ÍNDICE DE PAZ MÉXICO

La cambiante demanda de drogas y sus implicaciones para México

Si bien México ha sido visto tradicionalmente como un país productor o punto de tránsito de drogas destinadas a Estados Unidos, su mercado interno de drogas ha crecido de manera sustancial en los últimos años. | Alex Vedovi

Escrito en OPINIÓN el

Durante décadas, la violencia asociada a los cárteles mexicanos ha sido impulsada en gran medida por la demanda del mercado de drogas de Estados Unidos. Los grupos criminales han derivado gran parte de su poder y sus ganancias de esa relación, y la competencia por el control de las rutas de tráfico hacia consumidores estadounidenses ha sido uno de los principales motores de la violencia extrema en gran parte del país. Ante esta crisis, los esfuerzos por encontrar una solución se han centrado principalmente en la aplicación de la ley y la interrupción de la oferta.

Sin embargo, como detallamos en la decimotercera edición del Índice de Paz México, publicada esta semana, las muertes por sobredosis y los flujos de drogas transfronterizos han comenzado a disminuir en medio de cambios generacionales en la demanda. La economía criminal que sustenta la violencia en México también podría estar entrando en una etapa de transformación significativa.

La naturaleza de lo que ofrecen estas organizaciones ha cambiado con el tiempo, en respuesta a las transformaciones en los patrones de consumo en Estados Unidos. Por ejemplo, la demanda de marihuana traficada ilegalmente desde México cayó drásticamente a medida que la droga se legalizó o despenalizó en gran parte del país vecino. Al mismo tiempo, los opioides sintéticos se volvieron dominantes. El fentanilo, más barato de producir y exponencialmente más potente que la heroína, emergió rápidamente como el producto central del mercado ilegal de opioides, dado que la demanda estadounidense lo hizo enormemente lucrativo.

El debate de política pública predominante en torno a esta crisis se ha centrado principalmente en la oferta y la aplicación de la ley: seguridad fronteriza, desarticulación de cárteles, controles sobre precursores químicos e interdicción. Sin embargo, las tendencias recientes sugieren que las dinámicas que sustentan el comercio de drogas pueden estar cambiando de maneras que los marcos centrados en la aplicación de la ley no anticiparon.

Las cifras de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos apuntan a descensos sustanciales en los flujos transfronterizos de varias categorías importantes de drogas en los últimos años. Según estadísticas oficiales, el número de decomisos de fentanilo en la frontera México-Estados Unidos alcanzó su punto máximo en 2021 y desde entonces ha caído de manera considerable, como se muestra en la siguiente gráfica.

Descensos comparables también son evidentes en los volúmenes decomisados. La cantidad de fentanilo incautada en la frontera alcanzó un máximo de aproximadamente 12,100 kilogramos en 2023, pero para el año fiscal 2025 había caído a tan solo 5,200 kilogramos. Las intercepciones de enero de 2026 también fueron 24% menores que las del mismo mes del año anterior.

Al mismo tiempo, las muertes por sobredosis en Estados Unidos han caído de forma pronunciada tras años de incrementos sostenidos. Las sobredosis aumentaron aproximadamente 520% entre 1999 y 2023. Sin embargo, como se muestra en la siguiente gráfica, datos provisionales de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos indican que las muertes por sobredosis cayeron de un máximo histórico de alrededor de 110,000 en 2023 a un estimado de 68,000 en 2025, lo que representa el descenso sostenido más prolongado en décadas.

El descenso en las sobredosis no parece explicarse únicamente por la aplicación de la ley. Los expertos señalan una combinación de factores, entre ellos el mayor acceso a tratamiento, la disponibilidad ampliada de naloxona y el financiamiento derivado de acuerdos judiciales con fabricantes de opioides. No obstante, uno de los cambios más significativos podría ser de carácter conductual: cada vez menos estadounidenses parecen estar iniciando el consumo de drogas.

Por quinto año consecutivo, una encuesta de referencia de la juventud estadounidense encontró que el descenso histórico en el consumo de sustancias entre adolescentes que comenzó durante la pandemia de covid-19 se ha mantenido. En 2025, el 91% de los estudiantes de octavo grado, el 82% de décimo y el 66% de doceavo reportaron haberse abstenido de marihuana, alcohol y nicotina en los 30 días previos. El repunte postpandemia en el consumo juvenil de sustancias que se anticipaba nunca se materializó.

