TMEC

El nuevo TMEC

El inicio de las negociaciones para la revisión del TMEC, ocurre en medio de presiones internas y externas inusitadas que impactarán el modelo del tratado, el clima de las conversaciones y el alcance de los acuerdos. | Marco Adame

Escrito en OPINIÓN el

El inicio de las negociaciones para la revisión del tratado comercial con América del Norte, ocurre en medio de presiones internas y externas inusitadas que impactarán el modelo del tratado, el clima de las conversaciones y el alcance de los acuerdos. 

La conformación del nuevo orden internacional, el peso de los intereses norteamericanos y la dependencia de nuestra economía, estarán presentes al momento de definir las permanencia y las nuevas reglas de un acuerdo que involucra a la región más competitiva del mundo y que, por su naturaleza, involucra a los temas de la agenda global y va más allá de lo puramente  comercial.

La presidenta Sheinbaum ha reiterado la importancia de mantener una buena relación con los Estados Unidos, basada en cuatro pilares fundamentales: “respeto a la soberanía, responsabilidad compartida, confianza y cooperación sin subordinación”. Esta posición se convierte en el mandato para el equipo negociador, encabezado por el secretario de economía Marcelo Ebrard, quien ha dicho que la guía será  mantener la “cabeza fría y firmeza” en la defensa de los intereses de nuestro país.

Al mismo tiempo, el presidente Trump ha expresado en distintos tonos –considerando el clima preelectoral de su país– una posición  ambivalente respecto al futuro del TMEC, generalmente interpretada como estrategia de negociación. La animosidad de sus declaraciones han pasado de la negación de la importancia del tratado, al cuestionamiento de su permanencia, abriendo la posibilidad de acuerdos bilaterales entre los Estados Unidos y México, excluyendo a Canadá. 

Con medidas arancelarias como espada de Damocles, el señalamiento sobre la supuesta ventaja excesiva de sus socios comerciales, las reiteradas denuncias de México como epicentro de los cárteles y la violencia, y la defensa a ultranza de la economía norteamericana, fiel a su estilo, el presidente Trump ha generado la presión suficiente sobre México para tratar de inclinar la balanza a su favor. 

Por si fuera poco, la reciente conformación de la alianza “Escudo de las Américas”, ha impuesto una relación de supremacía sobre los países convocados, condicionando cualquier apoyo a la determinación con la que se asuman los compromisos alcanzados. Como hemos dicho, esta alianza incluye acciones conjuntas para expandir la cooperación multilateral y bilateral entre los socios, todos los temas del gobierno, alcanzar la paz mediante la fuerza, combatir el narcoterrorismo y las amenazas compartidas en el hemisferio.

La lucha contra el crimen organizado es un objetivo compartido, pero en este punto México tiene un eslabón débil. Los operativos contra los capos han consignado la cooperación bilateral, pero han sido poco claros en los alcances de la misma y en la ejecución de las acciones; la respuesta a los señalamientos de la supuesta complicidad de actores relevantes del gobierno con el crimen organizado, han sido retóricas y evasivas; y las diversas reuniones entre representantes de ambos gobiernos no han sido insuficientes para aminorar la presión.

Para mejorar la confianza que ha pedido la presidenta, mucho ayudaría concentrarse en resolver la compleja negociación del tratado comercial y dejar de abrir frentes internos y externos que debilitan la unidad y la fortaleza  institucional. El futuro económico de nuestro país, nos guste o no, está completamente unido al resultado de esta negociación.

 

Marco Adame

@MarcoAdame