INFLACIÓN

Tendremos que acostumbrarnos a precios altos

Para México, el margen de acción para contener precios y sostener el crecimiento será limitado, en tanto para las personas, significa que este periodo no será temporal. | Laura Rojas

Escrito en OPINIÓN el

En tres meses, el dinero ya rinde menos. En lo que va de 2026, la inflación en México ha mostrado una tendencia clara al alza. Empezó el año en 3.79% anual en enero, subió a 4.02% en febrero y alcanzó alrededor de 4.59% anual en marzo, que es el dato más reciente disponible. Detrás de este aumento no hay una sola causa, sino dos presiones que están ocurriendo al mismo tiempo: una externa, vinculada al entorno global, y otra interna, relacionada con factores como el clima, los costos de producción agrícola y el transporte dentro del país.

El “Panorama económico de América Latina y el Caribe” publicado este mes por el Banco Mundial advierte que la economía global atraviesa un momento de alta incertidumbre geopolítica, bajo crecimiento y mayores costos financieros. La guerra en Irán ha presionado al alza de los precios internacionales del petróleo, encareciendo la energía a nivel global.

Para México, esto tiene un efecto directo. Aunque produce petróleo, depende de la importación de gasolinas y diésel, por lo que el aumento en los precios internacionales se traduce en mayores costos de transporte, logística y producción. Estos incrementos no se quedan en el sector energético: se trasladan gradualmente a otros bienes y servicios, presionando la inflación en toda la economía.

Pero esa es solo una parte de la historia. La otra está ocurriendo dentro del país y es más visible en el día a día. En marzo, el jitomate registró aumentos cercanos a 40% en un solo mes, impulsados principalmente por condiciones climáticas adversas. A esto se suman otros productos básicos que también han presionado la inflación. El limón ha subido por afectaciones en cosechas y mayores costos de traslado, mientras que el pollo se ha encarecido por el aumento en el precio de los insumos para su producción, como los granos para alimento. Estos aumentos no están directamente vinculados a la guerra, sino a condiciones específicas del mercado interno.

Así, la inflación actual tiene dos causas: por un lado, el encarecimiento de la energía derivado de tensiones internacionales. Por otro, aumentos en alimentos básicos provocados por factores como el clima, los costos agrícolas y el transporte. Ambos fenómenos coinciden en el tiempo y se acumulan en el mismo lugar: el gasto diario de las personas.

Además, el margen de respuesta es limitado. El gobierno ha utilizado estímulos fiscales para contener parcialmente el precio de los combustibles, pero estos mecanismos tienen un costo y no pueden sostenerse indefinidamente. Al mismo tiempo, los factores internos que están encareciendo los alimentos no se corrigen de forma inmediata, porque dependen de ciclos agrícolas, condiciones climáticas, logística y políticas públicas como la de seguridad. Por otro lado –muy probablemente, en una lógica de incentivar el crecimiento– el Banco de México recientemente bajó las tasas de interés, lo cual también podría impactar en la inflación.

Lo que advierte el Banco Mundial es un entorno macroeconómico más desafiante para la región, marcado por incertidumbre geopolítica, presiones inflacionarias, bajo crecimiento y condiciones financieras restrictivas. Para México, esto implica que el margen de acción para contener precios y sostener el crecimiento será limitado. Para las personas, significa que este periodo no será temporal. El ingreso seguirá enfrentando tensiones ante un gasto cada vez más exigente. En este contexto, conviene priorizar el gasto en bienes esenciales, evitar endeudarse a tasas altas y, en la medida de lo posible, diversificar fuentes de ingreso para absorber mejor estos incrementos.

Laura Rojas

@Laura_Rojas_