LA DERECHA

Sobre la existencia de la derecha en México

De verdad ¿sólo se puede entender a la izquierda, entendiendo a la derecha? ¿No hay otra forma? ¿Aún necesitamos etiquetas a pesar de que se proclama, sobre todo, desde las ciencias sociales, que estas ya no son necesarias? | Leonardo Bastida

Escrito en OPINIÓN el

Con una aseveración provocadora sobre que la derecha no existe, y con la aclaración de que, ahí está, Alex González Ormerod, historiador y fundador de The Mexico Political Economist, reflexiona en su nuevo libro sobre el devenir de la derecha en México a lo largo de su historia, con énfasis en las últimas dos décadas y media de vida nacional, a partir de la transición del poder Ejecutivo de un partido único a otras corrientes políticas.

Bajo el título de “La derecha no existe (pero ahí está). Guía para entender su fracaso y su futuro en México” (Siglo XXI Editores, 2025), a lo largo de 10 capítulos se hace una revisión sociohistórica de las conformaciones de las corrientes de derecha presentes en la vida nacional, pero también, de las maneras en que esta se ha camuflajeado, o incluso, en algunos momentos, se ha negado a sí misma. 

Al respecto, en este espacio, charlamos con el autor sobre el contenido del libro, pero también sobre el fenómeno de la derechización en varios rincones del mundo. 

La Silla Rota: Este es un tema que causa mucho escozor para estudiarlo. Aquí en México, es algo que nadie quiere abordar ¿Cuál es la relevancia de abordarlo y qué déficit encuentras? Es un tema que está presente y que la configuración actual del mundo requiere revisarlo, pero en el país parece ser que lo tenemos blindado. 

Alex González: Es una cosa estructural, no hay que darnos demasiadas palmadas en la espalda, especialmente el movimiento progresista, que sí ha ganado en México, pero sólo después de haber pasado por todas las opciones de derecha posibles: la liberal, la sin ideología, la militarista. Entonces, llegamos a la izquierda, y es parte de accidentes históricos, estructurales. Ante eso, la percepción es que es imposible que llegue la derecha una vez más. Curiosamente, esta es una idea compartida tanto en la derecha como en la izquierda. Por un lado, la derecha dice que vivimos en la dictadura, mientras que la izquierda dice que son tan populares que no hace falta regresar a la derecha. Ninguna de las dos afirmaciones es cierta. 

LSR: Hay países que vivieron un proceso similar a México, y sin embargo, su gobierno actual es abiertamente de derecha, e incluso, se habla de una derechización de América ¿Cómo lo contraponemos a lo que estamos viviendo, pues parece que vivimos otra realidad, pero todo nuestro entorno son gobiernos de derecha abierta?

AG: Yo he hecho la pregunta de si vamos adelantados o si vamos atrasados.  En historia, no hay que antropomorfizar a los países. Los procesos sociales no son naturalmente procesos con vida humana. La conclusión a la pregunta es que México es una excepción, porque siempre ha sido una excepción en lo político desde hace mucho tiempo. En concreto, desde los años juaristas, porque en el siglo XIX, los conservadores obtienen una victoria, traen a un rey de Europa, y resulta ser liberal. Entonces, termina ganando el liberalismo.

Desde el principio nos hemos concebido como un país progresista porque siempre se ha apelado al liberalismo, aunque de distintos cortes, pero siempre se han tratado de identificar con él muchos bandos, incluido Porfirio Díaz. Actualmente, es poco popular decirse de derecha porque estamos vacunados contra esa marca. Eso no significa que no pueda regresar. Ahora que ha llegado al poder la izquierda de manera hipercontundente, vemos procesos que no se habían visto desde los años 30 en el país. La última vez que algún grupo se erigió como abiertamente reaccionario y conservador fueron los sinarquistas y la guerra cristera. A partir de ese momento gana el progresismo, y en el escenario actual, los opositores deben comenzar a distinguirse y lo están haciendo desde la derecha.

LSR: ¿Qué es la nueva derecha?

AG: Hasta el día de hoy se sigue definiendo, es una guerra civil pasiva que vemos dentro de lo que actualmente es considerado como oposición.

LSR: Hay dos momentos en el libro en los que hablas de temas como el aborto o lo LGBT que son el único punto de confluencia en el que se puede fijar abiertamente una postura de derecha ¿Cómo lees eso en un sentido más amplio y cómo son únicamente ciertos temas los que dan la posibilidad de hacer un posicionamiento abierto y que de repente en otros temas se vuelve contra esa posición?

