Desde hace siete años, el 24 de enero es un día destinado a la reflexión y a la promoción de la cultura africana, y de las y los afrodescendientes en todos aquellos rincones del planeta a donde llegaron miles de personas extraídas de manera violenta de sus lugares de origen para ser insertadas en otros para ser explotadas y mancilladas. Más, como parte de esos desplazamientos forzados también surgieron expresiones culturales que han dado identidad a un sinfín de pueblos lejanos al continente africano, pero herederos de sus ricas tradiciones, costumbres, visiones y artes.
México fue uno de esos lugares a donde fueron desplazadas millones de persones durante la época de administración política por parte de la corona española, y cuya herencia y aportaciones culturales han permanecido visibles a escala social, pero invisibles a nivel institucional, hasta los últimos años, con motivo de un impulso internacional al reconocimiento de las comunidades y personas afrodescendientes, derivado de la implementación del Decenio Internacional para los Afrodescendientes, promovido por la Organización de las Naciones Unidas, con el objetivo de proteger los derechos de las personas de ascendencia africana, reconociendo sus aportaciones y la preservación de su rico patrimonio cultural.
Casi al final del decenio, en 2023, se realizó el foro “Balance y Prospectivas de los Pueblos Negros de México” en la Casa de la Cultura de Oaxaca de la UNAM, por parte del Programa Universitario de Estudios de la Diversidad Cultural y la Interculturalidad, y a partir de este, se obtuvieron algunas conclusiones.
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Una de las participantes en el foro fue Sagrario del Carmen Cruz Carretero , quien resumió que, a lo largo de dicho período de tiempo, comprendido entre 2015 y 2024, “destaca la defensa de igualdad ante la ley, el juicio justo, presunción de inocencia, libertad de pensamiento, opinión, reunión, defensa de minorías, salvaguardar la vida, la no tortura, no penas con tratos crueles y degradantes; la no esclavitud, no al trabajo forzoso, la no detención arbitraria y la no injerencia en vida privada; asimismo, otros postulados más discutidos y exigidos con énfasis por el movimiento afro a partir del Decenio, son la no discriminación, la no apología del odio racial o religioso y el reconocimiento que derivó en la inclusión constitucional de los afrodescendientes en 2019”.
Además, el documento señala que por primera vez se incluyó a los pueblos afrodescendientes en los ejercicios estadísticos del Censo, y algunos sobre la garantía del derecho a la no discriminación
Sin embargo, México no suscribió como tal el Convenio del Decenio por los gobiernos en turno, ni celebró un acto oficial en la materia. Pero, sí firmó acuerdos internacionales, como la Convención Interamericana contra toda Forma de Discriminación e Intolerancia de la Organización de Estados Americanos, que avala algunas de las propuestas del Decenio
Posterior al período analizado por el informe, el 30 de septiembre de 2024 se publicó en el Diario Oficial de la Federación la reforma constitucional en materia de pueblos indígenas y afrodescendientes, consistente en la modificación o derogación de algunas fracciones del artículo 2 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
Parte de estos cambios consistieron en el reconocimiento de los pueblos y las comunidades afrodescendientes, así como “la protección de su identidad cultural, modos de vida, expresiones espirituales y de todos los elementos que integran su patrimonio cultural, material e inmaterial y su propiedad intelectual colectiva, en los términos que establezca la ley”.
Además, de “la promoción, reconocimiento y protección de sus conocimientos, aportes y contribuciones en la historia nacional y a la diversidad cultural de la Nación, debiendo quedar insertas en las modalidades y niveles del Sistema Educativo Nacional”, así como, “ser incluidos en la producción y registros de datos, información, estadísticas, censos y encuestas oficiales, para lo cual las instituciones competentes establecerán los procedimientos, métodos y criterios para inscribir su identidad y autoadscripción”.
En el caso de las mujeres afrodescendientes, “a participar de manera efectiva y en condiciones de igualdad sustantiva en los procesos de desarrollo integral de sus pueblos y comunidades; en la toma de decisiones de carácter público; en la promoción y respeto de sus derechos de acceso a la educación, a la salud, a la propiedad y a la posesión de la tierra y demás derechos humanos”.
Y en el de las infancias y juventudes afrodescendientes, “a una atención adecuada, en sus propias lenguas, para hacer efectivo el conocimiento y ejercicio pleno de sus derechos de acceso a la educación, a la salud, a la tecnología, al arte, la cultura, el deporte y la capacitación para el trabajo, entre otros”.
Además de instar a los gobiernos federal, estatal y municipal a promover acciones para “eliminar la discriminación, racismo, exclusión e invisibilidad de las que sean objeto los pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas”.
Sin, embargo, aún está pendiente la promulgación de la Ley General de Derechos de los Pueblos Indígenas y Afromexicanos, que sentará las bases para ejercer su carácter de sujetos de derecho público, con personalidad jurídica y patrimonio propio; el reconocimiento de su libre determinación, autonomía y autogobierno; garantizar el ejercicio de los derechos de las personas pertenecientes a este sector de la población; dar protección de personas migrantes indígenas y afromexicanas en territorio nacional y en el extranjero; establecer las bases, metodologías y procedimientos para la implementación del derecho a ser consultados; garantizar el ejercicio efectivo de sus derechos y su desarrollo integral, intercultural y sostenible sin discriminación, entre otras cosas.
En comparación con el estado de la situación al principio del Decenio, los avances son sustantivos, pero, si se toman en cuenta los siglos de invisibilización, discriminación, segregación, violencia, estereotipación, vulneración, y muchas otras situaciones detonantes de vulnerabilidad, por parte de los gobiernos y de la sociedad en general hacia con las personas afrodescendientes, los avances aún son mínimos y se requieren grandes esfuerzos para terminar de reconocer e incluir a nuestra raíz cultural africana.
