El cuerpo de José Luis Castillo Preciado, “Phily” libra una batalla contra el avance del cáncer, pero no es la única, porque al mismo tiempo se enfrenta a la burocracia sanitaria traducida en desabasto de medicamento, las filas interminables, citas aplazadas y largos trámites. En México, resume, enfermarse de cáncer implica una lucha doble.
“Tener cáncer es pesado. Pero tener cáncer en México es peor: es un doble cáncer. El físico y el burocrático”, cuenta a La Silla Rota.
De acuerdo con datos oficiales, en el país se diagnostican más de 195 mil nuevos casos de cáncer cada año y aunque el gobierno federal presume una alta cifra de abasto de más de 96%, el colectivo Cero Desabasto registró en 2025 más de 400 reportes ciudadanos de faltantes de medicamentos e insumos en unidades del IMSS.
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En entrevista con La Silla Rota, Phily relata cómo su tratamiento en el Centro Médico Nacional Siglo XXI por un cáncer de mama que avanzó a colon y traquea se convirtió en una travesía de largas rutas de espera, negativas, carencias y gastos imposibles, mientras su cuerpo se debilita y su situación laboral colapsa.
Un diagnóstico tardío y un cuerpo en caída
En 2024, Phily comenzó con problemas gastrointestinales severos. Perdió peso de forma drástica y, tras consultar a una especialista, recibió un diagnóstico probable de enfermedad de Crohn.
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Pero los síntomas no cedieron. Se agravaron.
Fue internado en el Centro Médico Nacional Siglo XXI, donde una biopsia cambió todo. “Me habían hecho una biopsia de unos tumorcitos que pensaban que eran úlceras. Pero no. Eran tumores. Ahí estalla mi cáncer”, relata desde su casa.
Hasta ese momento, dice, el cáncer no estaba en su horizonte. El Crohn ya era suficientemente grave, pero el diagnóstico real fue peor.
Entre octubre y noviembre, con el diagnóstico confirmado, “Phily” acudió al área de oncología del Siglo XXI. Le dijeron que debía iniciar quimioterapias lo antes posible. Pero no había fechas.
Su primera quimioterapia llegó hasta principios de 2025. Y llegó incompleta.
Faltaban medicamentos básicos como cortisona y ondasetrón, indispensables para mitigar los efectos secundarios.
“Si corres con suerte, te toca un reposo hundido e incómodo. Si no, una silla de plástico. A mí me tocó la silla de plástico. Tenía que sostener mi brazo”, recuerda.
El fármaco utilizado fue doxorrubicina, un medicamento agresivo que actúa sobre el ADN. En su caso, el tratamiento coincidió con la metástasis en mama, hígado y cerebro.
“Vas a la farmacia de oncología, haces 45 minutos de fila y te dicen: ‘No hay el medicamento’. Y no estamos hablando de un paracetamol”, dice.
Estudios urgentes y recursos limitados
Con la quimioterapia llegaron también problemas cardíacos. Necesitaba un ecocardiograma y una angiografía. El trámite fue largo. El resultado, desolador.
“Sí había estudios, pero para agosto de 2026. Y estábamos en noviembre”, cuenta.
En oncología la respuesta fue similar. Una enfermera fue directa: “Las máquinas están descompuestas. No se van a reparar este año. Lo más probable es que para noviembre de 2027 ya haya agenda”.
Ante el desabasto en el Siglo XXI, “Phily” tuvo que comprar medicinas, pagar estudios y buscar atención privada. “Resurtir medicinas me cuesta 15 mil pesos. En mi cuenta tengo 2,700. Vendes todo: el celular, los videojuegos, la tele”.
El cateterismo coronario —urgente— tuvo que hacerlo en un hospital privado. El costo: 300 mil pesos, entre honorarios, materiales y estudios.
Para seguir adelante, abrió un fondo de apoyo en GoFundMe.
Cuando comenzó el proceso de diagnóstico, “Phily” trabajaba en una empresa de relaciones públicas y estaba asegurado ante el IMSS. Su salud, sin embargo, le impidió seguir laborando.
Recibió incapacidades de 21 días, con un pago aproximado del 60% de su salario. Aun así, recursos humanos lo hostigaba y lo amenazaba con despedirlo por abandono laboral.
“El IMSS me dijo: ‘Ya no puedo darte incapacidades. Llegaste al tope. Tramita tu pensión’”.
Mientras realizaba el trámite, la empresa lo dio de baja tres meses antes, sin previo aviso. Cuando acudió a un estudio en el Siglo XXI, simplemente ya no tenía vigencia.
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“Phily” inició una demanda contra la empresa. Al mismo tiempo, el IMSS le negó la pensión.
“Tuve que demandar al IMSS para que se volviera a tramitar. Metí la demanda en mayo. Me respondieron en diciembre. Yo ya no recibía nada de ningún lado”.
La de “Phily” no es un caso aislado. El IMSS enfrenta más de 300,000 juicios y litigios en trámite, y más de 250,000 de ellos son laborales, muchos vinculados a prestaciones, incapacidades, pensiones y demás derechos de asegurados y trabajadores.
Incluso un abogado del propio instituto fue contundente: “Me dijo que demandara porque no hay dinero. Que es algo común”.
Tras vivir este desgaste “Phily” señala que el sistema de salud que él ha utilizado está lejos de un proyecto sanitario como el de Dinamarca.
“No estamos como en Dinamarca. No estamos ni siquiera cerca de una atención de primer nivel. Ni de una atención humanitaria”, agrega.
VGB
