TURISMO EN LA CDMX

Ciudad turística

Desde mi punto de vista, es un error tenerle miedo a la expansión turística de la ciudad, para mí, representa una posibilidad de conservación, de superación de la pobreza, de afirmación de la cultura y de las tradiciones. | Roberto Remes

Escrito en OPINIÓN el

Hace unas semanas me contrataron para hacer un tour por Coyoacán a través de una plataforma turística en la que subí un recorrido por algunos barrios y colonias centrales de esta demarcación. Al final, las dos turistas me preguntaron cuántos años llevaba ofreciendo estas visitas guiadas. Les dije que era la primera vez que lo hacía mediante pago. Se sorprendieron por mi respuesta. La realidad es que como un habitante apasionado de la ciudad tengo mucho que compartir, pero estoy seguro que no soy el único, y que hay cientos de capitalinos que pueden hablar de sus espacios con entusiasmo.

Unos meses antes hice un recorrido similar, pero de manera gratuita, por las colonias Guerrero y Tlatelolco, el día de San Judas Tadeo. En ambos casos dejé una buena impresión en mis paseantes. Sobre todo, tuve la oportunidad de mostrar una Ciudad de México mucho más profunda y real que si los hubiera llevado únicamente a la Basílica de Guadalupe o al Museo de Antropología.

He guiado otros recorridos. Por ejemplo, una vez, al término de un congreso en el World Trade Center, llevé a un grupo de personas a las pirámides de MIxcoac y, de ahí, caminamos por San Pedro de los Pinos hasta Tacubaya y Escandón, rematando en la cantina El León de Oro. En otras ocasiones he guiado a amigos, familiares y conocidos por calles del Centro Histórico, Tacubaya y otros rincones.

Si vienes a la Ciudad de México un solo día, tal vez te convenga perderte en el Centro Histórico. Pero si quieres conocer cómo vivimos los capitalinos, habría que explorar algo más aleatorio, pero idealmente con cierta historia: Azcapotzalco e Iztacalco podrían ser mis recomendaciones. Si vienes una semana y quieres tener una inmersión profunda, yo recomendaría un poco de arqueología, de pasado colonial, del siglo XIX, del siglo XX, pero también pueblos y barrios originarios, naturaleza, infraestructura y modernidad. Tendríamos para entretenernos y acabar agotados.

Si alguien me dijera: “Te contrato para que me organices un paseo distinto cada día durante un mes”, creo conocer suficientes lugares como para visitar 31 museos, 31 bares o cantinas, 31 restaurantes, 31 templos, 31 parques, 31 barrios, 31 tiendas y 31 ejemplos de arquitectura. Esta ciudad es infinita.

¿Qué preocupa? Sin duda, la posibilidad de que, al requerir más noches de alojamiento, los visitantes reemplacen espacios que deberían destinarse a la vivienda. Es decir, lo que se ha llamado gentrificación, aunque su definición pueda generar largas discusiones. Coincido con posturas como la de Rosalba González Loyde, quien acaba de publicar, junto con Alejandra Garrido y Manuel Suárez como coordinadores, el libro *Airbnbificación de la Ciudad de México*: establecer un padrón de anfitriones, proteger la vivienda en alquiler tradicional y desincentivar el registro en plataformas. Necesitamos políticas e instituciones para ello.

También necesitamos hoteles. Demarcaciones como Coyoacán y Miguel Hidalgo, que están entre las más atractivas para el turismo, imponen en sus planes demasiadas restricciones para la construcción de hoteles. Si la ciudad es atractiva para el turismo, se crean empleos, pero también se demandan espacios. Construyamos vivienda y construyamos hoteles; busquemos dónde y solucionemos las preocupaciones que ello conlleva, con el agua a la cabeza.

La Ciudad de México ofrece experiencias inagotables. No todas las colonias y barrios están listos para recibir turismo; deberían estarlo, pero sobre todo bajo una lógica de crear experiencias turísticas de bajo impacto. No transformemos nuestros espacios para el turismo: mejoremos, simplemente, nuestra capacidad de acogida. Negarnos a ello es negarnos la oportunidad de crear empleos mejor remunerados cerca de casa.

Callejones que hoy son inseguros podrían contar historias. Fondas que hoy no cuentan con baños bien equipados podrían tener nuevos clientes. Espacios de conservación que hoy están amenazados por el crecimiento de la mancha urbana podrían generar ingresos que evitaran, por ejemplo, la conversión de chinampas productivas en vivienda precaria.

Desde mi punto de vista, es un error tenerle miedo a la expansión turística de la ciudad. Para mí, representa una posibilidad de conservación, de superación de la pobreza, de afirmación de la cultura y de las tradiciones. Solo que necesitamos políticas públicas: proteger lo que haya que proteger, como el acceso a la vivienda y los servicios públicos, y, a la vez, producir lo que haga falta: más vivienda, más hoteles y el fortalecimiento de los negocios de barrio, evitando la llegada de franquicias que los reemplacen.

Esta ciudad no se agota en Chapultepec, Coyoacán y Xochimilco. Prácticamente todos sus espacios pueden contar historias sin que ello signifique la llegada masiva de personas que hablan otros idiomas. Entender nuestro potencial en esta materia representa la posibilidad de crear condiciones para un crecimiento moderado y ordenado de una de las principales actividades económicas de la Ciudad de México.

Necesitamos instituciones turísticas, en el gobierno central y en las demarcaciones, que desarrollen políticas públicas, que midan, que identifiquen los espacios que cuentan una historia y que dialoguen con las comunidades para crear oportunidades y formar capacidades a nivel local. No se trata de abrir la puerta a grandes empresas para que controlen esos procesos, sino de hacer de lo local, de las micro y pequeñas empresas, el motor que catapulte al turismo social y comunitario.

Roberto Remes

@ReyPeatonMX