Me han preguntado en distintos foros a los que he concurrido; si es que sé quién revisó jurídicamente la iniciativa presidencial de la semana laboral de cuarenta horas. No he sabido responder con certeza. Esto porque extraña a cualquier especialista, que una propuesta histórica tan importante, tenga tantos retrocesos en perjuicio directo de los trabajadores.
Con esta inquietante iniciativa, me pareciera ver caminar a mi gato imaginario Alfínedes, quien da un paso adelante, pero luego retrocede otros cinco.
Es como llegar a la meta en una carrera de obstáculos, solo para que te digan que tienes que retroceder cinco puestos. Reclamas: ¡Esto es un fraude! ¡Un engaño! Es así como lo estamos viendo varios especialistas, entre los que me incluyo.
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Apenas el pasado martes 6 de enero, en pleno Día de Reyes, tuve la oportunidad de escuchar una interesante disertación en el espacio de “Los maestros opinan” convocada por el Instituto de Posgrado en Derecho y la Academia Mexicana del Derecho Procesal del Trabajo se realiza el primer martes de cada mes.
Fue una charla muy enriquecedora, con abundantes aportes críticos a la iniciativa de la jornada de 40 horas semanales que, por fuera luce impecable, blanca y pulcra; por dentro, lamentablemente, huele muy mal. Los invitados fueron la doctora María de los Ángeles López Martínez, Presidenta de la Academia Mexicana del Derecho del Trabajo y de la Previsión Social, y el Magistrado en retiro y académico Héctor Mercado López. Moderado por dos grandes estudiosos, el maestro Gilberto Chávez Orozco y el doctor Rafael Tena Suck.
Fue, sin duda, un espacio que nos invita al debate serio sobre el rumbo de las políticas laborales en México. La pregunta sigue en el aire: ¿quién se aseguró de que esta iniciativa protegiera realmente a los trabajadores?
Reflexionaron principalmente sobre 22 puntos:
- La llamaron “la iniciativa de la mentira”.
- Hicieron una crítica a la reforma de 40 horas por mantener una jornada de seis días de labores y uno de descanso. No se mueve ni un ápice la fracción IV del artículo 123 Constitucional en su apartado “A”, ni el 69 de la Ley Federal del Trabajo.
- La reforma de las 40 horas está diseñada para legalizar trabajar más de ese tiempo. Ahora las horas extras serán más baratas, cumpliendo el sueño patronal. Ya no se pagará al triple después de las nueve horas. Todas en barata, al doble nada más.
- Ahora el patrón te podrá obligar a laborar cuatro días de hasta cuatro horas extra a la semana. Los conferencistas replican, antes solo podrían ser tres días y ninguno consecutivo. Reflexionan, ¿quién cree ese cuento de que habrá acuerdo entre las partes si más del 99% de los trabajadores carece de un contrato colectivo de trabajo y de un sindicato? ¿Quién se atreverá a contravenir al patrón?
- No se entiende por qué se redefine la figura de patrón o empleador. Los conferencistas preguntan qué tiene que ver la reforma de cuarenta horas con la definición de patrón. Ahora se plantea que un empleador sea únicamente quien contrata, ¿y qué ocurrirá con los que no tienen contrato? Con esta definición realizada de mala fe, se desprotege a quienes carecen de un contrato por escrito, parece que regresamos a los tiempos del derecho mercantil.
- Reconoce sólo el tiempo efectivo laborado para el trabajador. Desaparece de facto la definición de jornada de trabajo que “es el tiempo durante el cual el trabajador está a disposición del patrón para prestar su trabajo”.
(Mientras escribo, veo cómo se irrita mi gato Alfínedes, quien va de un lado a otro). - Estamos llegando con este nuevo derecho laboral de corte patronal sin disimulo que, mientras el empleador no dé una orden, no hay relación de trabajo. Si no has empezado tus labores, no ha iniciado tu jornada y, por tanto, careces de derechos laborales.
- La reforma permite arbitrariedades porque consiente que sea el patrón quien distribuya las cuarenta horas de trabajo ordinario y doce del extraordinario.
