MULTILATERALISMO

Multilateralismo de cristal

Si un país basta para dar la vuelta a la noción de humanidad que se creía viable y posible, entonces el multilateralismo y la cooperación pendían de filos muy endebles. | Carlos Gastélum

Escrito en OPINIÓN el

A principios de este siglo, Robert Kagan, un ideólogo de la corriente del neoconservadurismo estadounidense, escribió “Poder y debilidad: Estados Unidos y Europa en el nuevo orden mundial”. El texto tenía una tesis central: con el fin del comunismo y la caída de la URSS, la paz global se había alcanzado gracias al poderío militar estadounidense. 

Sugería Kagan que Europa vivía, finalmente, la utopía kantiana de la “paz perpetua”. Al desaparecer la amenaza soviética, y consolidados los organismos como la OTAN con el respaldo norteamericano, los europeos podrían despreocuparse de los entornos violentos que durante siglos vivieron. Estados Unidos se encargaría de resguardar la paz y, ante la eventual aparición de rogue states (“estados rebeldes”), este vendría al rescate, como luego sucedería -no sin amplias críticas- con los casos de invasiones en Afganistán e Irak tras los ataques del 11 de septiembre.

Además del enfoque militar, la idea de una gobernanza global liderada por Estados Unidos ya venía tomando forma desde mediados del siglo pasado. La creación y desarrollo de organismos internacionales multilaterales -muchos de ellos financiados fuertemente por el gobierno norteamericano- suponían espacios de entendimiento entre las naciones para prevenir conflictos, establecer estándares compartidos, o bien brindar financiamiento hacia países que lo necesitaban. Es verdad que ni las guerras terminaron, ni el intervencionismo del hegemón -principalmente en América Latina- se desvaneció, lo que generaba dudas sobre la eficacia real de estos órganos.  

No obstante, a medida que la globalización y el intercambio económico internacional se aceleraron, la idea de la cooperación y el multilateralismo llenaban los libros de las carreras de relaciones internacionales. Las teorías “realistas” basadas en capacidad de fuego parecían, de alguna manera, superadas aunque nunca omitidas. En su lugar, ideas como la “aldea global”, “el fin de la historia” o ser “ciudadanos del mundo”, generaban alguna esperanza de haber puesto punto final a los escenarios más catastróficos de aniquilación mutua entre potencias poderosas.

Sin embargo, todavía no acaba enero de 2026 y muchas de esas ideas parecen menos ciertas de lo que realmente eran. Los eventos internacionales sucedidos en semanas recientes hacen pensar que estas teorías de escritorio sobre el multilateralismo y la paz perpetua son tan frágiles como un cristal. 

Estados Unidos anunció su retiro de múltiples órganos internacionales, lo que, sin el financiamiento de este país, pone en duda su viabilidad en el corto y mediano plazo. Las invocaciones a la seguridad hemisférica en el caso de Groenlandia, y las primeras señales europeas de retaliación están lejos del ideal kantiano. Las detenciones extraterritoriales de cuestionados mandatarios latinoamericanos, y los “veneros del diablo” en las geografías sudamericanas revelan abiertos intereses otrora disfrazados de voluntarismo democrático.

Si el mundo cambió es porque los intereses y prioridades de Estados Unidos cambiaron. El momento de la historia que nos toca vivir tiene parámetros distintos para los que se pensó el diseño internacional frente a la existencia de un eje del mal, el comunismo aniquilador de los principios liberales, o líderes fanáticos en Oriente Medio que amenazaban los valores -y negocios- occidentales. 

Pero si un país basta para dar la vuelta a la noción de humanidad que se creía viable y posible, entonces el multilateralismo y la cooperación pendían de filos muy endebles capaces de desaparecer mediante el control de un partido y un líder. Nada es definitivo, aún, pero las señales de unilateralismo y las tensiones de violencia global, sugieren que un pulso unilateral basta para volar en mil pedazos el multilateralismo de cristal en el que creímos alguna vez.

Carlos Gastélum

@c_gastelum