En el marco del Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo que se conmemora cada 2 de abril, es fundamental no solo informar, sino comprender con mayor profundidad qué implica el Trastorno de Espectro Autista (TEA) y por qué su abordaje, especialmente en la primera infancia, es clave para el desarrollo integral de las personas.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), el TEA agrupa un conjunto diverso de afecciones relacionadas con el desarrollo del cerebro. Aunque sus características pueden detectarse en la primera infancia, con frecuencia el diagnóstico ocurre en etapas posteriores. El autismo se manifiesta, entre otros aspectos, en dificultades en la interacción social y la comunicación, así como en patrones atípicos de comportamiento, como la dificultad para cambiar de actividad, una atención muy focalizada en detalles o respuestas sensoriales inusuales.
En la actualidad, resulta importante abordar el autismo desde un enfoque de neurodiversidad, el cual plantea que las diferencias neurológicas pueden interpretarse como variaciones biológicas (Baker, 2011). Desde esta perspectiva, el autismo no debe presentarse o verse como un grupo de síntomas y signos a “corregir”, sino como una forma distinta de percibir, procesar e interactuar con el mundo. Esto implica promover el respeto, la aceptación y la valoración de las personas dentro del autismo, reconociendo sus capacidades, fortalezas y su potencial.
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Por lo tanto, es importante reconocer las desigualdades que enfrentan las personas con autismo a lo largo de su vida. Las dificultades de acceso a diagnósticos oportunos, servicios de intervención, educación inclusiva y oportunidades sociales, limitan su desarrollo integral y el ejercicio pleno de sus derechos. Por ello, el acceso a una atención temprana, oportuna y de calidad no debe considerarse un privilegio, sino un derecho humano básico. Desde el Pacto por la Primera Infancia se impulsa la meta de incrementar a 50% la cobertura de evaluaciones de desarrollo anuales.
En este contexto, la intervención temprana adquiere un papel fundamental, no solo en el desarrollo de habilidades, también en la construcción de bases que sustenten y promuevan una vida adulta más independiente. Trabajar desde edades tempranas permite aumentar las habilidades comunicativas, sociales y adaptativas, facilitando la inclusión en diversos entornos y promoviendo el respeto a la diversidad.
La primera infancia: una oportunidad a tiempo
Durante los primeros años de vida se presenta una etapa de alta plasticidad cerebral en la cual el cerebro tiene mayor capacidad de adaptación y aprendizaje. Entre los 12 y 18 meses, es posible identificar signos de alerta como poco contacto visual, ausencia de sonrisa social, escasas expresiones faciales, baja respuesta al nombre, limitado uso de gestos y baja intención comunicativa.
Los síntomas pueden reconocerse durante el segundo año de vida, destacando: retraso en el desarrollo del lenguaje, dificultades en la interacción social, patrones de juego atípicos, entre otros. La identificación de estas señales permite iniciar una intervención oportuna.
Promover entornos inclusivos desde edades tempranas
La inclusión en la primera infancia implica no solo el acceso a espacios educativos, sino a la capacidad de estos para adaptarse a la diversidad. Esto implica ajustes razonables, como el uso de apoyos visuales, la estructuración del entorno y la adaptación del lenguaje.
El trabajo coordinado entre familia, terapeutas y escuela es muy importante; la integración de estrategias en la vida diaria favorece la consolidación de aprendizajes y el desarrollo integral de las niñas y niños.
Construyamos una sociedad más justa y empática
Hablar de autismo en la primera infancia es hablar de oportunidades, pero también de una responsabilidad social compartida. La detección e intervención temprana permiten potenciar el desarrollo de habilidades fundamentales; sin embargo, también es importante transformar la mirada hacia el autismo, pasando de un enfoque centrado únicamente en el déficit a uno basado en la aceptación, la inclusión y el respeto a la diversidad.
Reconocer la neurodiversidad implica entender que cada persona tiene su propio ritmo, sus propias formas de aprender y de comunicarse. De igual manera, que el objetivo de la intervención no es “normalizar”, es acompañar y brindar herramientas para una vida plena. Atender sólo los síntomas sin considerar a la persona en su totalidad limita el verdadero impacto de cualquier intervención.
Proteger los derechos de las personas con autismo, reducir las diferencias de desigualdad y promover entornos inclusivos desde edades tempranas no solo mejora su calidad de vida, construye una sociedad más justa y empática.
Para las familias, este camino puede implicar retos, incertidumbre y aprendizaje constante; sin embargo, también está lleno de avances, logros significativos y nuevas formas de conexión. Con el acompañamiento adecuado, el respeto a sus tiempos y el reconocimiento de sus capacidades, cada niña y niño puede desarrollar su máximo potencial.
El deber no es sólo clínico o educativo, es humano: valorar, escuchar y ver a cada persona con autismo como un individuo completo, con derechos, dignidad y un lugar significativo en la sociedad.
Referencias
- Organización Mundial de la Salud. (2023). Autism spectrum disorders. https://www.who.int
- Fernando Morandín-Ahuerma. (2022). Neuroplasticidad: reconstrucción, aprendizaje y adaptación. En Neuroeducación como herramienta epistemológica (pp. 23–43). Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Puebla (CONCYTEP).
- American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-5).
- Cruz Puerto, M. S. y Sandín Vázquez, M. (2024). Neurodiversidad,discapacidad y enfoque social: una reflexión teórica y crítica. Revista Española de Discapacidad, 12(1),213-222
*Rita Patricia Segura Fraga
Es licenciada en Fisioterapia y Rehabilitación. A lo largo de su formación ha complementado sus estudios con diversos diplomados que han fortalecido su desarrollo académico, profesional y humano, entre estos: diplomado en terapia de lenguaje y logopedia, diplomado en estimulación temprana enfocado en la atención de pacientes pediátricos, así como diplomados en rehabilitación en las áreas de ortopedia y terapia ocupacional.
Ha participado en múltiples cursos y talleres especializados, como actividades de intervención en los trastornos fonéticos y fonológicos (TSH), así como en la revisión y aplicación de pruebas semánticas del lenguaje (Gardner, Peabody, TEVI-R y Foster) y pruebas morfosintácticas y pragmáticas (TSA, BLOC y pruebas no estandarizadas). Asimismo, se capacitó en el Encuentro Iberoamericano de Autismo.
Desde hace cinco años colabora en la asociación Paso a Pasito IAP desempeñándose como terapeuta de lenguaje y comunicación.
