El panteón de San Fernando así como todos los demás espacios públicos, es un lugar enigmático que no sólo alberga los restos mortales de muchos personajes históricos de México sino una enorme y maravillosa familia de gatos que por décadas han sido testigos del trabajo del museo, de su evolución o de su abandono por varias administraciones pasadas.
Los gatos del panteón de San Fernando son emblemáticos porque ahí han estado y ahí estarán cuando cada uno de nosotros nos vayamos. Es normal que en cada panteón del mundo haya gatos. Por alguna razón se sienten atraídos hacia esos sitios y muchos pasan su vida entera viviendo entre tumbas.
Aún así, el nuevo ánimo mundial, de país, de ciudad y de colonia es que ha despertado en muchas personas la intención de cuidar a gatos como los “catacumberitos” (así han sido bautizados los gatos del panteón de San Fernando) animales comunitarios, ferales o que viven en un espacio público y que no tienen familia. Por esta razón, el papel de los activistas como Diana Arredondo es fundamental para construir la ciudad animalista que tanto buscamos.
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Diana es la fundadora de la Asociación Civil que por casi cinco años se ha hecho cargo de dicha familia gatuna, más de 40, durante este tiempo les ha llevado de comer cada día, sin falta. Incluso ha esterilizado a la mayoría de los felinos con sus propios recursos, y pagado cada consulta médica que alguno de ellos ha necesitado. Diana no es una persona rica, trabaja de manera independiente y hace esto por la convicción de cuidar a seres vivos que antes nadie cuidaba. Con el tiempo se volvieron populares y han empezado a recibir donaciones que con poco o mucho apoyan a Diana en esta compleja labor.
En resumen, Diana es una heroína para esos gatos, que cuando la ven se vuelven locos de amor hacia ella y corren en su dirección, buscando comida o esa atención que ella jamás ha dejado de darles. La responsabilidad de Diana ha sido tal, que fundó “Catacumberitos” y cada uno de estos gatos están registrados en el Registro Único de Animales de Compañía (RUAC) de la Agencia de atención animal de la Ciudad de México (AGATAN). Ella ha hecho público cada cosa que le pueda pasar a esos gatos. Diana es la cuidadora reconocida y legal de esos gatos, ella es sólo el ejemplo de una vecina de la colonia Guerrero que, sin tener obligación, ha asumido que el cuidado de los gatos y animales “sin hogar” no sólo es responsabilidad del gobierno, sino un trabajo en equipo que podemos asumir gobierno, instituciones y ciudadanía.
Gracias a esta valiente joven por hacer lo que hace y por inspirarnos a otros a ser más valientes para defender lo que amamos. Los gatos del panteón de San Fernando y Diana, así como cada persona que cuida animales, cuentan con mi respaldo, admiración y acompañamiento permanente, son ustedes los que construyen en serio el México Animalista de todos los días y cuentan también con la protección y acompañamiento de este Gobierno. Cada gato que está en San Fernando contará con los cuidados que Diana les daba todos los días.