La maternidad es y ha sido sin duda la piedra de tropiezo más importante para el feminismo. Concebida en el pensamiento androcéntrico racionalista de la modernidad como el ser natural y destino exclusivo de las mujeres, ha sido cuestionada por el feminismo liberal moderno. Desde “El segundo sexo” (1948) de Simone de Beauvoir donde se considera a la maternidad la condición que más esclaviza a las mujeres, hasta la más reciente novela autobiográfica de Sheila Heti, “Maternidad” (2018) donde se cuestiona la presión social que tienen las mujeres para ser madres, sin tener claridad si esto es para cumplir una imposición social o un verdadero y genuino deseo de las mujeres, el feminismo ha abordado el dilema de las mujeres con un límite biológico limitado para la concepción y la crianza, que coincide con el tiempo mas propicio para labrar un carrera profesional o creativa existosa.
Desde la perspectiva de feminismo liberal, este dilema se resuelve a partir de dos condiciones: la libre elección de la maternidad, con el uso de anticoncepivos y, el aborto que fue y ha sido la demanda central del feminismo de la Segunda Ola y, la demanda de un sistema de cuidado y política de corresponsabilidad institucional para solventar sus servicios (entre el estado y los empleadores) así como políticas para compartir el trabajo doméstico y de cuidado entre las parejas y/familias.
La fuerza ético-política de esta demanda se concentra en las mujeres en edad reproductiva que han accedido a una escolaridad mayor a quince años (55% de las mujeres a nivel mundial) que resienten la desventaja laboral asociada a la injusta distribución de la carga de trabajo, además de la invisibilidad económica de esta labor y, la necesidad de transitar de una responsabilidad privada (familiar) a una pública (estatal).
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Ante la ausencia de opciones para asumir el costo emocional, corporal y económico de la maternidad, las jóvenes mujeres con media y alta escolaridad están eligiendo la No maternidad (No-Mother); la soltería por libertad, no por resentimiento como las FEMCELS, y en algunos casos se han radicalizado a grado de elegir No sexo, No citas No hijes como el movimiento de las 3B de Corea del Sur.
El alto costo de la vivienda, el cuidado de los niños, la educación y la inseguridad laboral son un mayor enfoque en el desarrollo profesional, la educación femenina y el deseo de satisfacción personal, han desencadenado que la maternidad se vea cada vez más como una opción no muy cómoda para las parejas en general y las mujeres en particular. Se opta por tener menos hijos y más tarde, o por no tenerlos (Childfree families)
Pero los debates en el feminismo en torno a la maternidad no se quedan ni se resuelven ahí. Mientras las feministas de la Segunda Ola tomaron como bandera principal la libertad sexual y el derecho al aborto; las feministas de la Tercera Ola cuestionan el mandato de la maternidad, pero retoman el debate del feminismo de la diferencia (Luce Irigaray, Hélène Cixous, Julia Kristeva, Luisa Muraro) en torno a la figura y la relación con la madre y del feminismo maternalista (Sara Ruddick, Nancy Chodorov, A.Reich) que reivindica la maternidad como un aspecto de la corporalidad y el ser de las mujeres, así como del feminismo de la teoría moral o de “la ética del cuidado” (Gilligan, Tronto, Annette Baier, Virginia Held, Eva Feder Kittay, entre otras). Este último reivindica el cuidado como un vínculo social y emocional que no resuelve la satisfacción por mediación de “un servicio público de cuidados que equilibre la balanza entre hombres y mujeres y entre familias, empresas y gobiernos”. La teoría moral conocida como «ética del cuidado» implica que existe un significado moral en los elementos fundamentales de las relaciones y dependencias en la vida humana, de modo que la ética del cuidado busca mantener las relaciones promoviendo el bienestar de quienes cuidan y quienes reciben cuidados en una red de relaciones sociales. En estos términos el «cuidado» implica mantener el mundo y satisfacer las necesidades de uno mismo y de los demás.
De esta suerte, se opone a la visión individualista del feminismo liberal que equipara abstractamente a mujeres y hombres, proponiendo para las mujeres vidas y visiones derivadas de la sociedad actual. Pero lanza el dilema de la maternidad femenina a un debate más profundo entre individualismo o esencialismo, que se mantiene en los confines del conocimiento androcéntrico. Pero eso lo abordaremos en la siguiente colaboración.
