BANCOS DE MÉXICO

¿Qué sucede cuando los bancos colapsan?

La reciente crisis de CIBanco, Vector e Intercam, tres compañías acusadas de vínculos con el crimen organizado, permite entrever los futuros desafíos del sistema financiero mexicano. | Miguel Ángel Arellano Robledo

Escrito en OPINIÓN el

Habitualmente elogiamos el éxito de cara a la adversidad, aunque el fracaso de una empresa también puede ayudarnos a comprender el contexto más amplio en el que se desenvuelven los negocios. Tanto más cuando hablamos de las Instituciones de Banca Múltiple, cuya función es captar los ahorros del público y con ellos impulsar otras actividades productivas, comerciales o de servicios. Así pues, siempre hay que mirar de cerca cuando dichas instituciones son clausuradas y declaradas en liquidación (lo cual implica vender sus posesiones de valor real y financiero –conocidas como activos– para pagar las deudas que tenga pendientes con sus clientes e inversionistas –o pasivos–). 

Pongamos por ejemplo la reciente crisis de CIBanco, Vector e Intercam, tres compañías mexicanas señaladas en junio de 2025 por autoridades estadounidenses como facilitadoras de servicios bancarios para el crimen organizado, propiciando la liquidación de las dos primeras, junto con la venta y reestructuración de la tercera. Enfoquémonos en “Consultoría Internacional Banco, Sociedad Anónima” (CIBanco), fundada como casa de cambio el 12 de enero de 1986 y transformada en Institución de Banca Múltiple el 27 de marzo de 2008. 

Foto: Miguel Ángel Arellano Robledo

CIBanco comenzó ofreciendo asesorías sobre los mercados de divisas, pero pronto incursionó al sector de créditos automotrices a través de “CIAuto Verde” (una campaña dirigida al financiamiento de vehículos de baja emisión, cuya industria estaba en su infancia). En este sentido, la compañía modeló su imagen en torno a las energías renovables con créditos para instalar paneles solares, fondos de inversión atados a empresas ambientales y esquemas de “finanzas verdes”. No obstante, su éxito en años siguientes se debió a la división fiduciaria o de fideicomisos, encargada de administrar el dinero de sus clientes para generarles rendimientos. Pese a que sus activos representaban menos del 1% del sistema financiero mexicano, CIBanco se colocó como una empresa líder en el ramo de fideicomisos –controlando alrededor del 25% del mercado nacional– gracias a su modesta, pero nada desdeñable participación en las industrias del cuidado personal, farmacéutica y hotelera (por medio de “Salulleza”, “Productos Medix” y “Hoteles City Express”). Este panorama se complicó con la pandemia de covid-19, de forma que sus reservas de dinero en efectivo y equivalentes –uno de los rubros más importantes de los activos de cualquier empresa– disminuyeron en promedio 8.22% anualmente de 2021 a 2024, especialmente en los primeros dos años. 

De ser ciertas las acusaciones del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, los nexos de CIBanco con el crimen organizado alcanzaron niveles sin precedentes en el contexto de la recesión económica inducida por la pandemia. Se estima que, de 2022 a 2024, la compañía ayudó a transferir más de 100 millones de dólares –cerca de 1,872 millones de pesos– a varias compañías situadas en Alemania, China, Corea del Sur, Japón, Suiza y Taiwán (cuyos recursos fueron destinados tanto a la compra de precursores químicos para manufacturar opioides, cuanto al tráfico de dichas sustancias). Por si fuera poco, los intermediarios de CIBanco supuestamente habilitaron el lavado de más de 10 millones de dólares en cuentas asociadas al Cártel del Golfo, el de los Beltrán Leyva y el Jalisco Nueva Generación tan sólo entre 2023 y 2024. Cabe señalar que estos hallazgos fueron disputados por la presidenta Claudia Sheinbaum, afirmando en noviembre de 2025 que la Comisión Nacional Bancaria y de Valores –dependencia responsable de auditar a todas las instituciones financieras en México– no encontró suficiente evidencia para proceder judicialmente contra CIBanco, por lo que nadie fue aprehendido en relación con dichos negocios. 

Ante posturas tan disímbolas es natural preguntarse, ¿quién tiene la razón? Aunque es imposible decirlo con certeza, el escándalo tuvo consecuencias muy reales e inmediatas para CIBanco, sembrando tal desconfianza en el público que desató una ola de retiros de dinero y amenazó su estabilidad (sin mencionar que el Departamento del Tesoro restringió sus operaciones hacia Estados Unidos, otro golpe a su debilitada posición). Esto culminó en octubre de 2025 cuando los propios accionistas de CIBanco solicitaron la revocación de su licencia para seguir operando, dando inicio a su liquidación. 

 

En otras palabras, el caso de CIBanco confirma la tremenda injerencia de los ciclos políticos estadounidenses sobre las finanzas en México. A decir verdad, las acusaciones son inseparables de la segunda toma presidencial de Donald Trump a inicios de 2025, quien prometió designar a los cárteles como “organizaciones terroristas foráneas” y perseguir a sus colaboradores para atender la crisis de salud pública que azota su país –una retórica militarista que desempolva el antecedente de George W. Bush y su “Guerra al terrorismo”, considerando que el fentanilo fue declarado un “arma de destrucción masiva”–.  

Ahora bien, asumiendo que alguna institución financiera tuvo nexos con el crimen organizado (lo que no parece inverosímil), ello demostraría que los incentivos de involucrarse en estas actividades son cada vez mayores que los riesgos percibidos, lo cual sugiere que la amenaza de castigar a los culpables no es suficiente, sino que las autoridades deben asumir un papel más proactivo al supervisar las operaciones bancarias y prevenir infracciones. Inclusive si estas fueron accidentales, la infiltración de la economía ilícita en la banca plantea un desafío muy apremiante a futuro, favoreciendo que dichos caudales perméen otros sectores económicos y propiciando nuevos escándalos que pueden minar la confianza en el sistema financiero mexicano. 

Miguel Ángel Arellano Robledo

Licenciado y maestro en historia por la UNAM; actualmente cursa el doctorado en historia moderna y contemporánea en el Instituto Mora, donde estudia la transición del sistema bancario del Porfiriato al del México Posrevolucionario (en particular la liquidación del Banco Oriental de Puebla entre 1917 y la década de 1930). Es autor del artículo “Unos billetes fuera de serie…”, disponible de manera digital y gratuita en el Boletín del Archivo General de la Nación.    

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