SEGURIDAD SANITARIA DE AMÉRICA DEL NORTE

¿Está en riesgo la seguridad sanitaria de América del Norte?

La Iniciativa de América del Norte para la Preparación ante Pandemias en Animales y Humanos busca fortalecer la bioseguridad en la región, ¿qué retos y desafíos enfrenta? | Talia Rebeca Haro Barón*

Escrito en OPINIÓN el

A partir del extinto Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), ahora Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), la relación trilateral ha incluido otras áreas de cooperación más allá del libre comercio. Una de ellas ha sido la seguridad, la cual ha expandido sus límites hacia la bioseguridad. En términos generales, dicha bioseguridad ha significado la instrumentación de técnicas de vigilancia y respuesta hacia las enfermedades infecciosas, el bioterrorismo, la investigación en ciencias de la vida y la seguridad de alimentos. Entre dichos temas, la relación trilateral se ha enfocado notoriamente en las enfermedades infecciosas, lo cual ha sido claramente visible en las preocupaciones manifiestas en las Cumbres de Líderes de América del Norte y en los planes de coordinación trilateral. Este artículo analizará los retos y desafíos del recién instrumento que fue negociado por los países de América del Norte, y que tiene la finalidad de proveer seguridad sanitaria a la región: la Iniciativa de América del Norte para la Preparación ante Pandemias en Animales y Humanos (NAPAHPI, por sus siglas en inglés).

Dicha NAPAHPI fue anunciada en octubre del 2024, como producto de los debates entre los tres países durante la pandemia del SARS-CoV-2. Dicha NAPAHPI marcó una ruptura respecto a las iniciativas anteriores, puesto que ha sido destinada a la preparación para “pandemias en animales y humanos”. Dicho objetivo incluye la atención a una amplia variedad de amenazas a la salud pública y, por tanto, no está circunscrita a una amenaza específica, como lo hacían las iniciativas precedentes al concentrarse en la influenza. Por otro lado, dicha NAPAHPI ha estado destinada a la preparación y no a la respuesta, lo cual significa que sus acciones están encaminadas a preparar de manera conjunta a los tres países, pero no a dar una respuesta conjunta. Esto es de relevancia al comparar dicha iniciativa con otras en el plano multilateral, tal como el Acuerdo sobre prevención, preparación y respuesta frente a pandemias, que se ha debatido en el seno de la Organización Mundial de la Salud (OMS) desde el 2022. La atención en la preparación tiene implicaciones en colocar la atención en ciertos temas, y no en otros. Las áreas que dicho NAPAHPI intentará fortalecer son: “enfermedades animales con potencial zoonótico; vigilancia epidemiológica y diagnóstico de laboratorio; medidas preventivas y terapéuticas; medidas de salud pública; cadenas de suministro de insumos médicos; sistemas de salud; comunicación de riesgos; medidas sanitarias fronterizas; infraestructura crítica; evaluación y análisis de riesgos; ejercicios y entrenamiento conjuntos; y, financiación sostenible” (Secretaría de Salud, 2024).

Los temas de atención del NAPAHPI han estado encaminados a la preparación, pero han dejado fuera otros tan importantes durante emergencias sanitarias, tales como el acceso y participación equitativa en los beneficios con respecto a los patógenos, y los relacionados con la investigación y desarrollo. El primero de ellos ha sido de sumo interés para México desde la pandemia de H1N1 en 2009. Durante dicha pandemia, México otorgó 900 muestras de dicho virus al Laboratorio Nacional de Microbiología de Canadá. Dicha donación fue con el fin de que fueran analizados y se produjeran insumos médicos (por ejemplo, vacunas). No obstante, en el caso de las vacunas, una vez que fueron producidas México no fue uno de los países prioritarios para su adquisición, sino más bien Estados Unidos y Canadá. A pesar de que México colaboró en otorgar dichas muestras, no obtuvo los beneficios de ellas. Por ello, México ha defendido dicho tema en múltiples foros de la Organización Mundial de la Salud (OMS), tal como en su participación para la elaboración del Marco de Preparación para una Gripe Pandémica en 2011. El segundo de dichos temas se refiere a la inversión pública que los países realizan para la investigación de insumos médicos, y que durante la comercialización de dichos insumos dicha inversión no ha sido reconocida, por lo que las ganancias han sido acaparadas por la industria farmacéutica. Así, durante la negociación del Acuerdo sobre pandemias que es negociado en la OMS, México ha sido co-facilitador del artículo 9 que trata dicho tema. Ambos temas han sido cruciales en la elaboración de normas para la respuesta en emergencias sanitarias, en los que México ha mostrado gran interés, pero no fueron incluidos en el NAPAHPI como un elemento de la seguridad sanitaria regional. 

Por último, la gobernanza de dicho NAPAHPI ha quedado con base en las instituciones de cada país que están relacionadas con la salud, la agricultura, la seguridad y las relaciones exteriores. Dicha gobernanza ha estado inspirada en el concepto de Una Salud que incluye humanos, animales y medio ambiente, por lo que ha comprendido a las instituciones correspondientes. El éxito en dicha gobernanza se encuentra en primer lugar basada en la instrumentación nacional de las normas contenidas en el NAPAHPI, al menos para fortalecer la prevención ante emergencias sanitarias. No obstante, la irrupción de movimientos nacionalistas en la región, tal como el encabezado por el presidente Donald Trump en Estados Unidos, ha conllevado a que las posiciones sanitarias clave sean lideradas por perfiles que colocan un gran reto a la salud pública: la de Estados Unidos, luego la regional, y finalmente la internacional. Dicho reto es derivado del gran escepticismo de dichos líderes por medidas sanitarias y científicas. Ante dicho panorama, caben preguntas sobre cuál será el futuro del NAPAHPI, y por ende de la seguridad sanitaria regional. 

Talia Rebeca Haro Barón*

Actualmente realiza una estancia posdoctoral en la Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Es Doctora en Ciencias Políticas y Sociales por parte de la misma Facultad y Maestra en Cooperación Internacional para el Desarrollo, por el Instituto Mora. Ha realizado estancias de investigación en la Fondation Brocher (Ginebra, Suiza), el Watson Institute for International and Public Affairs de la Universidad de Brown, la Universidad Autónoma de Barcelona, Public Citizen (Washington, D.C) y la Asociación para el Avance de las Ciencias Sociales (Guatemala).

 

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