DÍA DE LA CANDELARIA

Cada año reparo a mil Niños Dios; todo tiene arreglo: Don Adolfo

Cada año en las calles de Talavera y Jesús María en el Centro Histórico se organiza la romería para la venta de ropones, canastas, cunas e incluso nichos para el Niño Dios; se trata de una tradición muy arraigada en la Merced

Créditos: Raúl Estrella / La Silla Rota
Créditos: Raúl Estrella / La Silla Rota
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Don Adolfo Vertiz trabaja a marchas forzadas en la reparación de los Niños Dios. Cada día, desde inicios de este mes le llegan a su puesto en Plaza Atarazán, en el Centro Histórico, esculturas del Niño Dios a los que se les rompió un piecito, se les descarapeló la carita o ya requieren una pasadita de pintura, porque por falta de humedad se deshidratan y se les revienta la piel, dice a La Silla Rota el artesano.

A todos los Niños Dios don Adolfo los trata igual sin importar su tamaño o su antigüedad, con respeto, atención y una experiencia que le permite trabajar cualquier material: yeso, resina y la cada vez más escasa madera. Don Adolfo trabaja acompañado de una mujer que lleva más de 20 años con él, que le ayuda a tratar a los clientes y a hacer una primera evaluación del daño.

Cada año, conforme se acerca el Día de la Candelaria, que se celebra el 2 de febrero, aumenta la llegada de los Niños Dios. Aunque nunca ha hecho un recuento de cuántos repara, calcula que deben ser unos mil por temporada.

Es de familia

Don Adolfo pertenece a una familia que se dedica a la reparación -lo hacen su papá y sus hermanos- y el también fabrica Niños Dios. Explica que su trabajo y su eficiencia están marcados por la destreza y habilidad para desarrollarlo.

Le llegan figuras sin cabeza, o en otros casos es la pura cabeza lo que sobrevivió a un accidente. Para todos tiene solución. Pero lo más común es que le lleguen despostillados de sus manos o pies y entonces hay que fabricárselos, pero también ayudarle a la piel, por eso es que con una pistola pinta algunos y para saber si es el tono adecuado no le importa hacer un trazo primero en su propia mano.

Raúl Estrella / La Silla Rota

-¿Qué le diría a la gente que cree que a veces los niños no tienen reparación?

-Les digo, casi la mayoría tiene, pero habría que ir adecuando cuando tienen su cabeza completa. Se les avisa que se puede hacer un cambio de cuerpo para que el niño siga funcionando o viviendo de alguna forma.

Para don Adolfo, aunque es más fácil comprar un Niño Dios, detrás de la gente que va a reparar a su niño hay un recuerdo o legado de algún familiar. Por eso es que le han llevado niños de hasta 120 años. Se excusa porque no puede mostrar uno, pero está colmado de trabajo.

“Esto es un maratón, se comienza en una fecha y se tiene que dar el término máximo el primero de febrero, quedar vacío”.

Romería por el Día de la Candelaria

Las calles de Talavera y Jesús María están llenas de locales y puestos que exhiben ropones y vestiditos, cunas, canastas y nichos para la celebración del Día de la Candelaria. En Talavera incluso hay dos esculturas sobre la calle de Niños Dios.

Este año los vestidos más solicitados por la gente son los de la Abundancia, los de la Sagrada Familia y los de Rey de Reyes, que en algunos puestos incluso ya no hay.

Raúl Estrella / La Silla Rota

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Una de las clientas de don Adolfo es Maura Ibañez, que salió temprano desde Ixtapaluca, Estado de México, para que le repararan el cuellito a su Niño Dios de 40 centímetros. Mientras espera que la reparación, ella aprovechará para comprar el ropón que le pondrá tanto a ese niño que pertenece a la capilla de su pueblo, como al de su casa.

“Aquí encuentro toda la ropita que necesito y de varios tamaños”.

Para este año, el de la capilla, del que junto con su esposo son padrinos, lo vestirá de San Nicolás y el de su casa de Santo Niño de Atocha.

Contexto

Mario Hernández, quien estudió Patrimonio Histórico y turismo de pueblos originarios en la Universidad del Bienestar Benito Juárez plantel Iztacalco, explica por qué en Talavera y Jesús María, una zona ya cercana a la Merced, se venera de esa manera a los Niños Dios.

Raúl Estrella / La Silla Rota

En la época de los mexicas, en las calles había temazcales donde se adoraba a Tlaloc y se vestían a los niños y se llevaban a adorar. Con la llegada de los conquistadores españoles se desarrollaron elementos de la festividad católica de la Candelaria como el de la purificación de la virgen y también la de llevar al niño al templo, entonces por eso se viste al Niño Dios y se le lleva a bendecirlo.

“Eso está arraigado en la merced y forma parte de su patrimonio”.

También el 2 de febrero se pagan los tamales de parte de quienes en la rosca tenían en su interior un Niño Dios.