Este fin de semana tuve oportunidad de ver los primeros capítulos de la serie “El Lobo de Dios” sobre la vida del fundador de la congregación de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel y, aunque desde hace muchos años tengo conocimiento y he dado seguimiento a esta negra historia, no deja de provocarme indignación y asco. Sin duda lo más grave de este repulsivo personaje, es la violencia sexual y psicológica ejercida contra niños cuyos papás confiaron en él y los dejaron a su cuidado para cumplir con su vocación religiosa.
Se calcula que aproximadamente desde 1940 abusó cuando menos de 60 menores de edad y vivió en la impunidad hasta el momento de su muerte en enero de 2008, pues a pesar de las evidencias acumuladas a lo largo de tantos años, el único castigo que recibió por parte del Vaticano fue llevar una vida de oración y penitencia, lo cual es de lo más ofensivo particularmente para sus víctimas –a quienes en muchos casos destrozó la vida–, y de sus familias. Los testimonios de José Barba y Juan José Vaca quienes, a pesar de la persecución y amenazas recibidas fueron de los primeros en denunciar con gran valentía lo que padecieron a manos de Maciel, revelan con gran nitidez la miseria moral del fundador quien también tenía fuertes problemas de adicción.
Te podría interesar
Su perversión no solo tuvo graves consecuencias en sus víctimas directas, sino que se transformó en un modus operandi en su organización a través de la negación, el encubrimiento y el adoctrinamiento e imposición de la Omertá o ley del silencio –como en la mafia italiana– a los miembros de la congregación, y varias de ellas se convirtieron en victimarios como fue el caso del Padre Fernando Martínez, quien fue denunciado por abusar sexualmente de niñas, niños y adolescentes principalmente en el colegio Cumbres de la Ciudad de México y luego en el de Cancún al que lo trasladaron aun con las múltiples denuncias que pesaban sobre él. Al igual que Maciel, Fernando Martínez vivió tranquilamente hasta sus últimos días en una casa de retiro en Italia sin más castigo que la pérdida de su estado clerical, pues ni siquiera lo expulsaron de esa congregación. A la fecha se han documentado alrededor de 175 víctimas de violencia sexual cometida por 33 miembros de los Legionarios de Cristo, pero es probable que sean muchos más.
Además de depredador sexual, Maciel fue un farsante y un estafador que aprovechó su parentesco con los obispos Rafael y Antonio Guízar y Valencia, así como su gran capacidad de convencimiento y manipulación para acceder a las más altas esferas del país y obtener su apoyo económico, social y político. Incluso, se dice que se enfocaba principalmente en mujeres viudas adineradas, quienes le entregaban sus fortunas a base de engaños para que pudiera cumplir con su misión divina.
También logró obtener el apoyo al más alto nivel de la jerarquía eclesiástica básicamente a través de cuantiosos donativos, con lo que logró evitar que en la década de los 50’s lo expulsaran de la Iglesia Católica ante las denuncias e investigaciones que en su momento se llevaron a cabo en el Vaticano –como ha quedado demostrado con la reciente apertura de sus archivos–, obteniendo la protección del Papa Juan Pablo II. Seguramente en los siguientes capítulos de esta serie “El Lobo de Dios” podremos conocer más sobre la doble vida de Marcial Maciel, la hija e hijos que procreó con dos mujeres distintas –que por muchos años vivieron engañados respecto a su verdadera identidad– o el plagio de lo que fue el libro de cabecera de los Legionarios de su supuesta autoría. Quizá lo más indignante de todo, es que a estas alturas poco haya cambiado y se siga encubriendo a los curas pederastas.
