INTELIGENCIA EMOCIONAL

La inteligencia emocional como política preventiva

¿Por qué no pensar en la inteligencia emocional como una política preventiva? | Ingrid Schemelensky

Escrito en OPINIÓN el

¿Por qué no pensar en la inteligencia emocional como una política preventiva

La Inteligencia Emocional (IE), según Mental Health América, es la capacidad de gestionar tanto las propias emociones como comprender las de quienes nos rodean. Su composición está basada en cinco elementos: autoconciencia, autorregulación, motivación, empatía y habilidades sociales, todas las anteriores son igual de importantes para comprender el origen de nuestro comportamiento. 

“Nuestra cultura está muy hecha a sufrir, estamos acostumbrados a perder, y no hacemos nada para cambiarlo. Nos da miedo pensar en qué vamos a hacer el día que dejemos de perder y ya no ser los pobrecitos. Los patrones de comportamientos conscientes e inconscientes van hacia allá”. Estas palabras de la doctora Ofelia Contreras Gutiérrez, investigadora en el campo del aprendizaje y la inteligencia emocional, nos dan la premisa del punto en el que nos encontramos como país. 

El Estado no necesita únicamente nuevas políticas públicas o que se ponga la “austeridad” como discurso central, en lo que realmente se debe trabajar es en la formación de las y los mexicanos. Entender la raíz de tanta violencia, discriminación y rechazo no es sencillo, pero ¿se ha hecho algo para intentarlo? 

Reconocer cómo se siente la población es ofrecer programas gratuitos en autogestión, empatía y regulación emocional; no sólo de apoyo. Es irónico que las opciones más destacadas que imparten estos cursos sean la UNAM, el Tec de Monterrey o la Universidad Anáhuac, considerando que las dos últimas opciones implican un costo poco asequible para una mayoría. 

Claro que hay programas de gobierno, sin embargo, no cuentan con una estrategia de publicidad sólida que permita a las y los ciudadanos conocer e interesarse por tomarlos. Según Expansión Política en 2025, de las 86,800 primarias públicas en México, solo 693 reportaron contar con especialistas en psicología. Y de 35,800 secundarias, fueron tan solo 1064. 

No está mal que festejemos los avances registrados en los distintos indicadores sociales; pero es aún más importante trabajar en su prevención. No estaría mal que un niño, una niña o un adolescente con depresión pudiera acercarse en su escuela a pedir ayuda de forma gratuita y a tiempo, esto es prácticamente una inversión en estabilidad social a largo plazo… la idea no debería ser un deseo, sino una urgencia. 

El artículo 2° de nuestra Constitución dice: “La educación es medio fundamental para adquirir, transmitir y acrecentar la cultura; es proceso permanente que contribuye al desarrollo del individuo y a la transformación de la sociedad, y es factor determinante para la adquisición de conocimientos y para formar a mujeres y a hombres, de manera que tengan sentido de solidaridad social.” 

Trabajemos para que esta cita no se deje en un segundo plano. La educación, con énfasis en la temprana edad, es el pilar de las personas en las que nos convertimos más adelante, un crecimiento sano es sinónimo de emociones congruentes que se alinean a nuestro buen actuar. Si un niño o niña crece en un entorno donde las mujeres aspiran sin restricciones a lo mismo que ellos, más adelante verá totalmente normal que en algún punto, compartan un puesto sin que sea noticia nacional. 

Diversos estudios demuestran que la inteligencia emocional no es tan sólo del Estado hacia sus ciudadanos, sino también para ellos mismos, ya que es esencial para el manejo del entorno laboral actual. Por esta razón es que la IE se ha establecido como un componente indispensable en la gestión pública. Su influencia en la toma de decisiones, la comunicación, el liderazgo y la comunicación plantean el resultado del desempeño y la eficiencia del servicio público. 

Que la capacitación no se limite a buscar la mejora del trabajo cotidiano, el foco de la salud mental no debe fundirse. Aunque suene a cliché, el futuro se marcará por nuestras decisiones. Educar la mentalidad nos ayudará a educar el corazón, pues de cierta forma tenemos dos mentes: una que piensa y otra que siente.

Ingrid Schemelensky

@IngridKSC