EDUCACIÓN AMBIENTAL

El papel clave de la educación ambiental

El retiro de Estados Unidos del Acuerdo de París, impulsado por Donald Trump, evidencia la urgencia de una educación ambiental para contrarrestar decisiones perjudiciales y construir un futuro sostenible. | Ximena Celis Barquera*

Escrito en OPINIÓN el

El panorama no se avecina positivo en materia ambiental con la llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos. Siguiendo los pasos de su primer periodo de gobierno, en menos de 24 horas de tomar protesta, firmó una orden ejecutiva para retirar a este país del Acuerdo de París y aunque esto tome por lo menos un año en concretarse, es muy probable que de manera inmediata haya recortes presupuestales en este importante rubro.

¿Y si sólo Donald Trump fuera sensible y tuviera conciencia de los temas ambientales? Lo más probable es que esta decisión no la tomaría, sino todo lo contrario, lucharía para hacerle frente a la crisis climática que ya estamos viviendo en todo el planeta, en donde Estados Unidos no es la excepción, como lo vimos hace unos días con los incendios en California. Estos tres componentes, el ser sensibles a algo, ser conscientes de su importancia, y tomar acciones en ello, son los tres pilares fundamentales para tener una educación en cualquier ámbito, en este caso, el ambiental.

Justamente hoy, 26 de enero, se celebra el Día Mundial de la Educación Ambiental. Este concepto se incorporó en la Declaración de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente en Estocolmo en 1972, ante la necesidad de contar con criterios y principios comunes para orientar a la población en la conservación y mejora del medio ambiente. El día quedó establecido en el marco del Seminario Internacional de Educación Ambiental, celebrado en Belgrado en 1975. De ahí surgió la Carta de Belgrado, redactada por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (ONU Medio Ambiente), donde se definen metas, objetivos y principios en esta materia. Sin embargo, aunque este día esté en nuestro calendario de celebración desde hace 50 años, lamentablemente, si bien se han realizado importantes esfuerzos, los objetivos por los que fue promulgado están lejos de ser logrados, pues cómo vemos, sigue sin estar en la mayoría de los humanos esta sensibilización, conciencia y toma de acción ante la crisis climática que vivimos.

En ese sentido, me gustaría tratar de explicar el proceso en el que una persona puede lograr ser ambientalmente educada y para ello, explicaré a continuación los tres pilares que conforman a la educación ambiental. Cabe señalar que el proceso no es fácil, requiere de tiempo, y sobre todo, mucha voluntad personal, pero sin duda, es algo que necesitamos hacer con urgencia.

¿Qué significa ser sensible? Pues la sensibilidad parte del sentimiento y va de ser capaces de experimentar sensaciones, de apreciar las cosas y que estas nos provoquen reacciones. Por ejemplo, el ver un amanecer y apreciar el cambio de colores y luces que va teniendo el cielo, el mirar a las aves volar y escuchar su canto, el escuchar las olas del mar o el cauce de un río, ver la copa de los árboles y sus frutos, así como el mover de sus hojas con el soplar del viento; sin duda, son cosas que provocan en nosotros sensaciones diversas, en la mayoría de las veces son sensaciones positivas que nos dan paz y tranquilidad.

El estar atentos a estos fenómenos y observar con sutiliza el entorno natural, puede provocar en nosotros la curiosidad de querer saber más de por qué ocurren estas cosas, de adentrarnos a investigarlas y entender la conexión que existe entre ellas. Entonces, a partir de detenernos a observar y apreciar, y que estas fibras sensoriales se muevan en nuestro ser, nos lleva a ser sensibles de lo que está sucediendo a nuestro alrededor. Esta sensibilidad nos mueve a conocer más, a adquirir conocimiento de todo lo que nos rodea, a entender las relaciones que existen entre todos los seres vivos del planeta y a darnos cuenta de que somos una especie más de las miles que habitamos la Tierra. Como lo menciono en mis charlas y cátedras, nadie puede querer y mucho menos cuidar lo que no conoce.

En algunos espacios he llegado a preguntar cuántos nombres de especies de árboles o aves conocemos, cuáles son endémicos de las ciudades en donde vivimos, quién puede enumerar por lo menos cinco. Son pocas o casi ninguna persona la que lo puede lograr. Esto nos habla de una desconexión que tenemos con nuestro entorno. El mismo ritmo de vida acelerado que llevamos, no nos permite ver, observar y menos contemplar lo que sucede a nuestro alrededor; esta inmediatez, nos lleva a la insensibilidad, y por lo tanto, a la no comprensión de la relevancia de las conexiones, su equilibrio, cuidado y protección.

