PEMEX

PEMEX: quiebra financiera, desastre ambiental y riesgo público

Lo que hoy vemos en PEMEX no es una mala racha ni una campaña de sus adversarios: es el resultado de haber subordinado la lógica técnica, financiera y ambiental a una obsesión ideológica. | Julio Castillo

Escrito en OPINIÓN el

PEMEX dejó de ser hace tiempo la gran palanca del desarrollo nacional para convertirse en una mezcla de deuda impagable, opacidad, ineficiencia y daño ambiental. El discurso oficial sigue hablando de soberanía energética, pero la realidad muestra otra cosa: una empresa que pierde dinero, que depende del rescate permanente del gobierno, que contamina más que antes y que además se ha vuelto crecientemente riesgosa para trabajadores, comunidades y ecosistemas. Los números ya no permiten adornar el fracaso.

Lo más grave es que este deterioro no se expresa solo en balances contables o en reportes técnicos. Se expresa en incendios, fugas, derrames, emisiones récord y accidentes reiterados en instalaciones que el gobierno presentó como emblema de modernidad. Dos Bocas, vendida como el gran símbolo del nuevo modelo energético, hoy empieza a parecer más bien la imagen perfecta de todo el problema: carísima, accidentada, contaminante y potencialmente peligrosa para la zona que la rodea.  

  • PEMEX no está fortalecida: está sostenida artificialmente. Al cierre de 2024, la deuda financiera de PEMEX fue de 97.6 mil millones de dólares, y la propia empresa reportó para ese año una pérdida neta trimestral de 350.5 mil millones de pesos en el cuarto trimestre. En 2025, su deuda siguió en niveles descomunales, alrededor de 84.5 a 85.2 mil millones de dólares, aun después de apoyos públicos masivos; Reuters reportó además que recibió 395.3 mil millones de pesos de respaldo gubernamental el año pasado. Eso no es una empresa fuerte o funcional: es una empresa que no se sostiene sola y que vive conectada al respirador fiscal del Estado. 
  • También está quebrada en su relación con proveedores, y eso pega directo en la operación. PEMEX no solo carga una deuda financiera gigantesca; también arrastra adeudos multimillonarios con proveedores. Según reportes oficiales la petrolera cerró 2025 con una deuda con proveedores de 24.18 mil millones de dólares y que enfrentaba vencimientos por 13.4 mil millones de dólares solo en ese año. Antes, distintos reportes ya advertían paros potenciales de contratistas por la crisis de pagos. Una empresa que no paga, que depende del gobierno para cubrir huecos y que además presume expansión operativa, no está administrando soberanía: está administrando insolvencia. 
  • En lo ambiental, el balance es todavía más demoledor. Bajo el gobierno de Morena PEMEX alcanzó máximos históricos en deterioro ambiental y fallas sistemáticas. Entre 2019 y 2024 los óxidos de azufre pasaron de 879 a 1,295 Mt, y en 2025 subieron aún más, hasta 1,342, el máximo de toda la serie. Los eventos de fugas rebasaron los mil anuales durante todo el sexenio pasado, y el volumen liberado en 2025 llegó a 51,948 barriles, una cifra sin precedentes en la tabla comparativa. No estamos ante un accidente aislado: estamos ante un patrón estructural de contaminación y pérdida de control.  
  • Dos Bocas ya no puede defenderse solo con propaganda porque los hechos la alcanzaron. El 9 de abril de 2026 PEMEX informó que sofocó un incendio en la Planta Coquizadora de la Refinería Olmeca, con participación de más de 150 elementos de emergencia; en medios se subrayó que fue el segundo incendio en menos de un mes en la refinería. Días antes, otro siniestro vinculado al área de Dos Bocas dejó cinco personas muertas, luego de que agua aceitosa rebasada por lluvias se incendiara fuera del perímetro de la instalación. Cuando una obra presentada como joya del sistema acumula incendios consecutivos y episodios mortales, el problema ya no es de comunicación: es de seguridad industrial y de gobernanza. 
  • Y el riesgo no es abstracto: afecta a la población y al entorno. PEMEX sostiene que estos incidentes no representan riesgo para la comunidad cercana, pero los hechos obligan a tomar esa afirmación con enorme cautela. Reuters documentó que comunidades costeras de Tabasco y Veracruz resentían todavía en marzo la contaminación por un derrame que afectó 230 kilómetros de litoral y 39 comunidades, según organizaciones del corredor arrecifal del Golfo. Una operación petrolera fallida no se queda dentro de la barda: termina en playas, manglares, aire sucio, pesca dañada y vida cotidiana alterada para miles de personas. 
  • El problema de PEMEX no se limita a Tabasco ni al territorio nacional. En la refinería de Deer Park, en Texas, dos contratistas murieron en octubre de 2024 por una liberación de sulfuro de hidrógeno. La Junta de Investigación de Seguridad Química de Estados Unidos concluyó en 2026 que el accidente estuvo asociado a fallas prevenibles en la identificación de equipos y procedimientos de apertura de líneas; además, 13 personas fueron trasladadas a hospitales. A eso se sumó ahora un derrame de diésel en las instalaciones portuarias de Deer Park. Es decir: el desorden operativo de PEMEX tampoco se queda en México; viaja con la empresa. 
  • Lo más revelador es la distancia entre lo prometido y lo entregado. El Plan de Negocios de PEMEX proyectaba que la Refinería Olmeca ayudaría a elevar de manera decisiva el procesamiento nacional, con expectativas muy superiores a la realidad observada. Pero Reuters reportó en marzo de 2026 que la planta procesó en enero apenas unos 205 mil barriles diarios, lejos de su capacidad de 340 mil barriles por día, mientras seguía bajo escrutinio por sobrecostos y problemas operativos. Dos Bocas no solo costó muchísimo más de lo prometido; además no ha entregado el desempeño que se usó para justificarla políticamente. 

Lo que hoy vemos en PEMEX no es una mala racha ni una campaña de sus adversarios. Es el resultado de haber subordinado la lógica técnica, financiera y ambiental a una obsesión ideológica. En vez de construir una empresa moderna, competitiva y segura, el oficialismo prefirió convertirla en estandarte político. Y cuando una empresa pública se usa así, termina siendo incapaz de generar valor y muy eficaz para multiplicar costos ocultos.

PEMEX está quebrada en sus finanzas, degradada en su operación y descompuesta en su relación con el medio ambiente. Y Dos Bocas, lejos de ser el monumento al rescate energético, empieza a convertirse en la imagen más clara de esa tragedia: una obra carísima, que no rinde como se prometió, que se incendia, que contamina y que pone en riesgo a la zona. Además, sin ánimos de caer en teorías conspiratorias, hay serios rumores de que la planta no funciona y podría haber un “accidente” para inhabilitarla… no hay una fuente confiable de esta información, pero no me pasearía cerca de Dos Bocas. 

La verdadera soberanía no consiste en tener una empresa estatal a cualquier costo; consiste en que esa empresa funcione, sea segura, no destruya su entorno y no condene a todo un país a pagar indefinidamente por su fracaso.

 

Julio Castillo

@JulioCastilloL