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El eterno reto de superar la pobreza en Chiapas

Desde que en 2010 se iniciaron las mediciones oficiales de pobreza en México, Chiapas se ha mantenido como el estado con mayor pobreza en el país. | Ricardo del Muro

Escrito en OPINIÓN el

Chiapas, desde hace muchos años, es el estado más pobre y rezagado de México. A pesar de concentrar gran parte de los apoyos y subsidios federales, el ingreso promedio de millones de chiapanecos sigue siendo dos veces y medio menor que el del resto de los mexicanos. La lucha contra la pobreza se ha convertido en un reto que parece ser eterno, semejante al mítico castigo de Sísifo, donde cambian los gobiernos, pero el rezago permanece. 

No fue sino hasta 1994, cuando la rebelión indígena encabezada por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) obligó a que el gobierno federal volteara su mirada hacia Chiapas: una tierra rica con gente pobre, como se tituló el conocido libro de Thomas Benjamin.  

La distribución del poder y la riqueza en Chiapas, observó el historiador, han cambiado muy poco desde los años cincuenta (del siglo veinte); de hecho, desde los noventa (del siglo XIX). Durante la hegemonía del PRI, el estado fue uno de los principales graneros de votos. Tras la alternancia del año 2000, Chiapas migró políticamente, pero se mantuvo como una reserva estratégica de sufragios: primero para el PRD, luego para el PVEM y en los últimos años, para Morena.  

Sin embargo, los cambios partidistas en el gobierno estatal no se han traducido en mejoras sociales. Desde que en 2010 se iniciaron las mediciones oficiales de pobreza en México, Chiapas se ha mantenido como el estado con mayor pobreza en el país.  

El Informe Anual sobre la Situación de Pobreza y Rezago Social 2026 de la Secretaría de Bienestar mantiene a Chiapas en el primer lugar nacional de marginación: 3 millones 838 mil chiapanecos, equivalentes al 67.4% de la población estatal, viven en pobreza, mientras que 1.6 millones (el 28.2%), sobreviven en pobreza extrema.  

Tras la desaparición del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) el 16 de julio de 2025, la primera medición de pobreza multidimensional realizada por Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) confirmó que entre 2022 y 2024 se redujo en más de ocho millones el número de personas en situación de pobreza y en más de dos millones quienes vivían en pobreza extrema a nivel nacional.  

Sin embargo, los mayores rezagos continuaron concentrándose en el sur del país, y Chiapas se mantuvo como la entidad más pobre de México. Entre 2018 y 2022, se logró una reducción de 10.6% en su población en pobreza, impulsada en parte por las obras emblemáticas del Lopezobradorismo, como el Tren Maya, la refinería de Dos Bocas y el Tren Interoceánico, que generaron empleo para miles de chiapanecos. No obstante, entre 2022 y 2024 esa tendencia se redujo a sólo un punto porcentual.  

No obstante esta mejora, el reporte del INEGI de 2024 confirmó que Chiapas sigue siendo la entidad más pobre del país, registrando a 3 millones 886 mil personas (66%) en pobreza multidimensional y un millón 589 mil (27.1%) en pobreza extrema. Le seguían Guerrero (58.1% y 21.3%, respectivamente) y Oaxaca (51.6% y 16.3%). 

Desde mediados del siglo veinte, Chiapas atrajo la atención de antropólogos, investigadores y misioneros protestantes. El Instituto Lingüístico de Verano (ILV) empezó a operar en 1950 en Oxchuc y, al año siguiente, en 1951, se estableció el primer Centro Coordinador Indigenista Tzeltal–Tzotzil en San Cristóbal de las Casas.  

A partir del surgimiento del EZLN en 1964, se incrementó el interés de los investigadores en ciencias sociales. Desde entonces, el catálogo de la biblioteca de la Universidad de Harvard, por ejemplo, registra la publicación de más de dos mil libros, 38 películas, 30 tesis de grado y 28 artículos en revistas especializadas relacionados con Chiapas.  

La mayoría de estos documentos está relacionado con el carácter indígena de gran parte de los pueblos de Chiapas, la historia de sus orígenes mayas, el plebiscito que determinó su incorporación a la federación mexicana en 1824, así como con los periodos del Porfiriato y la Revolución. En contraste, son escasos los estudios enfocados en la pobreza del estado y, lo que resulta aún más preocupante, suelen quedar confinados al ámbito académico y son ignorados por los políticos y responsables de la toma de decisiones públicas.  

Las cifras revelan la profundidad estructural de la pobreza en Chiapas: 13.6% de analfabetismo adulto, 29% de monolingüismo y 31.1% de rezago educativo. Sólo 66.1% de la población accede a servicios de salud, 77.9% a seguridad social y apenas 50.8% cuenta con servicios básicos en la vivienda. A esto se suman comunidades rurales dispersas e incomunicadas.  

Desde 2021, el estado encabeza de forma permanente la tasa nacional de condiciones críticas de ocupación. Casi la mitad de su población ocupada (48.3%) trabaja en precariedad. La informalidad alcanza 78%, una de las más altas del país.  

Al ser la principal entidad fronteriza con Centroamérica, durante el sexenio anterior Chiapas se convirtió en el epicentro de la crisis migratoria. Sus municipios fronterizos, en especial Frontera Comalapa, adquirieron un valor estratégico en las rutas del tráfico de migrantes, armas y drogas procedentes de Centroamérica.  

Ahí se registraron los primeros enfrentamientos entre grupos criminales y bloqueos carreteros que después se extendieron a otros municipios de la Sierra y llegaron hasta la zona de la Frailesca. El deterioro de la seguridad colocó el restablecimiento de la paz como prioridad central del actual gobierno.  

Combatir la pobreza nunca ha sido una tarea sencilla y se ha convertido, por décadas, en el gran reto de los gobiernos de México y de Chiapas. Como lo plantean los premios Nobel de Economía Daron Acemoglu y James A. Robinson en Por qué fracasan los países (2012), la pobreza persistente no se explica por falta de recursos naturales ni por factores culturales, sino por instituciones históricamente extractivas que han concentrado el poder y las oportunidades en manos de unos cuantos. En Chiapas, durante años, tierras, apoyos públicos y decisiones políticas quedaron bajo el control de élites locales, cacicazgos y redes clientelares: un sistema donde pocos deciden y la mayoría apenas sobrevive.

 

Ricardo del Muro

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