Cada año, miles de contribuyentes presentan su declaración anual sin aprovechar todas las deducciones disponibles, lo que puede traducirse en pagos innecesarios o en la pérdida de una posible devolución. Uno de los rubros más relevantes es el de gastos médicos, que abarca más que consultas o cirugías.
El SAT permite deducir honorarios médicos, tratamientos dentales, servicios de psicología y nutrición, hospitalización, estudios clínicos, prótesis, rehabilitación, enfermería y lentes ópticos graduados hasta por 2 mil 500 pesos anuales. También se incluyen medicamentos cuando forman parte de facturas hospitalarias.
Gastos personales que reducen impuestos
Además de la salud, existen otros conceptos que ayudan a disminuir la carga fiscal. Entre ellos destacan las primas de seguros de gastos médicos mayores, colegiaturas en instituciones privadas con validez oficial, aportaciones voluntarias al retiro (AFORE), intereses reales de créditos hipotecarios, gastos funerarios y donativos autorizados.
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En el caso de las colegiaturas, los montos deducibles varían según el nivel educativo, desde preescolar hasta bachillerato, lo que permite a muchas familias obtener beneficios adicionales.
Requisitos indispensables para deducir
Para que estos gastos sean válidos ante el SAT, es obligatorio contar con factura electrónica (CFDI) a nombre del contribuyente y con el RFC correcto. Además, los pagos deben realizarse mediante tarjeta, transferencia o cheque; el efectivo no es aceptado.
Otro punto clave es que el uso del CFDI coincida con el tipo de gasto, como el código D01 para gastos médicos. Un error en este detalle puede invalidar la deducción.
Lo que no es deducible y límites establecidos
No todos los gastos relacionados con la salud son deducibles. Quedan fuera medicinas adquiridas en farmacias, pagos sin factura, consumos en efectivo, gastos adicionales en hospitales como cafetería o florería, así como servicios para mascotas.
Finalmente, las deducciones personales tienen un límite: no pueden exceder el monto menor entre cinco veces la UMA anual (213,973.20 pesos) o el 15% de los ingresos del contribuyente. Revisar cada comprobante puede marcar la diferencia entre pagar más o recibir dinero de vuelta.
