El general Ricardo Trevilla mostró su lado humano. En plena conferencia matutina en Palacio Nacional, detrás lo observaba la presidenta Claudia Sheinbaum, el militar se quebró al informar que los “cobardes ataques” de los narcos al servicio de Nemesio Oseguera Cervantes El Mencho causaron la muerte de 25 militares.
“Un reconocimiento a nuestro personal militar que realizó una operación exitosa. Se puede ver desde muchas ópticas, pero es definitivo que cumplieron su misión, ¿y qué es lo que se demostró? La fortaleza del Estado Mexicano. De eso no hay duda”, dijo el general Trevilla.
Nemesio Oseguera Cervantes El Mencho fue abatido a sus 59 años de edad por el Ejército mexicano -enfatizo la nacionalidad porque hay quienes ven marines estadounidenses en el operativo- la mañana de este domingo 22 de febrero tras un enfrentamiento en el municipio de Tapalpa, a una hora y media de Guadalajara, Jalisco, en el occidente.
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De una familia dedicada al cultivo de aguacate en Michoacán, Oseguera Cervantes pasó al mundo del narcotráfico bajo la sombra de sujetos que encabezaban otras bandas (perteneció al Cártel del Milenio, luego sería escolta de Ignacio Coronel, capo del Cártel de Juárez y luego alcanzaría a ser el número 3 dentro del Cártel de Sinaloa), pero comenzó a “independizarse” hacia el 2010.
La capacidad de organización delincuencial lo elevó a la fama en 2015 cuando derribó un helicóptero militar en Jalisco donde murieron 9 de 16 militares. Un sobreviviente fue asesinado en Morelos en 2025.
En su larga lista de crímenes se anota el asesinato en febrero de 2018 de un grupo de agentes federales del equipo de Omar García Harfuch en Puerto Vallarta. El propio García Harfuch comandó después otro grupo para detener a los autores del crimen. Oseguera atentó en junio de 2020 en contra de Omar García Harfuch en pleno corazón de la Ciudad de México, donde en ese momento era el jefe de la policía, con Claudia Sheinbaum como jefa del gobierno de la CDMX.
En diciembre de 2020 un sicario del grupo de Oseguera asesinó a balazos al ex gobernador de Jalisco, Aristóteles Sandoval.
Este grupo criminal también tiene en su haber amenazas contra una de las periodistas más escuchadas de la radio en México, Azucena Uresti, y se señaló que fue el mismo Mencho quien habría ordenado un ataque a balazos contra Ciro Gómez Leyva hace tres años, aunque el mismo periodista lo considera una versión “inconsistente, débil (y) falta de verdad”.
El Mencho también lograba que grupos musicales ensalzaran su imagen e incluso ponían fotografías suyas con su clásico sombrero de ranchero proyectadas en pantallas gigantescas en medio de conciertos con miles que coreaban las letras que lo hacían ver como un héroe.
Su estrategia era a sangre y fuego. Amenazaba a jefes policiacos, llenaba de dinero a quienes se dejaban o si no los doblaba con plomo. Su negocio se extendió de la cocaína y metanfetaminas al secuestro y extorsión, con una especie de franquicias como si fueran negocios de tiendas de conveniencia… pero quizá lo que desató la ira de Estados Unidos fue que se metiera con el fentanilo.
¿Fue gracias a información de primera mano de Estados Unidos? Periodistas de Fox News y de Reuters han revelado que así fue. ¿Operaron directamente? Lo cierto es que desde el primer momento que se confirmó extraoficialmente y luego de manera oficial se informó que fue el Ejército.
¿Qué sigue? Es esperable un recrudecimiento de la violencia. Ismael El Mayo Zambada fue secuestrado y llevado a Estados Unidos hace año y medio y desde entonces se desató una guerra que desangra a Sinaloa. El Mayo, un capo del narco que durante medio siglo se escurrió de la justicia, cayó cándidamente. Es probable que ahora el abatimiento de El Mencho derive en sangre y en una porción mayor del país: tan sólo este domingo llevaron a cabo 252 eventos en 20 estados: incendiaron tiendas, autobuses, tráileres, autos y obligaron a muchas empresas, escuelas y universidades a declarar este lunes como inactivo para que nadie salga de casa en una decena de estados.
