#ANÁLISISDELANOTICIA

La violencia de género como problema estructural

Como sociedad necesitamos avanzar hacia un mundo más justo, equitativo y con entornos libres de violencia de género. | Cristopher Ballinas

Escrito en OPINIÓN el

Como cada año, y como lo ha establecido la Organización de las Naciones Unidas desde 1977, el 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer, el cual es una fecha que simboliza la lucha histórica de las mujeres por la igualdad, la justicia, la paz y el respeto a sus derechos humanos. Ese dia se suelen visibilizar tanto los avances alcanzados en materia de participación política, acceso a la educación y reconocimiento laboral, como los desafíos que aún persisten, como la violencia de género, la discriminación estructural y las brechas económicas que afectan de manera desproporcionada a mujeres y niñas en todo el mundo. 

Esta evocación también se ha convertido en un espacio de reflexión y acción colectiva, donde gobiernos, organizaciones y sociedades se comprometen a impulsar políticas públicas y transformaciones culturales que permitan construir un futuro más equitativo y libre de violencia, reafirmando que la igualdad de género es un requisito indispensable para el desarrollo de las naciones.

La violencia contra mujeres y niñas continúa siendo una de las violaciones de derechos humanos más extendidas y persistentes en el mundo contemporáneo. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, casi una de cada tres mujeres —lo que equivale a más de 840 millones de personas— ha sufrido violencia sexual o de pareja a lo largo de su vida, una cifra que apenas ha cambiado en las últimas dos décadas. Este dato refleja que, pese a los avances normativos y a la creciente visibilidad del problema, la violencia de género sigue siendo una crisis global que afecta la seguridad, la salud y el desarrollo de millones de mujeres y niñas. La magnitud del fenómeno demuestra que no se trata de hechos aislados, sino de un patrón estructural profundamente arraigado en sociedades diseñadas para ser desiguales.

Los informes de ONU-Mujeres señalan que más del 12% de las mujeres entre 15 y 49 años ha sido víctima de violencia física o sexual por parte de una pareja o expareja en el último año, con cifras que superan el 30% en países como Afganistán, la República Democrática del Congo y Papúa Nueva Guinea. Estos datos evidencian que la violencia de género no sólo es generalizada, sino que se intensifica en contextos de conflicto armado, crisis humanitarias o debilidad institucional, donde las mujeres y niñas quedan especialmente expuestas. A ello se suman los feminicidios, la trata de personas y la explotación sexual, que afectan de manera desproporcionada a mujeres y niñas y que se han visto agravados por fenómenos como la crisis climática, las migraciones forzadas y las emergencias sanitarias recientes. Todo esto confirma que la violencia de género es un problema multidimensional que requiere políticas públicas más robustas y cooperación internacional sostenida.

En América Latina, la situación es particularmente alarmante. La región registra algunas de las tasas más altas de feminicidios en el mundo, y países como México y Brasil han reportado un incremento sostenido en los últimos años. Además, la violencia digital se ha consolidado como un nuevo frente de agresión, con mujeres y niñas expuestas a acoso, amenazas, difusión no consentida de información personal y campañas de hostigamiento en redes sociales. Estos retos muestran que la violencia contra mujeres y niñas compromete su seguridad inmediata, además de que limita sus oportunidades de educación, empleo y participación política, perpetuando ciclos de desigualdad y exclusión que afectan el desarrollo de las sociedades en su conjunto. 

En México, la violencia contra mujeres y niñas ha alcanzado niveles alarmantes que reflejan la magnitud del problema en la región. De acuerdo con datos oficiales, cada día se registran en promedio más de diez feminicidios, lo que coloca al país entre los de mayor incidencia en América Latina. Además, la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (2021) señala que más del 66% de las mujeres mayores de 15 años ha experimentado algún tipo de violencia a lo largo de su vida, ya sea física, sexual, emocional o económica; la cual se ha vuelto más compleja a través de vehículos como el internet, donde la violencia suele ser más sexualizada. Estos números muestran que la violencia de género en México no es un fenómeno aislado, sino una crisis estructural que afecta a millones de mujeres y niñas y que exige respuestas urgentes desde el Estado, la sociedad civil y el sector privado.

Para los detractores de la violencia de género, estas cifras son por demás ilustradoras y revelan que la violencia es estructural en sociedades que son deliberadamente desiguales y donde esa estructura se ejerce de manera sistemática contra mujeres y niñas, afectando su desarrollo, así como su integridad física y emocional. En este contexto, los días de reflexión no deben limitarse a la memoria o al discurso, sino convertirse en un llamado urgente a la acción donde gobiernos, sociedad civil y sector privado tienen la obligación de sumar esfuerzos decididos para desmontar las bases de la desigualdad que perpetúa la violencia y que sigue arrebatando vidas y derechos. Sólo así será posible avanzar hacia un mundo más justo, equitativo y con entornos libres de violencia.

Cristopher Ballinas

@crisballinas