- La realidad salarial de los trabajadores es alarmante. Quienes viven de los salarios que tienen los obreros apenas habitan en los sótanos de las casas, los que no, se refugian en las coladeras. Los trabajadores, generalmente endeudados, demandan laborar horas extras, y ahora la reforma que está en espera de ser discutida por nuestros legisladores, permite que se extiendan las jornadas de trabajo, sin un pago adicional.
- La iniciativa no considera los traslados de los trabajadores a los centros de trabajo que en algunas ciudades importantes tardan hasta dos horas de ida y otras dos horas de regreso. Este factor impacta directamente en la jornada laboral real y en la vida de las personas.
- La iniciativa no indica qué ocurre si el trabajador labora más de 12 horas de trabajo, y esta indefinición propicia que se paguen en un 200% y no en un 300%.
- Se preguntaron el porqué se sigue manteniendo la jornada máxima de 8 horas, 7 horas y media la mixta y siete horas la nocturna. Estas horas tuvieron que reducirse, pero no fue así, la iniciativa no lo contempla.
- Hicieron una crítica de la exigencia del registro de la jornada laboral “de manera electrónica”. Cuestionaron la dificultad que tienen las MIPyMEs para adquirir este tipo de controles. Más del 85% de los trabajadores están en condiciones precarias. La medida es irreal y excluyente.
- ¿Quién va a vigilar que se cumplan con estás disposiciones si la mayor parte de los trabajadores, más de las dos terceras partes, laboran en este tipo de pequeñas empresas? La pregunta deja en evidencia la debilidad de la supervisión y la protección laboral.
- La mayor parte de las industrias son de carácter local, donde se tienen inspectores de apariencia, unos cuantos, solo para decir que hay inspección. A nivel federal apenas superan los 700 inspectores que tienen como propósito revisar medidas para la prevención de riesgos de trabajo. Lo referente a las condiciones de trabajo no es de su competencia.
- Se preguntaron los conferencistas, ¿por qué un gobierno que se identifica con una corriente progresista impulsa una reforma regresiva?
- Auguran un periodo de transición complicado y confuso porque a partir de 2027 no podrán ser más de 9 horas extras, 10 en 2028, 11 en 2029, y 12 horas extras en 2030.
- Mencionaron que es la peor iniciativa de los últimos años (alguien replicó, la de plataformas digitales no se queda atrás), la más regresiva en contra de los trabajadores. Es una reforma tramposa, de buenas intenciones está lleno el infierno, y esta iniciativa es el infierno mismo.
- Es una reforma que da facultades inauditas a la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), como si fuera el Congreso de la Unión, para desconocerlo. Dice la iniciativa: La STPS “expedirá las disposiciones de carácter general que determinen el ámbito de aplicación…”
- Se preguntaron qué va a pasar con los vigilantes, que laboran 12 horas por 12 de descanso y de 24 por 24 horas, incluso algunos llegan a trabajar hasta 96 horas semanales, y solo reciben el salario mínimo. La iniciativa no ofrece solución alguna a esta realidad.
- Los trabajadores no van a demandar cuando se violen sus derechos, porque al día siguiente se van a la calle.
- El horario (de inicio y finalización de las labores), y la jornada laboral, se conciben como cosas distintas, en esencia permite legitimar el tiempo efectivo de trabajo, invisibilizando otras formas de subordinación y disponibilidad del trabajador.
Los conferencistas hicieron un llamado a los legisladores para que eviten se apruebe la iniciativa por representar un golpe a los derechos de los trabajadores, que éstos y sus sindicatos deben alzar la voz y no permitir que un remedo de ley así se apruebe.
Hacemos un llamado, dijeron, para que se escuche y se analice que están traicionando, que están cometiendo un gravísimo error. Dijeron a los legisladores que voten con independencia. Sabemos que estamos en las utopías, afirmaron.
Pareciera que la iniciativa forma parte de un esfuerzo gubernamental para hacer que el mercado laboral sea más “flexible” y “barato” a favor de los intereses patronales. No es un cambio aislado en la legislación laboral.
Mi gato imaginario Alfínedes, terminando de presenciar el evento, se fue a su lugar favorito, arriba del librero, un lugar estratégico para mirar todo alrededor y sentirse intelectual.
Desde allí lamiendo sus patas, me miró fijamente y lanzó un maullido con ansiedad, como diciendo:
¿Qué esperan?
