Tras el cierre del primer año de gobierno de Claudia Sheinbaum, y el séptimo año de la llamada cuarta “transformación”, es imperativo hacer un balance de lo ocurrido.
2025 se caracterizó por la implementación de reformas cuestionables, como la elección directa de representantes del Poder Judicial, una medida presentada como democrática pero que no atiende el problema central: la urgente necesidad de modernizar y agilizar los procesos judiciales y penales en un país profundamente rezagado en esta materia. La elección directa no elimina, por sí misma, el compadrazgo ni la corrupción. Por el contrario, el proceso observado este año, con acordeones y estructuras partidistas operando en las urnas, abre la puerta a que los mismos grupos políticos capturen los cargos y consoliden nuevas cúpulas de privilegio.
En materia laboral, los avances fueron prácticamente inexistentes, más allá de la llamada “ley silla”. La reforma para reducir la jornada laboral se ha presentado de forma tibia y gradual: una disminución de apenas dos horas por año, con la promesa de llegar a las 40 horas semanales hasta 2030. Resulta llamativo que un movimiento como lo es Regeneración Nacional, que dice abogar por la clase trabajadora haya tardado siete años en mover apenas estas piezas y, sobre todo, que evite a toda costa discutir seriamente la reducción de seis a cinco días laborales, ¿es esta omisión la siguiente consigna electoral para el 2030?
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En seguridad, 2025 volvió a exhibir las limitaciones de la estrategia vigente. Aunque en algunos meses se reportaron reducciones en homicidios dolosos, octubre cerró con un promedio de 54.5 homicidios diarios, el nivel más bajo desde 2015, pero aún alarmante. A ello se suman episodios como el homicidio de Carlos Manzo y el atentado con coche bomba en Michoacán. La pregunta persiste: ¿Cuántos años más se insistirá en una estrategia que no logra devolver la seguridad a la población y cuántas vidas civiles seguirá costando esa obstinación?
2025 marcó también el número 65 desde que Nicholas Kaldor, en 1960, advirtió sobre las limitaciones políticas e institucionales del sistema fiscal mexicano y propuso una reforma estructural. Hoy, esa reforma sigue siendo un fantasma que recorre los pasillos de la Secretaría de Hacienda, ausente tanto del discurso como del papel.
Los datos no son una bola de cristal que adivine el futuro, pero sí son el reflejo del país que se está construyendo. Como ciudadanía, no podemos seguir delegando el futuro a la inercia política. Menos cuando los encargados de tomar decisiones ni nos voltean a ver.
La prevención sigue siendo la mejor política pública. Actuar tarde solo profundiza las heridas de un país que ya llega cansado al inicio de 2026.
