En México el debate público nacional sobre la compra consolidada de insumos para la salud suelen aparecer tres variables predominantes: precio, volumen y reglas administrativas. Sin embargo, la visión se hace cada vez más débil respecto a los verdaderos desafíos que enfrentará el sistema de salud para la próxima compra consolidada. Y no es para menos. El mercado de insumos para la salud en el orbe global, dejó de funcionar como un mercado meramente mercantil y pasó a hacerse presente como un tablero en el cual juega la geopolítica.
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En materia de Seguridad Nacional, la seguridad de las cadenas de suministros y la reconfiguración en las cadenas productivas globales. Definitivamente la compra consolidada dejó de ser solo una herramienta de eficiencia presupuestaria para pasar a ser un instrumento estratégico de seguridad sanitaria y estabilidad del abasto.
De un modelo de precios, hay que evaluar un posible modelo multifactorial, donde el garantizar el abasto deberá ser la misión número uno de la Subsecretaria de Salud.
La próxima compra consolidada estará en la cancha de los tratados de libre comercio, que dará como resultado una licitación pública internacional bajo la cobertura de los tratados de libre comercio, con un apéndice, que deben contar con capítulo de compras públicas.
Actualmente nuestro país tiene el siguiente diagnóstico de tratados internacionales y países que jugarán la próxima compra consolidada:
Durante más de tres décadas, el modelo básico que explicó la contratación pública de los insumos para la salud se sustentó en un principio sencillo: ampliar la demanda para obtener mejores precios, dando origen a la herramienta más utilizada en la contratación pública del sistema de salud, las compras consolidadas, en la actualidad evolucionando en la política pública hegemónica del Estado para la adquisición de insumos para la salud, bajo una modalidad interinstitucional jamás utilizada en nuestro país.
El modelo funcionó mientras el mercado global mantuvo ciertos equilibrios productivos y logísticos. Pero, en los últimos años, diversos factores han comenzado a modificar radicalmente esa lógica:
Tensiones geopolíticas entre potencias donde descansan los colosos industriales.
a) Reconfiguración industrial post pandemia
b) concentración mundial de la producción farmacéutica y de dispositivos médicos.
c) Disrupciones logísticas internacionales.
d) Restricciones comerciales y sanitarias.
e) Volatilidad cambiaria y energética.
f) Escasez de materias primas farmacéuticas,
g) El dragón asiático cada vez con mayor concentración comercial.
La variable "ahorro presupuestario" deja de ser el único parámetro para medir el éxito de una compra pública en favor del criterio "continuidad del abasto". Es decir, ya no solo importará quién ofrece el mejor precio sino quién puede garantizar el abasto ante escenarios de riesgo global. Variable que fue apocalíptica durante la pandemia, cuando los actores encargados de la compra desestimaron los factores de abasto y logística, enfocando sus baterías a un sistema binario ( precio más bajo) como factor ganador dentro de las compras del Estado.
La estructura dependiente del mercado farmacéutico
Un elemento central del debate se encuentra centrado en la estructura del proceso productivo del medicamento a nivel global. Dicho proceso se divide en dos grandes grupos industriales:
1. Producción de APIs (principios activos) y producción farmacéutica terminada. Durante más de 30 años, la producción mundial de APIs fue deslocalizada hacia Asia -fundamentalmente China e India- dado sus menores costos regulatorios, energéticos y medioambientales.
2. En paralelo, muchos países mantuvieron capacidades industriales solo en la etapa final del proceso farmacéutico. Esto genera una paradoja estratégica: los medicamentos pueden ser producidos industrialmente en muchos países, pero las materias primas críticas provienen casi exclusivamente de pocos territorios.
Geografía global de los insumos farmacéuticos
La matriz siguiente sintetiza los fundamentos geopolíticos de la anatomía de la cadena farmacéutica global diferenciando países fuentes de APIs y países exportadores de medicamentos terminados que se destinan principalmente a abastecer mercados públicos.
Implicaciones para la compra consolidada en México
Desde esta configuración industrial, surgen tres implicaciones estratégicas para pensar la compra consolidada desde la contratación pública.
Primero, la compra consolidada selecciona no solo al proveedor que es declarado ganador en una licitación, selecciona toda una configuración de suministro global que abastecerá al sistema nacional de salud.
Segundo, si los países proveedores son singulares para determinados productos API's, las empresas ganadoras cuya sede legal es otro país distinto pueden depender productivamente del mismo país proveedor para cumplir con el contrato firmado.
Tercero, el riesgo geopolítico puede perjudicar al suministro independientemente del desempeño administrativo del procedimiento licitatorio.
Las intensas tensiones comerciales o las interrupciones logísticas por conflictos geopolíticos ponen en riesgo el despliegue administrativo que las instituciones públicas desarrollen para su cumplimiento. Es decir, el riesgo desabastecimiento ya no depende exclusivamente del desempeño administrativo interno, sino responde a factores estructurales del sistema farmacéutico internacional.
La Compra Consolidada hoy Política de Seguridad Nacional
Ante este panorama, diversas naciones han comenzado a revisar el rol que toma la compra pública en el sector salud entre ellas: además del ahorro presupuestario, la compra pública se plantea cumplir con otras funciones:
- diversificación de fuentes internacionales
- reducción o eliminación de dependencias críticas
- fortalecimiento del desarrollo industrial nacional y
- gestión del riesgo sanitario ante los proveedores.
No se busca sustituir competencia ni cerrar mercados, sino reconocer que la contratación pública puede jugar un rol regulatorio sobre el abastecimiento médico.
El nuevo criterio de éxito
En el nuevo contexto, la evaluación de la compra consolidada debe incluir un nuevo componente a los criterios de eficiencia preexistentes. Esto es, además del precio y la transparencia procedimental, el sistema debe evaluar la resiliencia del suministro entendido como la capacidad de asegurar la disponibilidad ininterrumpida de los medicamentos frente a perturbaciones externas. Desde esta óptica, la compra consolidada que se aproxima será más que una nueva licitación administrativamente relevante: será una prueba de fuego para el Estado sobre cuán bien puede gestionar su dependencia farmacéutica externa.
Conclusión
La licitación pública en salud se encuentra en un momento que denominaremos “efecto bisagra”. Décadas atrás, el objetivo era conseguir los medicamentos por el menor precio posible. Hoy, el desafío es más complejo: garantizar el acceso sostenido a los medicamentos en un mundo de incertidumbre geopolítica y concentración productiva. En este sentido, la compra consolidada pasará de ser un mero mecanismo de racionalización presupuestaria a convertirse en un verdadero instrumento de resguardo sanitario nacional.
La política pública de la República Sana deberá colocar en el escenario el factor Geopolítico en la ecuación, un resultado negativo como el pasado 2025 con el fracaso de la compra nula, dejaría en un hoyo negro el abasto del sistema de salud del 2027 y 2028, y para el éxito se requiere un alto grado de análisis y trabajo intersectorial y multifactorial, por al final del camino de la compra consolidada, la meta es el abasto sectorial para el bienestar nacional.
