FONDO TSURU

Fondo Tsuru: rescatar la memoria, entender a México

El Fondo Tsuru busca abrir una conversación amplia sobre las migraciones en México, en particular sobre la japonesa, y reconocer que la paz también se construye a partir del entendimiento de nuestra composición multicultural. | Carlos Gastélum

Créditos: IG: Fondo Tsuru
Escrito en OPINIÓN el

Era la década de los veinte del siglo pasado. En las costas mexicanas desembarcaba un hombre de origen japonés junto a su esposa, ambos marcados por la pérdida de un hijo pequeño durante el trayecto. Su nombre: Kiso Tsuru.

Había estado en México una sola vez, en 1918, como parte de una misión comercial. Algo debió ver aquí, en un país atrapado todavía en las secuelas de la Revolución y el caudillismo, para convertirlo en su nuevo hogar. Quizá donde algunos lamentaban las heridas abiertas de la lucha fratricida, otros veían la posibilidad de construir desde abajo nuevos horizontes.

¿Qué hace únicos a ciertos personajes de la historia? Algunos pensarán que los hombres extraordinarios son producto de épocas difíciles. Otros, que son resultado de una sincronía perfecta entre la fortuna y el tiempo que les toca vivir. Kiso parece haber sido una combinación de ambas cosas. 

En su nuevo país, Kiso intentó de todo. Aprendió español, se convirtió en un reconocido médico en la Ciudad de México, emprendió proyectos carreteros, desarrolló empresas petroleras, incursionó en la minería, plantó mangos en San Luis Potosí, realizó actividades filantrópicas y construyó una reputación que rozó la élite política nacional. Mayor trascendencia tuvo la Compañía Internacional de Comercio, de la que surgiría la Vitapenicilina, antecedente de la famosa Vitacilina.

Kiso Tsuru se naturalizó mexicano, pero nunca dejó de ser japonés. Esa condición tendría consecuencias con el estallido de la Segunda Guerra Mundial. En 1942, el gobierno mexicano decretó la suspensión de garantías, incluida la libertad de tránsito para japoneses, italianos y alemanes en territorio nacional, así como la Ley relativa a propiedades y negocios del enemigo, que permitía intervenir los negocios de esos nacionales en México.

Foto: FB Radio Digital Tamazunchale 

Kiso Tsuru era mexicano, migrante y, aun así, quedó sujeto a la suspensión de garantías y a afectaciones sobre su patrimonio. Mediante buenos oficios logró apoyar a parte de su comunidad para evitar confinamientos, una suerte que otros nacionales de países en guerra no tuvieron. Convirtió a médicos y profesionistas en jornaleros agrícolas en Ciudad Valles y logró reinventarse una vez terminado el conflicto.

Su historia no estuvo exenta de controversia. Estados Unidos lo acusó de liderar los esfuerzos quintacolumnistas de Japón en México. Esas sospechas quizá se inspiraron en la vieja amistad que tuvo con el almirante Isoroku Yamamoto, figura clave en los ataques a Pearl Harbor, así como en las intenciones de comercializar petróleo mexicano con Japón en los años posteriores a la expropiación petrolera, cuando nuestro vecino amenazaba con imponer un embargo al petróleo mexicano.

Irónicamente, la correspondencia entre Tsuru y Yamamoto en 1939 y 1941 revela una historia más compleja: el pesar de un almirante formado en Harvard ante la posibilidad de enfrentar al país que lo recibió durante su juventud, en medio de la difícil situación derivada del embargo que Japón padecía por parte de Estados Unidos.

Existe una parte de la memoria nacional que hemos preferido omitir porque incomoda a nuestro imaginario como país. Pero aquel México que fue valiente y generoso frente al exilio español también fue el que implementó medidas contra residentes extranjeros e incluso naturalizados en la euforia de la guerra.

No se trata de repartir culpas retrospectivas, sino de recuperar la memoria de las migraciones y su contribución al México que hoy somos.

De esa memoria nace el Fondo Tsuru: una colección documental de la familia Tsuru, curada por Shozo Ogino e impulsada por El Colegio de México y la Biblioteca Daniel Cosío Villegas. Reúne documentos inéditos sobre la vida y obra de Kiso Tsuru, así como documentación oficial de las décadas de 1920 a 1950, principalmente.

Este proyecto ha sido posible gracias a las aportaciones de Kiyoshi Tsuru, la visión del ministro José Ramón Cossío, la generosidad de Ana Covarrubias, los oficios del embajador Alejandro Alday, el profesionalismo de Micaela Chávez, la dedicación de Mayra Mena y el trabajo de todo el equipo de la Biblioteca.

El Fondo Tsuru busca abrir una conversación amplia sobre las migraciones en México, en particular sobre la japonesa, y reconocer que la paz también se construye a partir del entendimiento de nuestra composición multicultural. Sí, habla de una familia, pero de una familia que, como muchas otras, llegó a su nuevo país con la esperanza de construir un futuro mejor. Esa es, en esencia, su apuesta por la memoria y la paz.

Para quienes deseen explorar estos hilos de nuestra historia, la presentación del Fondo Tsuru se realizará el próximo 28 de mayo, a las 16:00 horas, en El Colegio de México. Están todos cordialmente invitados.

Director Ejecutivo del Fondo Tsuru

 

Carlos Gastélum

@c_gastelum