Cada aniversario del Día Internacional de la Mujer es una jornada dedicada a reconocer la lucha y reivindicación de los derechos de las mujeres, en aras de la igualdad de género. Es también momento para la reflexión, el balance de logros y desafíos pendientes. En este año la efeméride abre pauta a una valoración un poco más de fondo, toda vez que se cumple medio siglo en que los gobiernos de una buena parte del globo, siguiendo las normativas y directrices de la ONU, han venido adoptando medidas, legislación y creado instituciones para reconocer sus derechos, desarrollando políticas de índole diversa para el logro de la igualdad sustantiva entre mujeres y hombres.
El Programa y la Plataforma de Beijing (1995) sin duda el mapa de navegación más importante para orientar la intervención de los gobiernos en este cometido, colocó doce temas prioritarios para el logro de la igualdad de género que fueron: 1) Erradicar la pobreza femenina. 2) Garantizar la educación a todos los niveles y eliminar el anafabetismo con rostro femenino. 3) Mejorar el acceso de las mujeres a la salud, especialmente la salud sexual y reproductiva. 4) Eliminar todas las formas de violencia contra la mujeres, tanto el ámbito público como en el privado. 5) Proteger a las mujeres en situaciones de conflicto y fomentar su participación en la construcción de la paz. 6) Garantizar el empleo, la participación de las mujeres en el acceso a activos económicos (tierra, propiedad, crédito, tecnología) así como la igualdad en las decisiones económicas. 7) Promover la igualdad de participación en la vida política y pública. 8) Establecer mecanismos institucionales para el adelanto de la mujer y desarrollar políticas públicas enfocadas en la igualdad de género. 9) Promover y proteger los derechos humanos fundamentales de todas las mujeres y niñas. 10) Fomentar una representación equilibrada y no estereotipada de las mujeres en los medios. 11) Asegurar la participación de las mujeres en la gestión ambiental y el desarrollo sostenible. 12) Eliminar la discriminación y violencia contra las niñas, el abandono, así como las prácticas culturales negativas en contra de las mujeres (feminicidio al nacer, infibulación, abuso sexual, matrimonio temprano y/o forzado).
Los avances logrados en buena parte de los países hasta ahora se centran en la creación de legislación y mecanismos que promueven los derechos de las mujeres; el incremento de una mayor representación política en órganos legislativos y cargos en el Ejecutivo, gracias a las cuotas de género o, a la paridad. En este aspecto, las mujeres han roto barreras para ocupar puestos de alta dirección, ministerios y jefaturas de estado.
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En lo económico, la participación de las mujeres en la fuerza laboral ha aumentado significativamente, pasando de entre el 10 y 12% de la PEA al 50 % y hasta 70% en algunos países, convirtiéndose en la norma del mercado de trabajo y los hogares. Aunque persisten brechas salariales, en puestos o categorías de trabajo, propiedad de la tierra y acceso a activos económicos.
Un logro importante que se debe al acceso de las mujeres a la educación que inicia con pie firme desde los años cincuenta del pasado siglo, es el incremento de la escolaridad. En poco menos de un siglo, las mujeres pasan a convertirse en mayoría de la población que tiene educación superior. Sin embargo, el analfabetismo y la pobreza continúan teniendo rostro femenino.
En el caso de las niñas, se ha reducido el matrimonio infantil, el feminicidio al nacer y también de mutilación sexual (Mutilación Genital Femenina, MGF). De acuerdo con UNICEF en la última década a nivel global, la proporción de mujeres jóvenes que se casaron antes de los 18 años pasó de 25% a 21%, equivalente a cerca de 25 millones menos de matrimonios tempranos y forzados de niñas. En el caso de la MGF, a nivel global se ha reducido en un tercio de las probabilidades de hace 30 años. Pero todavía más de 230 millones de niñas y mujeres vivas hoy tienen alguna forma MGF, y en 2026, más de 4,5 millones de niñas corren el riesgo de sufrirla.
El progreso es desigual entre países y regiones, lento en lo general, con brechas persistentes en lo económico y aumento de la carga de trabajo de las mujeres (casa, cuidado y empleo). Acompañado del recrudecimiento de fenómenos como la violencia doméstica, la violencia y el abuso sexual, la trata, los feminicidios. Si se mantuviera el ritmo actual de cambios, se necesitarían hasta 300 años para erradicar la desigualdad, de modo que según las investigaciones, el progreso tendría que ser 20 veces más rápido para lograr la erradicación de las malas prácticas y superar las desigualdades.
A 40 años de la emergencia del feminismo de estado —entendido como la institucionalización de políticas de igualdad y mecanismos de género dentro del aparato gubernamental— se han logrado cambios importantes en el marco legal y social, reconocimiento de la violencia doméstica, sexual y política como asuntos de interés público y prioridad en la agenda gubernamental. Se ha promovido la igualdad en el acceso a derechos y el desmantelamiento paulatino de estereotipos y roles de género, logrando mayor autonomía económica gracias al acceso de las mujeres a la educación técnica y superior.
La eficacia de las políticas de igualdad empero no está plenamente probada por la brecha que existe entre un marco legal avanzado y el alcance de su implementación real. El sector más cuestionado de éstas es sin duda el de la violencia en todas sus manifestaciones. Ya que la legislación no suele acompañarse de las medidas y recursos tanto humanos como financieros para lograr una reducción significativa en los índices de las violencias.
La desigualdad estructural de género persiste en: la brecha salarial, la precarización laboral y en la carga desproporcionada del trabajo doméstico y de cuidados que no se distribuye equitativamente y que carece aún de una atención institucional adecuada al tamaño y diversidad de la demanda. La prolongación de las jornadas de trabajo que ha venido de la mano de la precarización laboral, más el home office que dejó la pandemia y, los largos trayectos de horas en el tráfico de la movilidad cada vez más conflictiva de las ciudades, han tensado hasta niveles extenuantes la administración de tiempo de los hogares, haciendo cada vez menos conciliables las exigencias laborales y el cuidado de la familia. Las mujeres cargan con todo esto, sosteniendo la casa, el trabajo y el cuidado de los hijos, sin que el marido, el estado y las empresas reparen en ello. Encima, hoy los impulsos a favor de la igualdad y equidad entre los géneros, han de bregar con aumento de movimientos antiderechos, funcionarios, representantes populares y gobiernos que intentan desmantelar las políticas de igualdad, limitando los recursos, negando la importancia de las políticas, oponiéndose a la educación sexual integral y el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo y su maternidad. Pero no habremos de bajar la guardia, sino seguir luchando hasta alcanzar un mundo equitativo, justo y pacifico, donde el cuidado de la vida y la igualdad e inclusión de todes sea principio y objetivo.