Pero bueno, supongamos que ya somos seres humanos sensibles de lo que sucede a nuestro alrededor, pues ahora debemos ser conscientes y ¿qué significa esto? Pues es tener conocimiento, comprender el impacto que nuestras acciones diarias tiene en nuestro entorno. Una persona consciente es responsable de sus actos y procura que estos no tengan un impacto negativo. Implica adoptar una actitud responsable y proactiva hacia el estilo de vida que tiene, tomar decisiones informadas de cómo su andar puede tener una menor huella y que no perjudique el entorno natural, y con ello ir promoviendo prácticas sustentables en su vida cotidiana. Esta conciencia nos lleva a entender que todas nuestras acciones están conectadas y tienen un impacto directo con el entorno y que existen maneras de que este impacto sea menor y también positivo.

Siendo sensibles y conscientes, es que empezamos a actuar para mitigar estos efectos de manera individual y colectiva, el tercer pilar de la educación ambiental. Y, ¿cómo actuar? Creo firmemente que la mayoría de la humanidad no es mala, solamente es poco sensible y no es consciente de lo que anteriormente comenté. No creo que muchas personas sepan la gran contaminación que se genera al dar un clic a una compra en línea y mucho menos, cuándo ésta es devuelta porque no nos gustó o no nos quedó. No saben que la huella de carbono es altísima al traer cosas desde el otro lado del mundo, que eso que es muy barato, trae consigo una explotación y contaminación de los ecosistemas (agua, suelo, deforestación, más plásticos, etc.) sin contar la huella de carbono en su transportación, de un extremo a otro, para tenerlo al día siguiente en la puerta de nuestra casa y que justo esas emisiones de gases de CO2 que se generan por utilizar energía fósil en todo el proceso, desde la manufactura, producción, empaque, transporte y entrega, es lo que está calentando el planeta, causando esta crisis climática que está alterando a los ecosistema promoviendo sequías e incendios, mala calidad del aire que nos enferma, extinción de especies y un largo etcétera.

Seguimos midiendo nuestro desarrollo a partir del crecimiento económico sin límites, que sea infinito a costa de los recursos que son finitos, y esta ecuación, simplemente, no da. ¿Qué podemos hacer para tomar acción y pasar a la implementación? Pues primero empezar por nosotros mismos; modificar nuestros hábitos personales, como reducir el consumo, no comprar cosas que no necesitamos y no dejarnos llevar por propaganda engañosa de ofertas, precios bajos y pagos diferidos; utilizar los recursos naturales como el agua, la energía que produce nuestra electricidad, nuestro alimento, con mucha consciencia y respeto, realizar acciones que ayuden al ecosistema como generar composta y promover el reciclaje, dejar de consumir carne roja, modificar la manera en la que nos transportamos, participar en iniciativas comunitarias como reforestaciones, involucrarse en movimientos ecológicos, votar por líderes comprometidos con el medio ambiente, promover leyes que protejan los ecosistemas, así como compartir conocimientos sobre acciones sustentables en el entorno familiar, laboral y social para ampliar el impacto de las acciones individuales.

Así pues, que mejor día para leer esto y empezar con estos tres pilares y educarnos ambientalmente; entre más personas estemos en este camino, los impactos de las nuevas acciones conscientes que emprendamos serán mejores y a la altura para hacerle frente a la emergencia climática. Es por nosotros mismos, por el compromiso que tenemos con las generaciones que vienen detrás de nosotros, es por toda la humanidad. 

Ximena Celis Barquera*

Cuenta con más de 10 años de experiencia trabajando en la gestión de proyectos ambientales, pues ahí está su pasión y compromiso; sobre todo en temas de cambio climático, educación ambiental, energías renovables, agua, gobernanza, participación ciudadana y legislación y política pública ambiental.
Ha trabajado en el sector privado, en organizaciones de la sociedad civil, como WWF México, el Consejo Consultivo del Agua y POLEA; ha sido consultora para el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Además, ha tenido colaboraciones con el Banco Mundial y ONU-Hábitat. Fue parte del gabinete ambiental en la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) de 2018 a 2020 como Titular del Centro de Educación y Capacitación para el Desarrollo Sustentable (CECADESU) y como directora nacional de los Centros Ciudadanos para la Sustentabilidad también en la SEMARNAT. Actualmente trabaja en un proyecto a gran escala para el uso de bioenergía en el Sureste de México.

 

Instituto Mora

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