FUTBOL MEXICANO

Canta y no llores

En México, el futbol varonil refleja la estrategia política: improvisación, protección de élite y manejo de crisis, donde los resultados son secundarios. | Jorge Alberto Meneses*

Escrito en OPINIÓN el

En México el futbol varonil sigue siendo un ejemplo para los partidos políticos de que, aunque se improvise y se protejan los intereses de la élite, si hay una estrategia que funcione para generar expectativas y, posteriormente, para el manejo de crisis, los resultados son lo de menos. Esto porque a pesar de los fracasos en cada proceso mundialista el jugador número doce no se cansa de la misma tranza. ¿Qué respuestas se pueden sugerir?

Para Jesús Martín Barbero en Latinoamérica la televisión ha sido fundamental para construir mediaciones sociales, en este caso, entre la selección mexicana (el producto) y la afición (los clientes) a través de lo que llama la retórica de lo directo y la simulación del contacto. El fenómeno de comunión con la selección es tal que incluso se intensifica entre los migrantes en Estados Unidos.  

Después del mundial de México 86 en donde la selección pasó al quinto partido, lo que ha destacado en cada ciclo mundialista ha sido La guerra entre televisoras por los derechos de televisión y el rating, situando al aficionado como un cliente al que hay que convencer de que el producto que ofrecen promete calidad. Sin embargo, la ficción supera la realidad. Mediante estrategias de lo que Claudio Lomnitz llama la colonización del imaginario, las televisoras han construido retóricas de integración (por ejemplo, Ponte la verde), en busca de generar más que aficionados, consumidores, en donde lo menos importante sea verse representados por un equipo ganador. 

Esto tiene por lo menos una explicación. Néstor García Canclini señala que hoy en día un país se define poco por su historia política o por sus límites territoriales, y más bien, que la nación está circunstanciada por una comunidad interpretativa de consumidores. En el caso específico del futbol mexicano los medios de comunicación cumplen con el papel integrativo a partir de estrategias de publicidad en busca de avivar los sentimientos nacionalistas, mezclados con la oferta publicitaria de anuncios de múltiples empresas, destacando las de comida chatarra, bancos, celulares, refrescos, bebidas embriagantes, entre otras. Para Benedict Anderson el nacionalismo es una comunidad imaginaria que a pesar de las desigualdades y diferencias, sus miembros la imaginan horizontal, homogénea, con un pasado común y con gran camaradería, que sirve para fusionar un nosotros –en este caso– los mexicanos, contra los otros, lo no mexicano

Para que esto tenga funcionalidad la noción de comunidad imaginada –con la selección– se construye desde los medios antes, durante y después de cada partido amistoso, eliminatorio o mundialista. Por su parte, desde las tribunas, las casas o las calles, surgen los arquetipos de la mexicanidad. No falta el hombre portando el penacho de Moctezuma, El Chapulín Colorado abrazado con El Santo, o las familias con sombreros de charro y sus jorongos con la imagen de la Virgen de Guadalupe. En esos días de comunión con el tricolor lo mismo en los pueblos de Oaxaca que en las grandes ciudades del Norte se preparan comilonas: se coopera para el cartón de cervezas, se hace la carne asada con guacamole, tamales o se llevan las botanas para el evento. Incluso desde 1970 no falta la iglesia en la colonia Tacuba de la ciudad de México, que en cada mundial viste al Niño Dios con el uniforme de la selección

Para el escritor chileno Juan Pablo Meneses lo que hoy estamos experimentando a nivel global es la muerte del futbol para darle paso al post futbol. En esta etapa lo que sucede en la cancha ya no importa, porque lo central es la espectacularización del juego desde las pantallas para producir fantasías mediáticas. Por eso quizá se entiende que ante la crisis de empleo de directores técnicos y de porteros mexicanos en equipos caseros, así como de jugadores jóvenes que vayan a jugar a Europa, las televisoras ponen mayor atención mediática en lo que sucede fuera de la cancha. Por ejemplo, la contratación que más interacciones generó en el último semestre no fue la de Cade Cowell –primer futbolista no nacido en México que juega para el Guadalajara, sino la del narrador David Faitelson, quien pasó de la cadena ESPN al grupo Televisa. El narrador que en innumerables veces señaló a la empresa –para la que hoy trabaja– como la principal causante de buena parte de los problemas que aquejaban al futbol local, hoy es su mejor activo para enganchar a la audiencia. 

Además, cuando en cada mundial el partido se complica los televidentes esperan que si otra vez no gana la selección, los que fueron al estadio le muestren al mundo que no nos rajamos y que por lo menos sí sabemos resignificar la derrota. Es decir, mientras el comentarista en turno exalta a la gran afición que no deja de apoyar, de entre las tribunas surge el alma colectiva para reafirmar la mexicanidad: Ay, ay, ay, ay.  Canta y no llores. Porque cantando se alegran, cielito lindo, los corazones. Sin embargo, los consumidores también se enojan y han mostrado rechazo a la selección, aunque después de algunas nuevas promesas la afición vuelve a dar su voto de confianza. Sin duda, como dijo Juan Villoro, en México los aficionados al futbol somos muy raros. 

Jorge Alberto Meneses Cárdenas*

Profesor-Investigador del Instituto de la Comunicación de la Universidad del Mar, campus Huatulco. Licenciado en Antropología Social (ENAH), maestro en Sociología Política (Instituto Mora) y doctor en Estudios Latinoamericanos (UNAM). Intereses de investigación: métodos y culturas digitales; juventudes en América Latina; antropología del deporte. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI I). Tiene un podcast llamado Jorge Meneses Antropólogo digital. Entre sus últimas publicaciones está el libro Antifubol. Narrativas híbridas en fuera de lugar.

 

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