PAPA LEÓN XIV Y DONALD TRUMP

León XIV: basta de guerras

El bien de la humanidad exige que se escuche fuerte y claro el mensaje del papa León XIV, que clama por un alto a la guerra y pide que se exploren otros caminos para alcanzar la paz. | Marco Adame

Escrito en OPINIÓN el

La voz del papa León XIV resuena fuerte, serenamente fuerte, al responder algunas preguntas de los periodistas que lo acompañan en su viaje a África, sobre las declaraciones del Presidente Trump: “No soy un político, seguiré alzando la voz contra la guerra, tratando de promover el diálogo, la paz y el multilateralismo para solucionar los problemas de los pueblos… no le tengo miedo a la administración de Trump… seguiré hablando en voz alta del mensaje del Evangelio”.

Las imágenes en la cuenta  de Trump, asemejándose a Jesucristo, y los términos ofensivos con los que se refiere a la persona del papa, a la legitimidad de su pontificado y a la actuación de la Santa Sede frente a la guerra, son algo más que una declaración aislada del inquilino de la Casa Blanca, revelan la posición del gobierno norteamericano ante una de las voces con mayor reconocimiento, solidez y fuerza moral en favor de la paz.

Las ofensas y descalificaciones del gobierno estadounidense a la Iglesia y su vicario, son directamente proporcionales al tamaño y la importancia que ha alcanzado la voz del papa desde el primer mensaje de su pontificado. La tarde del 8 de mayo de 2025, tras el anuncio del “Habemus Papam”, el cardenal Robert Prevost, elegido como León XIV y primer papa estadounidense, apareció en el balcón de la Sala de las Bendiciones, para dirigir sus primeras palabras a los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro y al mundo entero: “La paz esté con todos ustedes”.

En un mundo asolado por innumerables conflictos, la posición de la Santa Sede ha sido consistente como instancia activa de diálogo y de paz en todos los foros y latitudes. Así ocurrió  al criticar el aumento  de operaciones militares en Venezuela; así fue en Gaza, al pedir el alto al fuego inmediato e implorar por ayuda humanitaria. Lo mismo sucedió al calificar de “ilegales e inmorales” los primeros ataques contra Irán, y al expresar, a lo largo del conflicto en Medio Oriente, que “Dios no bendice las guerras” y de señalar a los líderes que actúan con las  “manos llenas de sangre”.

El papá ha sido claro al reiterar, al inicio de su viaje apostólico, “no somos políticos, no vemos la política exterior con la misma perspectiva”. La Santa Sede ha sostenido en los foros internacionales su rechazo sistemático a la guerra preventiva o desproporcionada. En su mensaje del 6 de abril, interpretado por la administración Trump como crítica directa a la lógica estratégica estadounidense, el papa afirmó que “ningún conflicto puede justificarse por poder político o militar”. 

La reciente advertencia del vicepresidente Vance, diciendo que “sería mejor que el Vaticano se limite a temas de moralidad y no intervenir en la política exterior o decisiones de guerra de los Estados Unidos”, antes fue hecha por el subsecretario de guerra Elbridge Colbi al  cardenal Christophe Pierre, nuncio apostólico en Washington, durante una reunión inusual celebrada el pasado 22 de enero, en el Pentágono.

Así las cosas, la incuestionable autoridad moral del papa como mensajero de paz, enfrenta la arrogancia de los mensajeros de la guerra. El bien de la humanidad exige que se escuche fuerte y claro el mensaje del papa León XIV, que clama por un alto a la guerra y pide que se exploren otros caminos para alcanzar la paz.

 

Marco Adame

@MarcoAdame