En el cierre del Segundo Diálogo Nacional por la Paz, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) aseguró que "la paz no se improvisa" y llamó a asumir la construcción de la paz como una responsabilidad colectiva e inmediata, frente a un país marcado por la violencia. Durante el encuentro, monseñor Ramón Castro, presidente del Episcopado, subrayó que la paz no debe entenderse como una aspiración lejana o idealista, sino como una tarea concreta, creativa y generativa que México está llamado a emprender hoy.
Desde una “realidad herida”, el jerarca católico insistió en la necesidad de escuchar con honestidad y colocar a las víctimas en el centro de cualquier esfuerzo por la pacificación del país. En ese sentido, advirtió que los diagnósticos y reflexiones no son suficientes si no se traducen en compromisos claros, medibles y verificables por parte de autoridades, sociedad civil, iglesias y actores comunitarios.
Monseñor Castro recordó que la paz se construye desde los territorios y no únicamente desde los discursos nacionales, mediante procesos de largo aliento que exigen corresponsabilidad ética de todos los involucrados. Destacó también la importancia de una “esperanza organizada” que no se rinda frente a la violencia y la impunidad, y que sea capaz de sostener esfuerzos constantes en las comunidades más golpeadas.
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En su mensaje final, el presidente de la CEM enfatizó que la paz no se improvisa ni se decreta, sino que se edifica de manera conjunta. “Nos corresponde a todos”, reiteró, al llamar a pasar del discurso a la acción para enfrentar uno de los mayores desafíos que vive el país.
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Además de los llamados generales a asumir la paz como una tarea colectiva, el comunicado final del Segundo Diálogo Nacional por la Paz subrayó que uno de los grandes retos es imaginar y reconstruir el Estado que México necesita para recuperar la convivencia social. De acuerdo con las conclusiones del encuentro, esto pasa por alcanzar acuerdos que regulen la vida institucional y garanticen condiciones de vida digna para todas las personas, en un contexto marcado por la violencia, la desigualdad y la exclusión.
El encuentro dejó tres claves fundamentales. La primera, que el Estado no es una entidad ajena, sino que lo conforman todas y todos, y que la paz exige acuerdos colectivos construidos desde lo local. Esto implica, señalaron los participantes, un proceso de conversión tanto de quienes lucran con la violencia como de quienes permanecen indiferentes ante ella.
La segunda clave fue la urgencia de edificar un sistema social que integre a las juventudes hoy excluidas y vulnerables, escuchándolas y construyendo junto con ellas alternativas de futuro. La tercera, que no será posible una nueva convivencia sin atender la herida de las personas desaparecidas y sin acompañar de manera prioritaria a las víctimas de la violencia.
Durante el Diálogo también se compartieron experiencias nacionales e internacionales de construcción de paz que han mostrado resultados concretos en los territorios. Entre ellas destacaron el Proyecto VIVA y los Centros Manresa en la Sierra Tarahumara, que han brindado atención en salud mental a más de 8 mil personas.
Asimismo, se expusieron ejercicios de colaboración en el diseño de Consejos de Paz y Justicia Cívica con el gobierno federal. En este marco, los embajadores de Irlanda y Noruega coincidieron en que cualquier proceso de paz debe construirse junto a las víctimas y ofrecer caminos reales de reinserción para quienes han ejercido la violencia.
El evento contó también con la participación de alcaldes y representantes municipales reconocidos por su trabajo en la construcción de paz desde lo local, provenientes de entidades como Tabasco, Nuevo León, Jalisco, Chihuahua, Michoacán y Morelos.
A ellos se sumaron diversas comunidades religiosas que firmaron un compromiso común y presentaron un plan de trabajo conjunto, en un ejercicio inédito de diálogo interreligioso que incluyó a comunidades budistas, musulmanas, hinduistas, iglesias cristianas y tradiciones indígenas, todas comprometidas a aportar desde su riqueza ética y espiritual a la pacificación del país.
En el marco del encuentro se entregaron reconocimientos a 13 empresas por su compromiso con la construcción de una cultura de paz en sus entornos, con el respaldo de organismos empresariales como Coparmex, Canacintra y Concanaco-Servytur.
Finalmente, los organizadores anunciaron que las metodologías de construcción de paz sistematizadas durante el proceso serán entregadas al gobierno federal, a los gobiernos estatales y municipales, como una hoja de ruta para impulsar programas probados de atención a las violencias y fortalecer los esfuerzos locales de pacificación en todo el país.
djh
