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En la mesa ya no se habla de política

En las reuniones familiares, ya no se habla de política en la mesa; en los últimos años, es casi imposible dialogar, cada quien se aferra a sus ideas y las defiende a capa y espada. | Ricardo del Muro

Escrito en OPINIÓN el

En las reuniones familiares, ya no se habla de política en la mesa. Porque, en los últimos años, es casi imposible dialogar; cada quien se aferra a sus ideas y las defiende a capa y espada. Para llevar la “fiesta en paz” es preferible hablar de futbol o de los chismes de los famosos. 

A los individuos, indican los neurólogos, la polarización les puede provocar ansiedad, trastornos de sueño y hasta taquicardias. Y, aunque es contagiosa, su transmisión no se parece a la de un virus, sino a la de un fuego que es alimentando constantemente con mensajes de refuerzo y confrontación. 

Incluso en el Congreso, el debate ha sido desplazado por gritos, insultos, manotazos y, en algunas ocasiones, hasta trompadas. A medida que crece, lo que los politólogos llaman “polarización partidista afectiva”, ésta adquiere las características tribales del conflicto intergrupal entre chairos defensores de Morena y opositores, fifís conservadores.  

Así, definidos por la polarización y atizados por el populismo, los mexicanos acudiremos a las urnas, el próximo 2 de junio, para elegir a la sucesora o sucesor del presidente Andrés Manuel López Obrador; el reto inmediato será lograr comicios transparentes y pacíficos, además de avanzar en un discurso a favor del diálogo entre los mexicanos. 

De lo contrario, advierten los politólogos Giacomo Sani y Giovanni Satori en su clásico texto ("Polarización, fragmentación y competición”, 1983), estos desplazamientos de las actitudes de los votantes hacia los extremos del espectro ideológico desestabilizarían la democracia y se correría el riesgo de llevar al desorden, a la violencia e, incluso, al colapso democrático.

“En medio de la polarización y la incertidumbre reinantes, el impulso a favor de entender ha sido arrinconado o, de plano, cancelado. Lo de hoy es tomar partido y usar cada quien los datos que mejor le sirvan para descalificar en paquete o para glorificar a bulto el gobierno del presidente”, señalan Blanca Heredia y Hernán Gómez Bruera. 

Abdicar del intento por entender –por entender realmente– tiene costos, señalan estos investigadores en la introducción del libro “4T: Claves para descifrar el rompecabezas” (2021). Costos importantes para el diálogo necesario y posible; costos significativos, también en términos políticos tanto para los partidarios de AMLO como para sus detractores.

Varios analistas señalan que el presidente López Obrador es el principal responsable de dividir y polarizar a la sociedad mexicana. Desde la conferencia mañanera, en efecto, ha señalado a sus críticos como conservadores, neoliberales, fifís, corruptos o de ser mercenarios de la información.

Sin embargo, los opositores al morenismo también han promovido una permanente campaña mediática en contra de López Obrador. La Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) de la Secretaría de Hacienda detectó en 2018 a diversas empresas que presuntamente financiaron la promoción del documental “Populismo en América Latina” durante el proceso electoral de 2018 como una forma de campaña negra en contra de López Obrador

A pesar de todo, el 55% de los mexicanos aprueban la gestión de López Obrador al finalizar 2023, según una encuesta del periódico El Financiero; este estudio de opinión marca también el comienzo de 2024, año electoral en que los sondeos ya no tendrán como prioridad a López Obrador, que termina su gestión el primero de octubre, sino que estarán enfocados hacia Claudia Sheinbaum y Xóchitl Gálvez, candidatas a sucederlo en la Presidencia

Ricardo del Muro

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