CIDE

CIDE: la rebeldía y la institución

El conflicto que se ha vivido en el CIDE no se trató del rechazo de un directivo identificado con la 4T, sino de la forma de imposición y de las primeras expresiones del Dr. Romero, luego de su designación como interino. | José Roldán Xopa

Escrito en OPINIÓN el

Para entender el conflicto que se ha vivido en el CIDE habría que conocer su objeto e historia. Que la imposición de su directivo haya sido el detonante del conflicto al no considerar la expresión de la mayoría de la comunidad, reveló el desconocimiento y/o el desprecio por las condiciones de gobernanza previstas en la normativa y arraigadas en la institución.

No se trató del rechazo de un directivo identificado con la 4T, sino de la forma de imposición y de las primeras expresiones del Dr. Romero, luego de su designación como interino.

Conviene hacer un poco de memoria. En el proceso para designar al Director General se tuvo a dos candidatos identificados con la 4T: Romero Tellaeche y Vidal Llerenas (actual subsecretario en la Secretaría de Economía). En la consulta a la comunidad nos expresamos mayoritariamente en favor del Doctor Llerenas. Esta opinión fue despreciada.

A diferencia de lo que sucede en estructuras administrativas jerarquizadas en las que opera el mando y control, las instituciones académicas requieren otra forma de conducción y administración. La estructura de las secretarías de Estado se basa en la instrucción y la obediencia. La lógica del gobierno es de “arriba hacia abajo.”

En las instituciones académicas y, en particular, las de investigación, la función sustantiva requiere de elementos institucionales que la hagan posible. La ciencia se sustenta en metodologías de tesis y antítesis, de comprobación y falsabilidad, de libertades de pensamiento, investigación, expresión. La investigación no solamente tiene ámbitos personales sino también colectivos y de comunidades de conocimiento. Las comunidades de conocimiento operan también como controles intersubjetivos (la revisión por pares o comités, sean anónimos o no). De ahí que las formas colegiadas en distintos niveles (sea en las divisiones académicas, o entre ellas) sean necesarias.  Esto conduce a que las formas de gobernanza sean más “horizontales”. 

Así, por ejemplo, un Director de División Académica (economía, derecho, historia, etc.) requiera para conducir su División de la participación de su cuerpo académico. La aprobación de un programa académico, una línea de investigación, requiere la participación de su profesorado. La conducción académica necesita también de formas de “abajo hacia arriba”. Un Director de División no es un “comisionado” del Director General, sino también un representante de los profesores de su División y portavoz de los intereses académicos divisionales. Su participación en los órganos colegiados se da en condiciones de autonomía respecto de los demás participantes, pudiendo inclusive ser diferente al del Director General. Este último puede quedar con votación minoritaria de un órgano colegiado.

El Director General requiere de “construir acuerdos” para conducir, más que imponerlos. Cuando Romero destituyó al profesor Madrazo como Director de la Sede del CIDE en Aguascalientes (por defender la permanencia de sus profesores contratados como Cátedras Conacyt), argumentando “ser su superior”, no solamente ignoraba la lógica del gobierno académico sino que alimentó la confrontación.

El conflicto tuvo un alto componente personal. Las expresiones ofensivas hacia los profesores y alumnos, las decisiones arbitrarias, las limitaciones en la gestión administrativa, la cooptación de plazas, la extremada delegación de funciones, los desplantes y la pérdida de interlocución y de gestión con las autoridades centrales fueron minando y deslegitimando su permanencia. Aun si pudiera apreciarse como pieza clave en la implementación de un proyecto político, se convirtió en una carga.

En la apreciación extramuros, hay lecturas binarias (neoliberalismo v. transformación, es la más notoria). Nada más alejado de la realidad. Sólo vive en la cabeza de quienes la verbalizan. El CIDE ha sido una institución plural, diversa, con debates intensos. En ella han convivido diversas corrientes de pensamiento y de preferencias políticas. Permítanme detenerme, como ejemplo, en Nacho Marván colega de muchos años, cercano a AMLO, pero que jamás compartió la designación de Romero y fue su crítico al igual que muchos de nosotros. Las coincidencias nunca obedecieron a objeciones ideológicas, sino a la necesaria preservación de los mecanismos y códigos institucionales que hacen del CIDE un referente.

La ideologización del debate en blanco y negro, derecha e izquierda u otros fraseos similares no deja de ser una formulación panfletaria que ve al CIDE como un terreno de captura y exclusión. Nada más alejado de lo que debe ser una institución de investigación y docencia. El panfleto es una pobre manera de sustituir la ausencia de reflexión seria de lo que es y debe ser la política en ciencia y la función de instituciones como el CIDE.

 

José Roldán Xopa 

@jrxopa