AUSTERICIDIO MÉDICO

El austericidio médico, la factura humana del ahorro mal entendido

La salud pública no es un gasto innecesario, es una obligación e inversión estratégica a largo plazo, ignorarla no es austeridad, es negligencia suicida/homicida. | José Manuel Armenta

Escrito en OPINIÓN el

austericidio: acrónimo de austeri[dad] + [sui]cidio con el significado de ‘suicidio por austeridad’.

El término austericidio define perfectamente a la cuarta transformación del país, que en nombre del ahorro y de la justicia social destruyó por completo la capacidad institucional del sector salud. La “lógica” empezó a aplicarse en el sector salud a partir de 2019, tras la extinción del Seguro Popular —el cual cubría a más de 50 millones de personas— y su reemplazo por el INSABI, que transicionó al IMSS-Bienestar, acompañado de su transformación y de recortes presupuestales por 122 mil millones de pesos entre 2024 y 2025. No se logró una mayor eficiencia; fue la destrucción de una estructura técnica que había tardado décadas en construirse y de la que dependían millones de vidas.

Según el Instituto Nacional de Salud Pública, tras la eliminación del Seguro Popular, el número de mexicanos sin acceso a servicios públicos se duplicó entre 2018 y 2024. El INSABI nunca llegó a cubrir los niveles del Seguro Popular y, tras ser extinguido en el 2023, dejó un vacío que representa a millones de personas que el IMSS-Bienestar aún no ha podido cubrir. Estos recortes se tradujeron en desabasto de medicamentos, recortes de personal especializado y una menor inversión en la prevención de enfermedades, lo que deterioró aún más la capacidad de respuesta epidemiológica del país.

Desde hace décadas, México había logrado erradicar endémicamente la transmisión del sarampión gracias a su Programa de Vacunación Universal, que cubría a más del 95% de la población. Sin embargo, entre 2025 y lo que lleva 2026, la cobertura de la primera dosis de la SRP o triple viral cayó por debajo del rango recomendado por la OPS/OMS de 95% y la segunda apenas alcanzó el 79%. Tras esto, la Secretaría de Salud registra 9,187 casos confirmados y 28 defunciones por la enfermedad hasta febrero de 2026, lo que deja al país como líder regional en contagios según la OPS/OMS. Esto no es un error menor; responde a la priorización del gasto corriente sobre la prevención, a la interrupción de las cadenas de suministro y a la reducción de las brigadas de vacunación

El error doméstico ya tiene proyección internacional debido a que México será coanfitrión del Mundial de Futbol 2026, un evento que debería funcionar como vitrina internacional para el país. No obstante, el brote de sarampión ha generado alertas epidemiológicas de la OPS y recomendaciones de vacunación para turistas que planean visitar el país. Aunque una vacuna pueda cubrir al turista, el brote de sarampión que azota al país revela algo más grave: un fallo estructural, básico y prevenible. La desconfianza hacia el sistema de salud y de salubridad surge cuando algo que era sencillo de sostener se escapa y se convierte en miles de casos. 

El turismo, que durante el 2025 trajo más de 30 mil millones de dólares en divisas, equivalentes al 8.5% del PIB, es un pilar de la economía mexicana y entra en riesgo ante cuestionamientos y un sistema de salud debilitado, con posibles repercusiones a largo plazo.

La solución no es ideológica, sino tecnocrática. Recuperar lo que ya se estaba haciendo antes para regresar a niveles de vacunación del 95% y a los presupuestos, con un criterio de costo-beneficio, son las medidas que cualquier gobierno responsable tendría que tomar. La salud pública no es un gasto innecesario; es una obligación e inversión estratégica a largo plazo. Ignorarla no es austeridad; es negligencia suicida/homicida

José Manuel Armenta

@JoseM_Armenta