Sin desdeñar el logro de abatir a un criminal del tamaño de El Mencho, este domingo un puñado de criminales pusieron en vilo la serenidad de medio país.
El crimen no puede ser más grande que el Estado mexicano, entendiendo que el Estado se compone por su sociedad, gobierno en sus tres niveles y poderes. Sin embargo, ahora que se ha dado el paso al frente, sea por las presiones de Donald Trump o por decisión propia, lo deseable es que no se den pasos hacia atrás.
El 11 de diciembre de 2006 Felipe Calderón irrumpió en Michoacán con un operativo que marcó el inicio de su guerra contra del narcotráfico. El mundo entero lleva más de medio siglo en su guerra contra el narco, impulsada particularmente por Estados Unidos, el principal proveedor de armas a los criminales y también el principal consumidor de drogas de los que dice perseguir.
En el caso mexicano estamos cumpliendo 20 años de políticas truncas para combatir a los criminales y lamentablemente todas han fracasado.
La presidenta Claudia Sheinbaum dijo este lunes que “regresar a la guerra contra el narco no es opción, no es opción. Primero porque está fuera del marco de la ley. Todos estos de la derecha que se llenan la boca de las palabras ‘estado de Derecho’ y defienden la guerra contra el narco, la guerra contra el narco está fuera de la ley, porque como lo dije es permiso para matar sin ningún juicio y eso en México nadie o muy poquitos están de acuerdo. Y segundo no sirvió de nada más que para aumentar los homicidios y el nivel de violencia en México. Entonces estos llamados autoritarios es ir hacia el fascismo”.
Aunque, habría que aclarar, no se plantea una “guerra” ni “permiso para matar sin juicios”. Lo que se exige es actuar contra los delincuentes con firmeza y, sobre todo, contra los políticos que se suman a las filas del crimen como socios o financiados en sus campañas políticas. Es muy diferente.
Finalmente, unas preguntas:
¿Qué hemos hecho en 20 años, desde el inicio de la “guerra contra el narco” de Calderón? ¿Mejoramos las policías locales? ¿Cumplimos con la evaluación de las policías municipales y estatales? ¿Capacitamos a esas policías? ¿Equipamos a los cuerpos de seguridad de municipios y estados? ¿Logramos mayor control territorial? ¿Qué ha sucedido con delitos como la extorsión, el secuestro y las desapariciones? ¿Los ciudadanos vivimos más tranquilos en cualquier parte del país o sólo hay zonas libres de crimen? ¿Cuánto hemos avanzado en el combate a la impunidad en los delitos, no solo penales sino civiles? ¿Sabemos cuánto se ha reducido, si es que así ocurrió, el mercado de las drogas? ¿Por qué el gobierno dejó de hacer la encuesta de adicciones? ¿Estamos haciendo mediciones precisas de la reducción de homicidios o estamos escondiendo mediante “causas no determinadas” o rasurando las cifras de desapariciones? ¿Ha funcionado eficazmente la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público en la persecución de narcotraficantes y el lavado de dinero? ¿Es en realidad el abatimiento de El Mencho una demostración real de la “fortaleza del Estado”? ¿Veremos caer a los socios políticos de El Mencho? ¿Habrá castigo a la narcopolítica en el México de hoy? Y la pregunta más difícil: ¿Qué hacemos nosotros como ciudadanos por el país? Porque es muy fácil lanzar dardos al gobierno municipal, estatal o federal, pero qué estamos aportando cada uno de nosotros a nuestro país.
Quizá es en la respuesta a estas 17 preguntas donde la “fortaleza del Estado” muestra sus pies de barro.
