LA LUNA TABLERO GEOPOLÍTICO

La Luna, el nuevo tablero geopolítico

La Luna ya no es solo un destino, sino el nuevo tablero geopolítico. | Laura Rojas

Escrito en OPINIÓN el

La última vez que un ser humano pisó la Luna fue en diciembre de 1972, durante la misión Apolo 17 de la NASA, en el punto más alto de la Guerra Fría. No fue solo un logro científico, sino la culminación de una disputa por demostrar superioridad tecnológica y política frente a la Unión Soviética, que había tomado la delantera con hitos como el lanzamiento de Sputnik 1 y el envío del primer humano al espacio, Yuri Gagarin, pero nunca logró llevar astronautas a la Luna. Tras cumplir ese objetivo, Estados Unidos dejó de ir. 

Más de cinco décadas después, con el programa Artemis, Estados Unidos intenta establecer una presencia permanente y un eventual acceso a Marte, pero de nuevo, no está solo: China avanza con un programa que pretende llevar astronautas antes de 2030 y construir una base lunar junto con Rusia

¿Qué busca cada uno? Estados Unidos busca ser la potencia que regresa primero con capacidad sostenida, mantener la superioridad tecnológica, consolidar una arquitectura internacional favorable a sus aliados y empresas, y convertir la Luna en una plataforma para la ciencia, la industria y de preparación para ir a Marte. China busca demostrar que ya es una potencia espacial integral, reducir dependencias tecnológicas, construir una plataforma propia de cooperación internacional y asegurar presencia temprana en el polo sur lunar como nodo científico, logístico y eventualmente económico de largo plazo.  

Si avanzan habría infraestructura permanente en la Luna y en órbita lunar, cadenas de suministro específicas, misiones científicas recurrentes, y dos bloques compitiendo. Este es el primer escenario en el que ambos países avanzan en sus objetivos en paralelo.

El segundo escenario es una competencia asimétrica. Washington podría ganar la carrera política y regulatoria sin monopolizar la operativa, y Pekín podría ganar prestigio estratégico aunque no sea el primero en cada hito. Eso importa porque, más que una bandera en la superficie, lo decisivo será quién establece los estándares de interoperabilidad, acceso, seguridad operativa, intercambio de datos y uso de recursos en el espacio cislunar

El tercer escenario es una bifurcación geopolítica más dura, con dos bloques espaciales. Un informe del Council on Foreign Relations documenta que la cooperación espacial ya se está separando en líneas geopolíticas: por un lado, el esquema liderado por Estados Unidos con los Artemis Accords –de los que México es parte–; por otro, el eje China-Rusia alrededor de la ILRS. Si ese escenario se profundiza, la Luna puede convertirse en un espacio de rivalidad regulatoria donde el conflicto no sea por conquistar territorio, algo prohibido por el derecho espacial vigente, sino por imponer reglas de hecho mediante presencia temprana, infraestructura crítica y masa de socios.  

El cuarto escenario es el de incidentes operativos y crisis diplomáticas. El Tratado del Espacio Exterior prohíbe la apropiación nacional de la Luna, establece que los cuerpos celestes deben usarse con fines pacíficos y obliga a actuar con “debido respeto” a los intereses de otros Estados, evitando interferencias perjudiciales. Sin embargo, los Artemis Accords defienden zonas seguras temporales para evitar interferencias, y sus signatarios sostienen que la extracción y utilización de recursos puede realizarse de forma compatible con el tratado. El problema es que, si dos potencias operan cerca de los mismos sitios estratégicos del polo sur lunar, donde se busca hielo de agua y mejores condiciones de operación, la diferencia entre una medida de seguridad y una exclusión de facto puede volverse políticamente explosiva. Incluso en 2026, los propios trabajos de los signatarios de Artemis siguen discutiendo cómo definir y estandarizar zonas seguras e interferencia.

Veremos si cada país junto con sus países aliados va cumpliendo sus metas, pero lo que estamos viendo es increíble: la Luna ya no es solo un destino, sino el nuevo tablero geopolítico.

Laura Rojas

@Laura_Rojas_