ANÁLISIS DE LA NOTICIA

Lo que Trump encuentra en su visita a China

Trump se sale de las reglas del juego internas e internacionales en el intento de fortalecer su poder personal y de que Estados Unidos prevalezca como potencia hegemónica global. | Jorge Faljo

Escrito en OPINIÓN el

Trump llegó a China para su anunciado encuentro con Xi Jinping. Fue recibido con alfombra roja, fanfarrias, centenares de personas ondeando banderas, y un gran despliegue acorde al líder de la mayor potencia del planeta. Le dan a Trump lo que su personalidad más requiere; adulación constante, masaje a su egolatría. Estará mejor que en casa, donde las encuestas señalan que ya cerca de dos terceras partes de la población consideran que su administración es un fracaso en lo interno y lo internacional.

Pero que no se engañe; el homenaje está diseñado para también demostrarle que China ya no es la economía subordinada y dependiente de hace décadas, sino la mayor potencia industrial del planeta. La diferencia más importante entre ambas potencias se encuentra en la manufactura. China produce alrededor de un tercio de la producción manufacturera global. Estados Unidos participa con cerca de un 16 por ciento. Es decir que China fabrica el doble de manufacturas que Estados Unidos.

No se trata únicamente de productos baratos. China domina la producción global de acero, la construcción naval, de maquinaria industrial, baterías, paneles solares, autos eléctricos, telecomunicaciones, ferrocarriles y electrónica avanzada. 

Buena parte del ascenso industrial chino se explica por la globalización impulsada por Estados Unidos. Miles de empresas estadounidenses trasladaron producción hacia China buscando menores costos laborales y mayores ganancias. No solo movieron fábricas: también transfirieron experiencia productiva, cadenas de suministro, conocimiento técnico y capacidades industriales. Creyeron que China sería simplemente una plataforma industrial barata pero el país aprovechó el impulso para financiar una industrialización independiente. 

No hubo “milagro”. Hubo una estrategia económica clara y disciplinada conducida por el Estado. Si hay un secreto de su éxito extraordinario, una de las claves menos comprendidas de su expansión es que China no solo exportó mercancías; exportó capital. Es decir que se convirtió en la mayor prestamista global. 

Al principio de su despegue aprovechó su mano de obra barata para exportar de manera competitiva. Pero lo esencial es que no aprovechó esa entrada de dólares para elevar el consumo interno de bienes importados. Por lo contrario, limitó el acceso de la población a esos dólares y los canalizó hacia prestamos al exterior, en particular comprando bonos norteamericanos. En términos simples: la estrategia China ha sido vender mercancías al mundo y luego prestar buena parte de esos dólares creando clientes globales. “Te presto para que me compres”, podría definir el mecanismo. 

De este modo China creó un poderoso mecanismo de expansión acumulativa; más exportaciones, más ingreso en dólares y más financiamiento al exterior que amplía sus exportaciones. Un circuito expansivo que se fortalece con cada vuelta.

La paradoja es notable. Washington observa con preocupación el crecimiento industrial chino, pero China es uno de los principales financiadores de su deuda. China salió de la pobreza prestando al país más rico del mundo. 

Un factor decisivo es que al prestar sus dólares China evitó que esos dólares inundaran su economía interna favoreciendo importaciones que competirían con su propia industria. Por lo contrario, la relativa escasez interna de dólares se tradujo en importaciones caras y mantener una moneda barata que volvió extraordinariamente competitivos los productos chinos en el mercado internacional. 

De este modo evitó tanto la sobrevaluación de su moneda como la dependencia excesiva de importaciones. Así logró consolidar un gigantesco aparato industrial orientado tanto a la exportación como a la sustitución progresiva de importaciones. De la producción barata avanzó progresivamente a la de acero, maquinaria, electrónica, baterías y, en general, tecnologías avanzadas. 

El crecimiento chino no dependió solo de las exportaciones. Millones de personas fueron incorporándose al empleo; sus ingresos crecieron; se expandió el consumo interno y apareció una amplia clase media. China “caminó sobre dos pies”, se consolidó como potencia exportadora y fortaleció su mercado interno. Esta doble orientación se reforzó mutuamente y le dio una enorme estabilidad sociopolítica al modelo chino. 

Millones de familias accedieron en China a la vivienda, transporte masivo, educación superior y bienes de consumo complejos. Nuevas ciudades surgieron en lo que eran regiones pobres, todo el país conectado con trenes ultrarrápidos, prácticamente toda la población en el sistema de pagos digitalizados. El proceso no es perfecto pero la expansión material es evidente. 

Estados Unidos caminó en otro sentido. Sigue siendo una economía gigantesca y dominante en numerosos sectores tecnológicos. Se expandieron las grandes fortunas y el valor de los mercados bursátiles pero no destaca en incremento de la manufactura; se perdieron empleos industriales se estancaron o deterioraron los salarios. Los beneficios del crecimiento se concentraron en una pequeña elite. 

La población blanca norteamericana, sin estudios universitarios, incluso redujo su expectativa de vida asolada por las muertes por desesperación: drogadicción, alcoholismo, enfermedades del hígado, suicidios. Del rechazo a esta evolución surgió el fenómeno político representado por Trump

Una de las realidades más incomodas es que el país que desafía la supremacía económica estadounidense no siguió las reglas económicas que Occidente impulsó en todo el mundo. China es un país profundamente integrado al capitalismo mundial pero es dirigido por un Estado fuerte, que fija los objetivos nacionales de largo plazo y tiene capacidad de planificación industrial y amplios instrumentos de intervención financiera y tecnológica. 

Estados Unidos sigue siendo líder en numerosos sectores estratégicos pero China ya no ocupa un lugar secundario. Es líder en inteligencia artificial aplicada, energías renovables, robótica, vehículos eléctricos y está cerrando la brecha en otros sectores donde todavía tiene un lugar secundario. 

Lo peor desde la perspectiva norteamericana es que China tiene una dinámica de crecimiento económico mucho más acelerada que los Estados Unidos. De seguir así superará a los Estados Unidos en, tal vez, un par de décadas. 

Hasta el momento China se ha beneficiado de un orden mundial y una entramado legal e institucional básicamente definido por los Estados Unidos. Lo paradójico es que China quiere que este contexto siga vigente y funcionando. 

Trump por lo contrario se sale de las reglas del juego internas e internacionales en el intento de fortalecer su poder personal y de que Estados Unidos prevalezca como potencia hegemónica global. Difícilmente podrá conseguirlo por la vía de la agresividad externa, perder aliados y deteriorando la democracia interna. Favorecer a las elites y alejarse de los intereses básicos de su población no es la receta del éxito. 

 

Jorge Faljo

@JorgeFaljo