La perplejidad y el cúmulo de cuestiones que se debaten hoy, en torno al significado, el carácter, alcances y secuelas del segundo mandato de Trump, en la que se consideraba la democracia liberal más consolidada de la historia; el país excepcional de Seymour Lipset (1996), no dejan dormir a los/las mejores intelectuales y analistas políticas del planeta. Las decisiones y la propia figura del presidente, incluso su gestualidad, es objeto de análisis especializados o enfoque interdisciplinarios que pretenden decodificar a este gran histrión de la política. Mientras otres intentan desentrañar lo que es el trumpismo, esa mitad del país que votó a su favor y que parece un tejido variopinto multidimensional y complejo de intereses, visiones y emociones ligadas al curso de esa nación y su imperial cauda. Con proyección a las características del sistema mundo, la cultura y las subjetividades del presente y del futuro cercano.
Las interrogantes anudadas no solo tienen que ver con la fractura de las instituciones internacionales en las que se fincó la gobernabilidad del mundo de la posguerra y a las que Trump ha abonado en su caída. Ni se agotan con los diagnósticos sobre el fin del globalismo económico neoliberal; o surgen pronósticos de un inminente y nuevo armamentismo nuclear ahora con China en la saga, una vez expirado el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (START) firmado entre Estados Unidos y la URSS (hoy Rusia) en 2010.
Pero sin duda la pregunta más candente de todas es, si la otrora llamada: “democracia más consolidada del mundo”, sirve para terminar con eso que parece el experimento de construcción de un campo de excepción o suspensión de los derechos ciudadanos, de los derechos humanos, que se lleva a cabo en Minnesota en nombre de la Seguridad Nacional.
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Aquí es importante traer la noción de “campo” formulada por el filósofo italiano Giorgio Agamben (1995), referida a los campos de concentración del régimen nazi, como paradigma biopolítico de la modernidad, principalmente en la década de 1990, consolidando esta teoría en su obra fundamental “Homo Sacer: el poder soberano y la nuda vida”, publicada originalmente en italiano, profundizando en la idea de que el ‘estado de excepción’ se ha convertido en la norma en la política contemporánea. En el ensayo “El Campo” Agamben recuerda las primeras reservas para controlar a población por parte de los españoles en Cuba (1986) y la de los ingleses contra los Boers o granjeros (neerlandeses de Transvaal, Sudáfrica entre 1900-1902) sometidos en ambos casos por una ley marcial que suspende el derecho ordinario: el campo “es el espacio que se abre cuando el estado de excepción comienza a devenir la regla”. Y eso es precisamente lo que parece estar ocurriendo en los estados de la unión americana desde el inicio del segundo mandato de Trump, a partir de las redadas del ICE.
Son muchas las voces de académicos, políticos, cineastas, cantantes, etc., que aquí y acullá señalan la presencia de prácticas e ideas muy cercanas al fascismo en Estados Unidos. La actuación de los agentes del ICE embozados y armados literalmente hasta los dientes, que acometen contra personas por sus rasgos latinos o no blancos, jóvenes, adultos mayores y hasta niños, ingresando violentamente en vecindarios, fábricas, empresas, centros de salud, supermercados, cines, en mitad del día o de la noche. Escenas de esto han sido grabadas en video, y se han difundido fotos en redes sociales por gente común, que circulan por todo el mundo. Las imágenes que se proyectan se acercan mucho a las escenas conocidas de las hordas nazis de camisas pardas en los pogromas en contra de la población judía, en Alemania, Polonia, Rusia y Europa del Este.
El móvil de la ICE, su constitución misma, obedece a la inversión política del principio que dio vida a la nación estadounidense: la migración, otrora activo de la riqueza cultural económica, convertido ahora en el enemigo interno de la Seguridad Nacional y chivo expiatorio y amenaza fantasmagórica del declive económico y cultural, producido eficientemente por las políticas neoliberales que desde fines de los años setenta, impulsaron los gobiernos de ese país. Pero a raíz de la resistencia y protestas de la población en Minneapolis que se han replicado en otras ciudades, el gobierno federal a través del propio ICE, el FBI y otras agencias de seguridad nacional han comenzado a perseguir y encarcelar a blancos y ciudadanos americanos activistas que defienden los derechos humanos, y el derecho a la libre manifestación de la que ha gozado siempre la ciudadanía norteamericana.
Las redadas comenzaron a inicios de diciembre y se intensificaron a partir del 6 de enero, cuando el gobierno desplegó más de 2.000 agentes federales en Mineápolis en lo que el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) ha dicho que se trata de su "mayor operación hasta la fecha". El refuerzo de la estrategia sumó hace unos días la intervención de Tulsi Gabbard, inmigrante de Samoa, naturalizada estadounidense y reservistas del ejército, también aspirante a la candidatura presidencial por el partido demócrata en 2020 y ahora política republicana que ejerce como directora de Inteligencia
La operación federal “Metro Surge” que se realiza en Minnesota, es algo nunca visto en Estados Unidos. Las redes sociales han dado fe de miles de agentes federales enmascarados y con una autoridad incierta, a juicio incluso de las autoridades locales y estatales.
La pregunta es qué busca Trump en Minnesota, qué es lo que se pretende desencadenar a partir de ahí. Minnesota es una entidad, en medio de cuatro estados republicanos, gobernada desde 1976 por el partido demócrata. Su actual gobernador Tim Walz, candidato a la vicepresidencia con Kamala Harris fue un crítico mordaz en contra de la campaña de Trump. En la situación actual, Walz ha jugado con prudencia, respetando la legislación federal, en la idea de no atizar más el fuego de la protesta ciudadana de esta aguerrida ciudad, que también fue escenario del surgimiento del movimiento a favor de George Floyd, tras su asesinato en mayo de 2020. Uno de los movimientos antitrumpismo más potentes de los últimos años.
