NOTICIAS E INFORMACIÓN

Los titulares envejecen rápido

Hoy, todo pasa muy rápido, y dedicarle tiempo a algo se siente casi como quedarnos atrás, noticias de ayer: los titulares envejecen muy rápido. | Fabiola Peña

Escrito en OPINIÓN el

Platicando con una querida amiga, y queriendo ponernos al día, descubrí lo difícil que es mantenerse al día. Abres el teléfono y ahí está todo: tragedias, crisis, injusticias, causas urgentes, opiniones, análisis, denuncias. Noticias locales, regionales, nacionales, mundiales. Todo al mismo tiempo.

El ser humano está recibiendo en este momento más información que sus predecesores en la historia, pero ¿estamos hechos para ello?

¿Cómo categorizar esa información? ¿Cómo unirla a nuestro día a día? ¿Cómo reaccionar a ella?

Además, parece que no basta con saber, parece que también hay que hacer algo. Y entonces reaccionamos. Un “me gusta”, un compartir, un comentario. A veces eso se siente como una forma de acción. Como una manera de no ser indiferentes frente a lo que duele. Como si, en medio de tantas cosas pasando,muchas de ellas aquí, cerca, al menos hubiéramos hecho algo.

Pienso en esto cada vez que veo ese meme que dice “Estoy harta de vivir momentos históricos”, soy yo, me representa, tal vez por eso me aparece seguido, porque siempre reacciono. Y cada vez que lo hago, siento que algo de eso es cierto. Hay un cansancio ahí, pero no sé bien cómo explicarlo, cómo entenderlo. Estoy harta de que pasen tantas cosas (¿?), ¿de estar informada? ¿De no poder hacer nada? La realidad es que esta sensación, no sé bien cómo explicarla.

Es difícil sostener la atención, no en el sentido de distraerse, sino en el sentido de quedarse. De realmente quedarse en algo el tiempo suficiente como para entenderlo, para pensarlo, para sentirlo más allá de lo inmediato.

Y en medio de todo esto, no puedo dejar de pensar en algo que leí hace tiempo. Llegué a Simone Weil por recomendación de lecturas que, a su vez, venían de Rosario Castellanos. Weil habla de la atención como algo mucho más profundo de lo que solemos entender. No como concentrarse, sino como una especie de disposición interna, tan profunda, tan nuestra, que se entiende tan íntima, que es lo más valioso que como humanos podemos dar. Simone Weil dice que la atención implica suspender el pensamiento, dejarlo abierto, disponible, casi en espera. ¿Es esto posible en nuestra realidad?

Lo que vivimos hoy parece no darnos el espacio ni el tiempo, no nos permite detenernos, y parece que ni siquiera es necesario, el alud de información nos llega ya “clasificado”, con una carga, con una lectura, con una visión. Todo pasa muy rápido, y dedicarle tiempo a algo se siente casi como quedarnos atrás, noticias de ayer. Los titulares envejecen muy rápido.

Tal vez por eso se vuelve tan difícil realmente atender algo. No porque no queramos, sino porque no alcanzamos. Porque cuando apenas estás tratando de entender una cosa, ya hay otras encima. Porque si te detienes demasiado en una historia, sientes que estás dejando de lado otras que también importan.

Y entonces lo que me ha estado pasando, es que me he quedado en una especie de “empatía rápida”, casi como lo que es para la alimentación una “comida chatarra”. Sé que algo es grave, me duele, reacciono, pero no necesariamente logro quedarme ahí el tiempo suficiente como para entenderlo más.

¿Quisiera hacer más? Por supuesto, ¿quién no quisiera dar seguimiento a lo que pasa, no soltarlo cuando deja de ser tendencia, especialmente cuando se trata de cosas que siguen pasando aquí? Pero con tanta información, muchas historias se sienten lejanas muy rápido, incluso cuando no lo son.

Y tal vez por eso me regresa tanto a Weil. Ella insistía en que poner atención de verdad requiere algo que no es tan cómodo: aceptar que no entendemos todo, que podemos estar equivocados, que a veces hay que volver a mirar. Hay algo de humildad ahí, de dejar de reaccionar desde certezas inmediatas para abrir espacio a otras formas de entender lo que tenemos enfrente.

Y eso, en un entorno como el que vivimos, implica ir un poco en contra de la inercia. Darse tiempo. No responder tan rápido. Permitirse no tener una postura inmediata frente a todo.

Y aun así, no es sencillo. Porque mientras uno intenta quedarse en algo, todo lo demás sigue pasando. Siguen llegando historias, urgencias, causas que también importan. Y entonces aparece esa sensación de que, si te detienes demasiado, estás dejando otras cosas fuera.

No sé si estamos hechos para vivir así, si estamos hechos para tener tanta información de manera tan inmediata, siendo “performativos” como humanos, reaccionando con empatía, para señalar que sí lo vimos, que sí lo sentimos, que sí reaccionamos. No sé si estamos hechos para sostener tanto al mismo tiempo.

Tal vez lo único que podemos hacer, por ahora, es tratar de entender qué nos está pasando, siendo apenas la primera generación que vive así.

 

Fabiola Peña

@FabiolaPena