Cada vez más trabajadores cuestionan la rigidez del horario tradicional de 9 horas o hasta más, por lo que buscan alternativas que les permitan recuperar el control de su tiempo. Una de ellas, es el microshifting, un modelo de trabajo flexible que gana terreno a nivel global.
De acuerdo con el informe State of Hybrid Work 2025 de Owl Labs, el 65% de los trabajadores afirma estar interesado en este esquema laboral.
¿Qué es el microshifting?
El microshifting es un modelo laboral basado en trabajar en lapsos cortos y no lineales que se adaptan con las responsabilidades personales y los picos de productividad de cada persona.
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A diferencia del home office o el trabajo hibrido, este modelo redefine cuándo y por cuanto tiempo se trabaja, permitiendo a cada persona decidir en qué momentos del día concentra su jornada laboral, siempre que se cumplan los objetivos y resultados esperados.
Este enfoque surge como una respuesta a jornadas laborales cada vez más fragmentadas y a la necesidad de conciliar el trabajo con la realidad cotidiana de las personas.
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¿Cómo funciona el microshifting?
En el microshifting, el trabajador decide cómo organizará su tiempo. Puede trabajar una hora, pausar para hacer alguna actividad personal y retomar más tarde, incluso en horarios nocturnos.
No se trata de trabajar de forma aleatoria, sino de distribuir la carga laboral en microhorarios que se integren a la vida diaria, sin sacrificar el desempeño profesional ni el cumplimiento de metas.
¿Qué beneficios tiene para los trabajadores?
El principal beneficio es un mejor equilibrio entre la vida laboral y personal. Para muchas personas, el horario tradicional dificulta atender responsabilidades del hogar, la crianza, el desarrollo personal o incluso la necesidad de generar ingresos adicionales.
A esto se suma la posibilidad de eliminar tiempos muertos y traslados. El tiempo que antes se invertía en desplazamientos puede destinarse a la familia, el descanso o actividades personales.
Según los datos citados de Owl Labs, los trabajadores estarían dispuestos a sacrificar hasta un 9% de su salario anual a cambio de tener un horario más flexible. Además, el 51% reconoce que ya agenda citas personales durante el horario de trabajo, una práctica que se eleva al 61% entre la generación Z.
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Ventajas y desafíos del microshifting
Entre las principales ventajas destacan el ahorro de tiempo en traslados y la reducción de periodos improductivos en la oficina. Al concentrar el trabajo en los momentos de mayor energía, el rendimiento puede igualar o incluso superar al de una jornada tradicional.
Sin embargo, el modelo también plantea desafíos. Uno de ellos es cómo medir de forma objetiva la productividad bajo este esquema. Además, por ahora, el microshifting se adapta mejor a trabajos que pueden realizarse fuera de la oficina.
Un modelo que tomó fuerza durante la pandemia
Con la pandemia se aceleró la adaptación de nuevas formas de trabajar. Con el hogar convertido en oficina, muchas personas tuvieron que replantearse cómo y cuándo trabajar, fragmentando la jornada tradicional para adaptarla a su vida personal.
Para Doug Gregory, profesional independiente en integración audiovisual, trabajar bajo este modelo es simple: si necesita ausentarse una hora para atender asuntos personales, compensa ese tiempo más tarde ya que está enfocado en cumplir con los resultados y no en las horas que pasa frente a la computadora.
Un modelo especialmente valioso para cuidadores
El informe de Owl Labs también revela que los trabajadores con tienen una probabilidad hasta tres veces mayor de adoptar esquemas de microshifting. Esto debido a que la rigidez del horario laboral suele chocar con citas médicas, imprevistos familiares o responsabilidades difíciles de postergar.
Un ejemplo es el de Theresa Robertson, quien durante 25 años combinó su carrera profesional con el cuidado de su esposo, que padecía problemas crónicos de salud. Su estrategia consistía en organizar su jornada laboral en función de las necesidades de cuidado, sin dejar de cumplir con plazos y presupuestos.
JL
