EL PODER EN MÉXICO

La reestructurada geometría del poder en México

La política verdaderamente transformadora no consiste sólo en trazar nuevas rutas, sino en atreverse, por primera vez, a salir del polígono de siempre. | Emiliano García

Escrito en OPINIÓN el

El poder en México parece obedecer a una ley física inexorable: todo camino político, sin importar su punto de partida, termina convergiendo en un mismo centro. Esta idea no es nueva: allá en 2004, el Subcomandante Marcos (hoy Galeano) ya planteaba una analogía geométrica para describir nuestro espectro político: una figura de múltiples aristas donde todas las trayectorias terminan por encontrarse en el mismo núcleo de poder real, con distintos colores y la misma carencia de cohesión ideológica.

Más de veinte años después, la metáfora no sólo sigue vigente: se ha perfeccionado. MORENA, el movimiento que promete una transformación real del país podría ser, paradójicamente, el mejor ejemplo actual de esta física política. Tan sólo en el 2022 alrededor de la mitad de sus gobernadores habían militado durante décadas en el PRI. Casos como Layda Sansores en Campeche, Miguel Angel Navarro en Nayarit y, más recientemente, Americo Villarreal Anaya en Tamaulipas y Alejandro Armenta en Puebla no remiten únicamente a trayectorias personales, sino a la persistencia de esquemas anquilosados y redes de poder que sobreviven a cualquier alternancia electoral. (De la Rosa, Y. 2022. https://forbes.com.mx/casi-la-mitad-de-los-gobernadores-de-morena-militaron-en-el-pri-hasta-por-35-anos/)

Como en un juego de espejos, muchos de los "nuevos" actores son viejos conocidos: priistas reciclados, tecnócratas panistas reconvertidos, líderes sociales  progresivamente institucionalizados. La promesa de cambio no se evapora de golpe; se diluye lentamente en la práctica cotidiana del poder, hasta volverse irreconocible

¿Por qué esta irresistible atracción hacia el centro? El problema, sugiero, no está solo en la corrupción o el oportunismo individual, sino en la geometría misma del sistema. Nuestra democracia opera como un campo gravitatorio donde las reglas no escritas: el clientelismo, la centralización presupuestal y la complicidad mediática terminan por doblegar hasta las voluntades más firmes. No se trata de quién ocupa el poder, sino de cómo el poder ocupa a quienes llegan a él.

El sistema está diseñado para absorber, neutralizar y reordenar cualquier impulso disruptivo. Cambian los discursos, los símbolos y las biografías públicas, pero no las coordenadas fundamentales. La eficacia política se mide, no por la coherencia ideológica o la transformación estructural, sino por la capacidad de administrar, reproducir y acrecentar el orden existente en beneficio de los estratos dominantes. 

La auténtica innovación no consistirá en cambiar de color la misma figura, sino en imaginar geometrías radicalmente nuevas. En construir poder desde lógicas que escapen a esta atracción fatal: redes políticas genuinamente descentralizadas, mecanismos de rendición de cuentas que no dependan del favor gubernamental, economías locales interconectadas y articuladas fuera del centro presupuestal. 

Tal vez la salida no esté sólo en corregir las trayectorias, sino en cuestionar el espacio mismo en el que se mueven. Porque en esta geometría política, el problema no es que las líneas converjan, sino que el centro nunca se cuestione, nunca se vea obligado a responder. Mientras sigamos dibujando dentro del mismo plano, toda alternativa posible será absorbida por su lógica. La política verdaderamente transformadora no consiste sólo en trazar nuevas rutas, sino en atreverse, por primera vez, a salir del polígono de siempre. 

Emiliano García

@Emiliano_Marx