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¿Por qué habrá más incertidumbre política en 2026?

La incertidumbre política se mantiene como el principal riesgo para la economía. | José Antonio Sosa Plata

Escrito en OPINIÓN el

La incertidumbre es un fenómeno que aumentará en los países democráticos durante 2026. Las causas son diversas. Los conflictos armados, las disputas comerciales entre las grandes potencias, los giros abruptos en las tendencias y resultados electorales y la inseguridad, entre muchos otros problemas, no permiten hacer pronósticos certeros de lo que sucederá.

El mundo asiste de nuevo a una zona de incertidumbre. La mayoría de los analistas coinciden en que las decisiones de mayor impacto son las que está tomando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Pero también —paradójicamente— coinciden en que con él no hay sorpresas. El mandatario cumple gran parte de lo que dice que va a hacer.

En consecuencia, la raíz del problema estaría en otro lado. Algunos expertos internacionalistas aseguran que el incremento de las tensiones geopolíticas surge por las guerras comerciales o por el incumplimiento de las normas y acuerdos internacionales en la resolución de algunos conflictos. Otros, que los focos de inestabilidad se multiplican por el resurgimiento del populismo a nivel internacional. 

La polarización en la que muchos líderes han metido a sus pueblos les provoca ansiedad, tensión, intranquilidad, enojo, frustración, desesperanza o parálisis en muchas personas por los riesgos que ven para su futuro. La inseguridad, la corrupción y la debilidad de los sistemas de salud; la pérdida del empleo, la falta de vivienda o la reducción del poder adquisitivo, disparan los temores. Y si hay miedo, hay incertidumbre.

Por si no lo leíste: Certidumbre a la inversión para que México crezca: Manuel Romo, CEO de Banamex. 

Otros estudios subrayan la importancia que la ciudadanía le da a la falta de confianza en sus líderes. Si bien los estudios de opinión colocan a sus dirigentes con altos niveles de popularidad, las calificaciones no corresponden con los niveles de aceptación de las decisiones que están tomando en los temas que afectan su estabilidad personal y familiar. 

Aún más. El nuevo escenario “justifica” los bandazos electorales que han sucedido durante los últimos años, pero esta situación no reduce la incertidumbre. Cuando la ciudadanía percibe o padece efectos negativos en su entorno inmediato, se vuelve pragmática. Por eso, ante los riesgos y la incertidumbre, opta por un cambio drástico. 

En consecuencia, las estrategias y narrativas de comunicación política se han adaptado a las nuevas necesidades “del mercado”. Apelan más a las emociones que a las realidades. Priorizan la confrontación, el escándalo, las descalificaciones y agresiones. Se concentran —como nunca antes— en los incumplimientos, errores y debilidades de los adversarios y los convierten en amenazas para el futuro cercano. Lo único que parece importar en sus mensajes es que cumplirán la promesa de un “cambio”.

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Por otra parte, la incertidumbre política se mantiene como el principal riesgo para la economía. Aunque hasta ahora no se han experimentado los efectos tan negativos que hemos vivido en ocasiones anteriores, los estudios de los profesionales muestran su preocupación por los escenarios inciertos que se vislumbran para el año que recién comenzó.

En México y en muchas otras naciones persiste la preocupación por la inseguridad y la vulnerabilidad de la economía. La incertidumbre también está presente en los fenómenos naturales. Cada vez son de mayor impacto y se está haciendo muy poco para prevenir y detener el calentamiento global con mayor eficacia. 

Además, hay incertidumbre sobre las capacidades de los gobiernos para mantener los programas sociales dentro de los parámetros crecientes que se necesitan. El hecho se vincula, además, con las dificultades que enfrentan algunos líderes para resolver los problemas que tienen los sistemas de salud, los programas de vivienda o los seguros de desempleo.

Consulta: Marta Rebolledo. "La comunicación política en tiempos de incertidumbre", en Nuevas Tendencias, Número 99, pp. 16-20.

La incertidumbre —desde la perspectiva de los analistas y consultores— está relacionada con la dificultad para predecir la evolución de las variables políticas, económicas y sociales. O, para decirlo en términos más concretos, transitan por la incertidumbre cuando no están preparados para hacer frente a los acontecimientos sorpresivos, disruptivos o poco frecuentes de sus ámbitos de acción.

Como es bien sabido, para salir bien librados de los escenarios complejos, volátiles y disruptivos existen diversos mecanismos de prevención. Afortunadamente, existen metodologías, estudios prospectivos, diseño de escenarios y protocolos para reducir los niveles de riesgo. También es posible medir la incertidumbre y cuantificar algunos de sus impactos a través de diversos indicadores. Lo cierto es que en México aún nos falta mucho camino por recorrer.

Uno de los mejores ejemplos de los gobiernos que sí y no estuvieron preparados para la incertidumbre fue la pandemia del Covid 19. Fue un suceso extraordinario y sorpresivo que representó grandes retos para mantener en la mejor medida posible la salud y bienestar de la población, además de la gobernabilidad y el control de las economías. 

Hoy, los riesgos son diversos y tal vez ninguno tan grande como el que vivimos durante más de dos años. Sin embargo, la acumulación de los casos de riesgo con los que terminamos 2025 nos obliga, nuevamente, a tener una mayor y mejor preparación y a contar con mejores protocolos y estrategias de comunicación política.

Recomendación editorial: Martín D’Alessandro (compilador). Lecciones contra la incertidumbre política. Buenos Aires, Argentina: EUDEBA, 2019.

 

José Antonio Sosa Plata

@sosaplata