VOTO DE LA CIUDADANÍA

¿Qué sería lo ideal para el ejercicio del voto?

Con nuestra credencial digital imaginemos que para las elecciones presidenciales de 2030 podemos acreditarnos para votar de dos maneras: vía biométrica o bien, con nuestra credencial digital. | Fernando Díaz Naranjo

Escrito en OPINIÓN el

El voto es uno de los derechos y tal vez el más importante en un sistema democrático como el nuestro. El voto es la manifestación de la ciudadanía puesta en las urnas; el voto representa el sentir de la población; el voto es el que dictamina a quién se le otorga el poder público; el voto debe ser siempre una fiesta cívica, y el voto es la columna vertebral de una democracia sana.

Sin embargo, la participación ciudadana para ejercer su voto en elecciones ha perdido fuerza en los últimos años. En la elección presidencial de 2024, elección en la que generalmente participa una población importante, un 40.2% de las personas electoras no asistieron a las urnas, y los jóvenes de 19 a 29 años han sido consistentemente el segmento de la población que se ha colocado por debajo del umbral medio de votación.

¿Qué es lo que está sucediendo?  ¿Hartazgo? ¿Desinterés? ¿Apatía? ¿Desinterés? ¿Enojo?  Por ello, es necesario pensar en una nueva forma de votación. 

Comparto en este sentido una propuesta imaginativa que podría motivar y, a la vez, optimizar el voto de las y los ciudadanos.

Imaginemos que finalmente podemos contar todas y todos con nuestra credencial de elector digital que, como hemos visto, no solo es un medio para ejercer nuestro voto, es prácticamente una cédula de identidad nacional con la que podemos hacer multiplicidad de trámites.

Imaginemos que las campañas electorales se realizan a través de plataformas digitales; no más tumultos de propaganda; volantes; cartas felicitándonos por nuestro cumpleaños, mítines, etcétera.

Con nuestra credencial digital imaginemos que para las elecciones presidenciales de 2030 podemos acreditarnos para votar de dos maneras: vía biométrica o bien, con nuestra credencial digital.

Imaginemos que existen dos modalidades de votación: de forma anticipada algunos días antes de la jornada electoral para poder votar por internet, o bien, el día de la elección para poder asistir a nuestra casilla y votar en urna electrónica.

Ambos mecanismos ya han sido probados con éxito y, con ello, se garantizaría la optimización del voto, la posibilidad de que nuestras juventudes voten, contar con resultados prácticamente en tiempo real, así como un ahorro de recursos en un mediano plazo.

Imaginemos que no hay boletas electorales de papel, que digitalmente podemos votar por elecciones federales y locales; que las boletas, además, tienen la fotografía de las y los candidatos e incluso, a través de un link en su nombre se nos pueda presentar una breve reseña de su trayectoria académica y política.

Imaginemos que votar en una boleta virtual nos advierta que determinadas opciones no son válidas, por ejemplo, determinadas alianzas (coaliciones) de partidos políticos ya sea federal o local.

Imaginemos que no necesitamos de personas escrutadoras que cuenten los votos, ni de programas de resultados electorales preliminares.

Imaginemos que este modelo digital de votación se implemente también para diversos ejercicios de participación ciudadana: referéndum, iniciativa ciudadana, revocación de mandato, entre otras.

Imaginar no cuesta nada. Stevenson señalaba que imaginar es la capacidad de pensar abriendo un abanico de posibilidades.  Imaginar es una ruta, imaginar puede ser una meta, imaginar puede ser realidad si así nos lo proponemos.

Ojalá y, en el contexto de la Reforma Electoral tan anunciada las y los legisladores tuvieran el mismo sueño e imaginaran lo mismo que yo. ¡Ojalá!

 

Fernando Díaz Naranjo

@fdodiaznaranjo