AG: Los derechos sociales derivados de la resistencia religiosa como el matrimonio igualitario y la interrupción del embarazo dan a entender muy bien el gran error que se cometió desde la izquierda después del fin de la Guerra Fría. Estos temas se convirtieron en el nodo central de la izquierda, pero vienen a expensas del deber ser de la izquierda debido a que esos problemas derivan de una cuestión económica. Si somos liberales de derecha, no podemos sostener que pervivan escenarios como la vulnerabilidad a las que se enfrentan las personas trans en específico, las mujeres. Es un problema de mujeres que son excluidas de los espacios laborales y en la búsqueda de la supervivencia entran al trabajo sexual, y son propensas a verse enfrentadas con violencia derivado del odio social que se ha construido alrededor de ellas.

El centro de muchas de estas cuestiones sociales identitarias son cuestiones económicas que por ser heredadas de la lucha social del liberalismo de izquierda que deliberadamente estaba haciendo a un lado la cuestión de clase social y económica, pierde el centro de lo que es importante, y por tanto, se vuelve performativa.  

El centro se colapsa y tenemos un momento fundamental en que la derecha y la izquierda se tiene que reconfigurar, y esto es más fácil para la derecha porque no tiene miedo de  abordar temas de clase y de economía como la izquierda, porque esta tiene miedo de que la llamen comunista. 

LSR: De verdad ¿sólo se puede entender a la izquierda, entendiendo a la derecha? ¿No hay otra forma? ¿Aún necesitamos etiquetas a pesar de que se proclama, sobre todo, desde las ciencias sociales, que estas ya no son necesarias?

AG. Tenemos que utilizar estas palabras no porque sean una perfecta fiel descripción de la realidad como existe, solo es un uso pragmático del idioma para concretar ciertos conceptos. Eso sirve para autoconocernos y para reconocernos entre nosotros. Estos conceptos existen por una cuestión de geometría en la Cámara de Representantes de la Francia del siglo XVIII, debido a que los realistas se sentaban en la derecha del lugar y los jacobinos a la izquierda. Pero, al paso del tiempo, por más que se ha buscado una reconfiguración de dichos términos, siempre terminamos regresando a los mismos debido a que han sido útiles. 

Se ha pensado que los liberales ganaron las batallas, y a partir de finales de la década de los 80 del siglo pasado, se instauró únicamente su ideología, proclamando el fin de la historia, pero la verdad es que fue un autoengaño. Pensaron que su ideología era la que había ganado, creyendo que solo existía la democracia liberal, pensando que era un término sin adjetivos, sin tomar en cuenta que el mote de liberal es realmente un adjetivo. 

LSR: Se revive un lenguaje del siglo XIX cuando la palabra conservador regresa a la palestra pública, y a veces parece que nuestra historia está seccionada en una visión conservadora y una liberal, trazándose una perspectiva dicotómica. 

AG: Por un lado, hablamos de la utilidad de un tipo de etiqueta para poder identificar a las personas que son más afines a ti, pero, en el otro extremo, hay una incapacidad para ponerse etiquetas debido a que el espectro de lo contrario es tan amplio que no cabe dentro de un solo concepto. Esto último es lo que le ocurre al PAN, que aglutina a tantos sectores, que le es difícil ponerse una etiqueta como tal, coincidiendo únicamente en que son lo opuesto, sin ser necesariamente homogéneo. 

LSR: La transición de fin de siglo en el país se da de un modelo liberal a uno un poco más conservador. Se piensa que la transición natural que había tenido que ocurrir en México era la de la llegada al poder de un gobierno de izquierda y no uno asociado con la derecha

AG: En realidad hubo un proceso de transición de la izquierda, pero no se consumó. En la década de los 80 aún existía la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, y los partidos comunistas, y esto permitía que se alentará a los grupos de izquierda debido a que tenían cierto respaldo. Sin embargo, al caer el Muro de Berlín y el resquebrajamiento de los países socialistas era claro que las próximas transiciones, dentro de un panorama liberal, tenderían más a la derecha que a la izquierda.

LSR: ¿De verdad crees que el contrapeso, por el momento, sería este posicionamiento fijo y claro de la derecha para de verdad ser una contrapropuesta? ¿Eso representa un verdadero abono a la democracia?

AG: Estoy convencido de esto, pero incluso, la izquierda más dura lo dice y lo reconoce, pues saben que la democracia requiere de contrapesos. Pero, además, en los sistemas políticos, en específico, el de México, hay gente que comienza a infiltrarse, no por la convicción ideológica, sino por el poder. Entonces, es mejor que los movimientos políticos sumen a personas con creencias o con ciertos criterios, y no a aquellas cuyo único interés es el adquirir cierto poder. 

La gente piensa que no existe la derecha, pero, ahí está, y hay un mundo, en el que, en tres años, la derecha se puede hacer más presente, ante las posibles crisis de la izquierda que se podría enfrentar a un posible resquebrajamiento ante su presencia y su aprobación abrumadora. 

Leonardo Bastida

@leonardobastida