallida de Morena no es el fin de nada: es el principio del fin de la ilusión de que ese estado puede ser dominado desde el centro. Chihuahua ya enseñó una vez al resto del país que la ciudadanía organizada puede más que el aparato del poder. Nos lo acaba de enseñar de nuevo y esperemos que más estados se sumen a despreciar el narcogobierno que impulsa y defiende el oficialismo

Julio Castillo

@JulioCastilloL