El cambio más notable se observa entre los adultos jóvenes de 20 a 29 años. Investigadores en adicciones han documentado una reducción de aproximadamente 47% en el riesgo de sobredosis fatal en esta cohorte. Años de devastación por fentanilo —una droga altamente potente, difícil de detectar e imposible de dosificar de manera confiable a simple vista— parecen haber transformado de manera fundamental la percepción del riesgo entre muchos jóvenes estadounidenses. La prescripción de opioides también ha disminuido sustancialmente, lo que ha reducido una de las principales vías de entrada a la adicción.

Estos cambios en los patrones de demanda tienen implicaciones importantes para el crimen organizado en México. Las organizaciones criminales se adaptan con rapidez a los mercados cambiantes. El declive del tráfico de marihuana tras su legalización en Estados Unidos demostró la velocidad con que los modelos de negocio de los cárteles pueden transformarse cuando la demanda se modifica.

Los datos actuales de decomisos sugieren que este proceso de adaptación continúa. Si bien los decomisos de fentanilo han caído drásticamente, el volumen de cocaína incautada en la frontera aumentó 35% entre 2024 y 2025. La aparición del carfentanilo —un opioide sintético aproximadamente 100 veces más potente que el fentanilo— también pone de manifiesto la capacidad de los traficantes para modificar sus productos en respuesta a las condiciones cambiantes del mercado. En 2025, el carfentanilo apareció en aproximadamente 1,400 reportes de laboratorio de la DEA, frente a solo 54 en 2022.

Una menor demanda en Estados Unidos no implica necesariamente una reducción correspondiente de la violencia organizada en México. En algunos casos, la contracción de los mercados puede intensificar la competencia entre grupos criminales, en particular si los cárteles se fragmentan o diversifican hacia fuentes alternativas de ingresos. Como muestra el Índice de Paz México, las organizaciones criminales en México están expandiéndose cada vez más hacia mercados delictivos internos.

Si bien México ha sido visto tradicionalmente como un país productor o punto de tránsito de drogas destinadas a Estados Unidos, su mercado interno de drogas ha crecido de manera sustancial en los últimos años. La tendencia en los delitos de narcomenudeo refleja la creciente dependencia de los traficantes de las ventas a consumidores locales. El Índice de Paz México encuentra que la tasa de narcomenudeo —la venta local de drogasaumentó más de 10% el año pasado y se ha triplicado desde 2016.

Los datos de encuestas nacionales en México apuntan a tendencias similares en el consumo. Entre 2016 y 2025, la prevalencia del consumo de drogas ilegales entre la población mexicana aumentó de 9.9% a 13.1%. La marihuana sigue siendo la droga ilegal de mayor consumo, con un uso en algún momento de la vida que pasó de 8.6% a 12% en el mismo periodo. Estos incrementos fueron impulsados principalmente por adultos, no por adolescentes.

Es relevante señalar que los jóvenes mexicanos parecen moverse en una dirección algo distinta. Entre los adolescentes, el consumo de drogas ilegales disminuyó de 6.2% en 2016 a 4.1% en 2025, mientras que la edad promedio de inicio en el consumo ilegal de drogas aumentó de 17.5 a 19 años. Aunque el mercado interno de drogas en México continúa expandiéndose en términos generales, estas cifras sugieren que las actitudes generacionales hacia las drogas también podrían estar cambiando en México, de manera similar a lo que parece ocurrir en Estados Unidos.

Las implicaciones de estos cambios van más allá de la salud pública. Durante décadas, la violencia organizada en México ha sido moldeada profundamente por la demanda de los consumidores de drogas en Estados Unidos. Si esos patrones de demanda están cambiando ahora, es probable que las organizaciones criminales continúen adaptándose, reconfigurando sus redes de tráfico, sus mercados delictivos y sus patrones de violencia en todo el país.

La lección de política pública es, por tanto, más amplia que la sola aplicación de la ley en la frontera. Las intervenciones del lado de la oferta siguen siendo importantes, pero las reducciones de largo plazo en la violencia podrán depender en igual medida de las condiciones sociales, económicas e institucionales más amplias que determinan la demanda de drogas.

*Alex Vedovi

Coordinador e investigador principal del Índice de Paz México 2026, producido por el Instituto para la Economía y la Paz. Es Maestro en Estudios Latinoamericanos por la UNAM.

Alex Vedovi

#AlexVedovi